El bosque quedó
dormido
al cielo de otoño,
huele a verde, a verde
de luna,
y en la quietud blanca,
canta la guitarra
a orillas del río
rompiendo el silencio
de la madrugada.
De boca enrejada,
poéticas notas
de caricias y
de besos
canta la guitarra
a la luna llena;
Canta cual jilguero
que alegre le trina
al cielo
los suspiros que
de su boca escapan.
Canta la guitarra,
canta y canta riente
en la noche azul
y tibia
mientras tanto, en la otra
orilla,
en la dulce y quieta
ribera,
una mujer danza
con delicadeza
fundiéndose con
la noche.
Su grácil figura
de negro,
abrazada por la brisa,
habla entre destellos
de nacar
mientras canta la
guitarra;
Sensual contoneo
que en noche estrellada
su lozano cuerpo
parece alargarse
hasta el sempiterno.
Canta la guitarra
como canta el río,
marea de versos
vuelan entre aromas
de cabellos verdes
de la somnolienta
floresta,
suspiros profundos
brotan de su aljibe
de fresno
cuando vibran sus
seis cuerdas
bajo la apacible
ribera...
Mas la noche, se iba
muriendo
y aquella mujer
de sombra
y blanco divino,
llena de sutiles
fragancias,
de cabello largo
al aire,
dulce contoneo
y leídas curvas
con todo su encanto
oculto,
se borraba a los
fulgores del alba.
Ya no canta la
guitarra,
llora la guitarra,
llora, llora y llora
como llora el cielo,
sus notas de amor
y ensueño
se disipan entre
la nada...
y el sollozar de
seis penas
por su boca negra,
se hacen eco de
lágrimas de plata.
Luis