La mujer y la guitarra

Luis Prieto

Moderador Global
Miembro del equipo
Moderador Global
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El bosque quedó
dormido
al cielo de otoño,
huele a verde, a verde
de luna,
y en la quietud blanca,
canta la guitarra
a orillas del río
rompiendo el silencio
de la madrugada.

De boca enrejada,
poéticas notas
de caricias y
de besos
canta la guitarra
a la luna llena;
Canta cual jilguero
que alegre le trina
al cielo
los suspiros que
de su boca escapan.

Canta la guitarra,
canta y canta riente
en la noche azul
y tibia
mientras tanto, en la otra
orilla,
en la dulce y quieta
ribera,
una mujer danza
con delicadeza
fundiéndose con
la noche.

Su grácil figura
de negro,
abrazada por la brisa,
habla entre destellos
de nacar
mientras canta la
guitarra;
Sensual contoneo
que en noche estrellada
su lozano cuerpo
parece alargarse
hasta el sempiterno.

Canta la guitarra
como canta el río,
marea de versos
vuelan entre aromas
de cabellos verdes
de la somnolienta
floresta,
suspiros profundos
brotan de su aljibe
de fresno
cuando vibran sus
seis cuerdas
bajo la apacible
ribera...

Mas la noche, se iba
muriendo
y aquella mujer
de sombra
y blanco divino,
llena de sutiles
fragancias,
de cabello largo
al aire,
dulce contoneo
y leídas curvas
con todo su encanto
oculto,
se borraba a los
fulgores del alba.

Ya no canta la
guitarra,
llora la guitarra,
llora, llora y llora
como llora el cielo,
sus notas de amor
y ensueño
se disipan entre
la nada...
y el sollozar de
seis penas
por su boca negra,
se hacen eco de
lágrimas de plata.

Luis







 
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El bosque quedó
dormido
al cielo de otoño,
huele a verde, a verde
de luna,
y en la quietud blanca,
canta la guitarra
a orillas del río
rompiendo el silencio
de la madrugada.

De boca enrejada,
poéticas notas
de caricias y
de besos
canta la guitarra
a la luna llena;
Canta cual jilguero
que alegre le trina
al cielo
los suspiros que
de su boca escapan.

Canta la guitarra,
canta y canta riente
en la noche azul
y tibia
mientras tanto, en la otra
orilla,
en la dulce y quieta
ribera,
una mujer danza
con delicadeza
fundiéndose con
la noche.

Su grácil figura
de negro,
abrazada por la brisa,
habla entre destellos
de nacar
mientras canta la
guitarra;
Sensual contoneo
que en noche estrellada
su lozano cuerpo
parece alargarse
hasta el sempiterno.

Canta la guitarra
como canta el río,
marea de versos
vuelan entre aromas
de cabellos verdes
de la somnolienta
floresta,
suspiros profundos
brotan de su aljibe
de fresno
cuando vibran sus
seis cuerdas
bajo la apacible
ribera...

Mas la noche, se iba
muriendo
y aquella mujer
de sombra
y blanco divino,
llena de sutiles
fragancias,
de cabello largo
al aire,
dulce contoneo
y leídas curvas
con todo su encanto
oculto,
se borraba a los
fulgores del alba.

Ya no canta la
guitarra,
llora la guitarra,
llora, llora y llora
como llora el cielo,
sus notas de amor
y ensueño
se disipan entre
la nada...
y el sollozar de
seis penas
por su boca negra,
se hacen eco de
lágrimas de plata.

Luis








Una escena poética combinada en sensualidad y melancolía.
Buena inspiración, buenas imágenes amigo
Luis.
Mis saludos para ti.
 
Luis! Qué rico verte publicando en "Amor". Una melancólica y dulce guitarra que canta en la oscuridad mientras la fragante noche de tu alma se muere por pintarse de vida, esperanza y alegría en una danza con perfumes que embriagan y sensibilizan los sentidos como para dejarse atrapar.
Muy bello. Un gusto haberlo disfrutado, amigo mío. Un abracito tierno para iniciar la semana y mi deseo de que te sea muy bendecida;)
 
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El bosque quedó
dormido
al cielo de otoño,
huele a verde, a verde
de luna,
y en la quietud blanca,
canta la guitarra
a orillas del río
rompiendo el silencio
de la madrugada.

De boca enrejada,
poéticas notas
de caricias y
de besos
canta la guitarra
a la luna llena;
Canta cual jilguero
que alegre le trina
al cielo
los suspiros que
de su boca escapan.

Canta la guitarra,
canta y canta riente
en la noche azul
y tibia
mientras tanto, en la otra
orilla,
en la dulce y quieta
ribera,
una mujer danza
con delicadeza
fundiéndose con
la noche.

Su grácil figura
de negro,
abrazada por la brisa,
habla entre destellos
de nacar
mientras canta la
guitarra;
Sensual contoneo
que en noche estrellada
su lozano cuerpo
parece alargarse
hasta el sempiterno.

Canta la guitarra
como canta el río,
marea de versos
vuelan entre aromas
de cabellos verdes
de la somnolienta
floresta,
suspiros profundos
brotan de su aljibe
de fresno
cuando vibran sus
seis cuerdas
bajo la apacible
ribera...

Mas la noche, se iba
muriendo
y aquella mujer
de sombra
y blanco divino,
llena de sutiles
fragancias,
de cabello largo
al aire,
dulce contoneo
y leídas curvas
con todo su encanto
oculto,
se borraba a los
fulgores del alba.

Ya no canta la
guitarra,
llora la guitarra,
llora, llora y llora
como llora el cielo,
sus notas de amor
y ensueño
se disipan entre
la nada...
y el sollozar de
seis penas
por su boca negra,
se hacen eco de
lágrimas de plata.

Luis






Guitarra que en su ductilidad de formas modula esa conversacion
de instintos amables y amorosos. un lujo tus formas en un poema
de melodia ilimitada. felicidades.
magnifico. luzyabsenta
 
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El bosque quedó
dormido
al cielo de otoño,
huele a verde, a verde
de luna,
y en la quietud blanca,
canta la guitarra
a orillas del río
rompiendo el silencio
de la madrugada.

De boca enrejada,
poéticas notas
de caricias y
de besos
canta la guitarra
a la luna llena;
Canta cual jilguero
que alegre le trina
al cielo
los suspiros que
de su boca escapan.

Canta la guitarra,
canta y canta riente
en la noche azul
y tibia
mientras tanto, en la otra
orilla,
en la dulce y quieta
ribera,
una mujer danza
con delicadeza
fundiéndose con
la noche.

Su grácil figura
de negro,
abrazada por la brisa,
habla entre destellos
de nacar
mientras canta la
guitarra;
Sensual contoneo
que en noche estrellada
su lozano cuerpo
parece alargarse
hasta el sempiterno.

Canta la guitarra
como canta el río,
marea de versos
vuelan entre aromas
de cabellos verdes
de la somnolienta
floresta,
suspiros profundos
brotan de su aljibe
de fresno
cuando vibran sus
seis cuerdas
bajo la apacible
ribera...

Mas la noche, se iba
muriendo
y aquella mujer
de sombra
y blanco divino,
llena de sutiles
fragancias,
de cabello largo
al aire,
dulce contoneo
y leídas curvas
con todo su encanto
oculto,
se borraba a los
fulgores del alba.

Ya no canta la
guitarra,
llora la guitarra,
llora, llora y llora
como llora el cielo,
sus notas de amor
y ensueño
se disipan entre
la nada...
y el sollozar de
seis penas
por su boca negra,
se hacen eco de
lágrimas de plata.

Luis








Como para no llorar si ese bello cuerpo de mujer era su inspiración. Ay, la luna lunera que a los románticos nos hace ir de cabeza y ver espejismos entre la floresta.
Hablar de guitarra es hablar de profundos sentimientos, ya sean alegres o tristes, lo cierto es que sus vibraciones llegan al alma.
Un gusto acompañarte en tu generosa obra.
Alegre paz Luis.
Vidal
 
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El bosque quedó
dormido
al cielo de otoño,
huele a verde, a verde
de luna,
y en la quietud blanca,
canta la guitarra
a orillas del río
rompiendo el silencio
de la madrugada.

De boca enrejada,
poéticas notas
de caricias y
de besos
canta la guitarra
a la luna llena;
Canta cual jilguero
que alegre le trina
al cielo
los suspiros que
de su boca escapan.

Canta la guitarra,
canta y canta riente
en la noche azul
y tibia
mientras tanto, en la otra
orilla,
en la dulce y quieta
ribera,
una mujer danza
con delicadeza
fundiéndose con
la noche.

Su grácil figura
de negro,
abrazada por la brisa,
habla entre destellos
de nacar
mientras canta la
guitarra;
Sensual contoneo
que en noche estrellada
su lozano cuerpo
parece alargarse
hasta el sempiterno.

Canta la guitarra
como canta el río,
marea de versos
vuelan entre aromas
de cabellos verdes
de la somnolienta
floresta,
suspiros profundos
brotan de su aljibe
de fresno
cuando vibran sus
seis cuerdas
bajo la apacible
ribera...

Mas la noche, se iba
muriendo
y aquella mujer
de sombra
y blanco divino,
llena de sutiles
fragancias,
de cabello largo
al aire,
dulce contoneo
y leídas curvas
con todo su encanto
oculto,
se borraba a los
fulgores del alba.

Ya no canta la
guitarra,
llora la guitarra,
llora, llora y llora
como llora el cielo,
sus notas de amor
y ensueño
se disipan entre
la nada...
y el sollozar de
seis penas
por su boca negra,
se hacen eco de
lágrimas de plata.

Luis






Describes , entre velos que traslucen, un misterio sensible y sonoro, con el que llegas al final de la historia con el sabor de sus mieles.
Aplaudo tu acertado poema.

Un abrazo

Alfonso Espinosa
 
Luis! Qué rico verte publicando en "Amor". Una melancólica y dulce guitarra que canta en la oscuridad mientras la fragante noche de tu alma se muere por pintarse de vida, esperanza y alegría en una danza con perfumes que embriagan y sensibilizan los sentidos como para dejarse atrapar.
Muy bello. Un gusto haberlo disfrutado, amigo mío. Un abracito tierno para iniciar la semana y mi deseo de que te sea muy bendecida;)

Hola guapa!! Me alegra saludarte por estos lares como también me alegra que te gustara esta inspiración que me produjo una música en la que la guitarra era melodiosa.
Muchas gracias Rosa por tu siempre grata presencia.
Mis saludos y gran abrazo hasta tu tierra bella.
 
bien dicen que la guitarra es como la mujer, el que bien la toca la hará sonar bello, sino es así será chillona y solo hará doler los dedos.. jejej
saludos maestro Luis

Certeras palabras Anthony, hay que saber tocar la guitarra como saber acariciar que no sobar a la mujer.
Un abrazo Anthony
 
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El bosque quedó
dormido
al cielo de otoño,
huele a verde, a verde
de luna,
y en la quietud blanca,
canta la guitarra
a orillas del río
rompiendo el silencio
de la madrugada.

De boca enrejada,
poéticas notas
de caricias y
de besos
canta la guitarra
a la luna llena;
Canta cual jilguero
que alegre le trina
al cielo
los suspiros que
de su boca escapan.

Canta la guitarra,
canta y canta riente
en la noche azul
y tibia
mientras tanto, en la otra
orilla,
en la dulce y quieta
ribera,
una mujer danza
con delicadeza
fundiéndose con
la noche.

Su grácil figura
de negro,
abrazada por la brisa,
habla entre destellos
de nacar
mientras canta la
guitarra;
Sensual contoneo
que en noche estrellada
su lozano cuerpo
parece alargarse
hasta el sempiterno.

Canta la guitarra
como canta el río,
marea de versos
vuelan entre aromas
de cabellos verdes
de la somnolienta
floresta,
suspiros profundos
brotan de su aljibe
de fresno
cuando vibran sus
seis cuerdas
bajo la apacible
ribera...

Mas la noche, se iba
muriendo
y aquella mujer
de sombra
y blanco divino,
llena de sutiles
fragancias,
de cabello largo
al aire,
dulce contoneo
y leídas curvas
con todo su encanto
oculto,
se borraba a los
fulgores del alba.

Ya no canta la
guitarra,
llora la guitarra,
llora, llora y llora
como llora el cielo,
sus notas de amor
y ensueño
se disipan entre
la nada...
y el sollozar de
seis penas
por su boca negra,
se hacen eco de
lágrimas de plata.

Luis






Quie bello lirismo para un precioso poema, uno se imagina la escena en esa noche mágica y escucha los acordes de la guitarra mientras ella baila. Me ha encantadooo amigo Luis. Un abrazo. Paco.
 
Como para no llorar si ese bello cuerpo de mujer era su inspiración. Ay, la luna lunera que a los románticos nos hace ir de cabeza y ver espejismos entre la floresta.
Hablar de guitarra es hablar de profundos sentimientos, ya sean alegres o tristes, lo cierto es que sus vibraciones llegan al alma.
Un gusto acompañarte en tu generosa obra.
Alegre paz Luis.
Vidal

Santa razón tienes amigo mío, santa. Es lo que me produjo escuchar las notas de la guitarra, eran alegres, melodiosa con un toque de sensualidad exquisita...de ahí la imaginación.
Muchas gracias Vidal por tu siempre gran presencia.
Fuerte abrazo con mis mejores saludos.
 
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El bosque quedó
dormido
al cielo de otoño,
huele a verde, a verde
de luna,
y en la quietud blanca,
canta la guitarra
a orillas del río
rompiendo el silencio
de la madrugada.

De boca enrejada,
poéticas notas
de caricias y
de besos
canta la guitarra
a la luna llena;
Canta cual jilguero
que alegre le trina
al cielo
los suspiros que
de su boca escapan.

Canta la guitarra,
canta y canta riente
en la noche azul
y tibia
mientras tanto, en la otra
orilla,
en la dulce y quieta
ribera,
una mujer danza
con delicadeza
fundiéndose con
la noche.

Su grácil figura
de negro,
abrazada por la brisa,
habla entre destellos
de nacar
mientras canta la
guitarra;
Sensual contoneo
que en noche estrellada
su lozano cuerpo
parece alargarse
hasta el sempiterno.

Canta la guitarra
como canta el río,
marea de versos
vuelan entre aromas
de cabellos verdes
de la somnolienta
floresta,
suspiros profundos
brotan de su aljibe
de fresno
cuando vibran sus
seis cuerdas
bajo la apacible
ribera...

Mas la noche, se iba
muriendo
y aquella mujer
de sombra
y blanco divino,
llena de sutiles
fragancias,
de cabello largo
al aire,
dulce contoneo
y leídas curvas
con todo su encanto
oculto,
se borraba a los
fulgores del alba.

Ya no canta la
guitarra,
llora la guitarra,
llora, llora y llora
como llora el cielo,
sus notas de amor
y ensueño
se disipan entre
la nada...
y el sollozar de
seis penas
por su boca negra,
se hacen eco de
lágrimas de plata.

Luis






Respondo a este bello poema donde tu pluma parece afinar las cuerdas de esa guitarra con la dulzura de estos versos tuyos.
Siempre un auténtico placer leer de la inspiración que sale de tu maestría, querido Luis.
Con mi abrazo.
 
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huele a verde, a verde
de luna,
y en la quietud blanca,
canta la guitarra
a orillas del río
rompiendo el silencio
de la madrugada.

De boca enrejada,
poéticas notas
de caricias y
de besos
canta la guitarra
a la luna llena;
Canta cual jilguero
que alegre le trina
al cielo
los suspiros que
de su boca escapan.

Canta la guitarra,
canta y canta riente
en la noche azul
y tibia
mientras tanto, en la otra
orilla,
en la dulce y quieta
ribera,
una mujer danza
con delicadeza
fundiéndose con
la noche.

Su grácil figura
de negro,
abrazada por la brisa,
habla entre destellos
de nacar
mientras canta la
guitarra;
Sensual contoneo
que en noche estrellada
su lozano cuerpo
parece alargarse
hasta el sempiterno.

Canta la guitarra
como canta el río,
marea de versos
vuelan entre aromas
de cabellos verdes
de la somnolienta
floresta,
suspiros profundos
brotan de su aljibe
de fresno
cuando vibran sus
seis cuerdas
bajo la apacible
ribera...

Mas la noche, se iba
muriendo
y aquella mujer
de sombra
y blanco divino,
llena de sutiles
fragancias,
de cabello largo
al aire,
dulce contoneo
y leídas curvas
con todo su encanto
oculto,
se borraba a los
fulgores del alba.

Ya no canta la
guitarra,
llora la guitarra,
llora, llora y llora
como llora el cielo,
sus notas de amor
y ensueño
se disipan entre
la nada...
y el sollozar de
seis penas
por su boca negra,
se hacen eco de
lágrimas de plata.

Luis






Muy bonito tu poema con bellas pinceladas poéticas y armoniosa musicalidad. Me ha encantado leerte. Un fuerte abrazo amigo.
 
Quie bello lirismo para un precioso poema, uno se imagina la escena en esa noche mágica y escucha los acordes de la guitarra mientras ella baila. Me ha encantadooo amigo Luis. Un abrazo. Paco.

Muchas gracias Paco por acercarte a estas letras que me provocó los acordes de una guitarra.
Gran abrazo estimado Paco.
 
Respondo a este bello poema donde tu pluma parece afinar las cuerdas de esa guitarra con la dulzura de estos versos tuyos.
Siempre un auténtico placer leer de la inspiración que sale de tu maestría, querido Luis.
Con mi abrazo.

Muchas gracias preciado Salva por acercarte con tus gratas y halagadoras palabras hacia estas letras que me provocó los acordes de una guitarra.
Fuerte y fraternal abrazo amigo mío.
 
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El bosque quedó
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al cielo de otoño,
huele a verde, a verde
de luna,
y en la quietud blanca,
canta la guitarra
a orillas del río
rompiendo el silencio
de la madrugada.

De boca enrejada,
poéticas notas
de caricias y
de besos
canta la guitarra
a la luna llena;
Canta cual jilguero
que alegre le trina
al cielo
los suspiros que
de su boca escapan.

Canta la guitarra,
canta y canta riente
en la noche azul
y tibia
mientras tanto, en la otra
orilla,
en la dulce y quieta
ribera,
una mujer danza
con delicadeza
fundiéndose con
la noche.

Su grácil figura
de negro,
abrazada por la brisa,
habla entre destellos
de nacar
mientras canta la
guitarra;
Sensual contoneo
que en noche estrellada
su lozano cuerpo
parece alargarse
hasta el sempiterno.

Canta la guitarra
como canta el río,
marea de versos
vuelan entre aromas
de cabellos verdes
de la somnolienta
floresta,
suspiros profundos
brotan de su aljibe
de fresno
cuando vibran sus
seis cuerdas
bajo la apacible
ribera...

Mas la noche, se iba
muriendo
y aquella mujer
de sombra
y blanco divino,
llena de sutiles
fragancias,
de cabello largo
al aire,
dulce contoneo
y leídas curvas
con todo su encanto
oculto,
se borraba a los
fulgores del alba.

Ya no canta la
guitarra,
llora la guitarra,
llora, llora y llora
como llora el cielo,
sus notas de amor
y ensueño
se disipan entre
la nada...
y el sollozar de
seis penas
por su boca negra,
se hacen eco de
lágrimas de plata.

Luis






Cuanta poesía y sensibles versos pueden inspirar una guitarra, como su notas pueden hacernos sentir la tersa piel de una mujer como su sonido evoca besos, como nos podemos reponer.

Magistrales letras, un abrazo LUIS; APLAUSOS.
 
Colmada de emoción la escena de tus versos querido amigo... siempre bella sensibilidad...
Un gusto leerte...te abrazo con todo mi cariño...
Nancy

Muchas gracias mi querida y preciada amiga por acercarte a estas inspiradoras letras que me provocó los acordes de una guitarra.
Mis saludos cordiales siempre y cálido abrazo Nancy.
 
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El bosque quedó
dormido
al cielo de otoño,
huele a verde, a verde
de luna,
y en la quietud blanca,
canta la guitarra
a orillas del río
rompiendo el silencio
de la madrugada.

De boca enrejada,
poéticas notas
de caricias y
de besos
canta la guitarra
a la luna llena;
Canta cual jilguero
que alegre le trina
al cielo
los suspiros que
de su boca escapan.

Canta la guitarra,
canta y canta riente
en la noche azul
y tibia
mientras tanto, en la otra
orilla,
en la dulce y quieta
ribera,
una mujer danza
con delicadeza
fundiéndose con
la noche.

Su grácil figura
de negro,
abrazada por la brisa,
habla entre destellos
de nacar
mientras canta la
guitarra;
Sensual contoneo
que en noche estrellada
su lozano cuerpo
parece alargarse
hasta el sempiterno.

Canta la guitarra
como canta el río,
marea de versos
vuelan entre aromas
de cabellos verdes
de la somnolienta
floresta,
suspiros profundos
brotan de su aljibe
de fresno
cuando vibran sus
seis cuerdas
bajo la apacible
ribera...

Mas la noche, se iba
muriendo
y aquella mujer
de sombra
y blanco divino,
llena de sutiles
fragancias,
de cabello largo
al aire,
dulce contoneo
y leídas curvas
con todo su encanto
oculto,
se borraba a los
fulgores del alba.

Ya no canta la
guitarra,
llora la guitarra,
llora, llora y llora
como llora el cielo,
sus notas de amor
y ensueño
se disipan entre
la nada...
y el sollozar de
seis penas
por su boca negra,
se hacen eco de
lágrimas de plata.

Luis






Ayyy Luís, la guitarra, su alma blanca se alza hacia el cielo con lágrimas blancas que en el corazón hacen eco, ayyy dichosa la mujer que se deja mirar a través de su música de seda y su boca de negro terciopelo. Pero qué bien escribes querido amigo, es puro gozo el leerte siempre. Besazos mi Escudero y amigo, llenos de mucho cariño y de mucha admiración....muáááácksss...
 
Se percibe en todas las imágenes, que la guitarra tiene sus expresiones de sentimiento, profundidad y canto, que producen
el acto creador con una musa elevada. Un gran saludo cordial y te invito a leer mi reciente glosa:
http://www.mundopoesia.com/foros/temas/el-mar-es-amar.607638/

Siempre es un placer disfrutar de tus letras Benigno.
Muchas gracias por acercarte a estas inspiradoras letras que me provocó los acordes de una guitarra.
Mis saludos cordiales y un abrazo
 
Cuanta poesía y sensibles versos pueden inspirar una guitarra, como su notas pueden hacernos sentir la tersa piel de una mujer como su sonido evoca besos, como nos podemos reponer.

Magistrales letras, un abrazo LUIS; APLAUSOS.

La guitarra es inspiradora por antonomasia y si encima la imaginación lo acompaña pues ayuda a sacar las letras.
Muchas gracias amigo mío por acercarte a esta inspiración.
Un fuerte abrazo malco.
 

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