lesmo
Poeta veterano en el portal
Te saludo, ¡oh culmen del misterio!
que sufres la inclemencia valeroso
y regalas tu sombra generoso
a las puertas del viejo monasterio.
De tanta austeridad y porte serio
has crecido ni vano ni envidioso
del ciprés, el hermano sigiloso,
como huyendo del santo cautiverio.
Vuestras copas, salvando los tejados,
se contemplan lejanas ya de un suelo
que os mantiene a lo inmóvil sentenciados.
Mas los hombres miraron hasta el cielo
al ver en esa altura reflejados
su camino, su paz y su consuelo.
Nota: En el Monasterio de San Sebastián de Silos, en la localidad burgalesa de Santo Domingo de Silos en España, se encuentra un ciprés centenario de grandes dimensiones que fue inspiración para el famoso y magistral soneto de nuestro autor universal Gerardo Diego titulado “El ciprés de Silos”. Sin embargo, no es este el único árbol majestuoso del lugar. En la entrada del citado recinto crece una gran secuoya de enormes proporciones y de gran belleza que tal vez se vea eclipsada por la fama que al ciprés –cautivo en el claustro- le proporcionó ese bellísimo soneto escrito en nuestra lengua.
que sufres la inclemencia valeroso
y regalas tu sombra generoso
a las puertas del viejo monasterio.
De tanta austeridad y porte serio
has crecido ni vano ni envidioso
del ciprés, el hermano sigiloso,
como huyendo del santo cautiverio.
Vuestras copas, salvando los tejados,
se contemplan lejanas ya de un suelo
que os mantiene a lo inmóvil sentenciados.
Mas los hombres miraron hasta el cielo
al ver en esa altura reflejados
su camino, su paz y su consuelo.
Nota: En el Monasterio de San Sebastián de Silos, en la localidad burgalesa de Santo Domingo de Silos en España, se encuentra un ciprés centenario de grandes dimensiones que fue inspiración para el famoso y magistral soneto de nuestro autor universal Gerardo Diego titulado “El ciprés de Silos”. Sin embargo, no es este el único árbol majestuoso del lugar. En la entrada del citado recinto crece una gran secuoya de enormes proporciones y de gran belleza que tal vez se vea eclipsada por la fama que al ciprés –cautivo en el claustro- le proporcionó ese bellísimo soneto escrito en nuestra lengua.
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