Musa

πxel

Enzo Molinari - πxel - Costa Rica
Si las musas aladas existieran
y yo, fuera una especie de elfo
en pubertad recientemente adquirida,
élitro, sutil, liviano odonato
y musculoso león famélico;

no dudaría ni media oportunidad
para volar a los millones de encuentros
que esperan puerta adentro tus edenes eternos,
junto a los retoños de tu espalda
y de temprana primavera.

Pero yo, sólo soy yo.

Un hombre cualquiera.
Me atengo a ello.

Tengo alas, sí.
Son mi dogma y sólo yo las creo,
cuando abarco y atestiguo con mis brazos,
todas las fronteras posibles e imposibles
de mi musa... y aún así, me quedo corto.

No le llego.

Entonces, recurro al vuelo.
Y de mi espalda emergen sus alas.
Volamos juntos, te aseguro que sí,
entre las letras y el humo,
entre la espuma y el cielo.

Y aunque yo vuelo con ella,
algunas veces deseo evitarlo.
Porque caerse da miedo.

Porque según sentencia un alienista ingrato,
debo de estar delirando hipertemias,
cuando me pierdo entre mis poros,
los inusitados rincones...
y tus desvelos.

Creo que yo, mejor,
voy a discurrir un poco mejor
los casos y las cosas:

Las musas aladas, en efecto existen.
Porque yo te miro y yo te siento.
Y yo te extraño, y yo te llamo,
—y si, no vienes—
yo, me muero.

Y hoy,
continúas volando entre mi hipnosis cuando me tocas desde lejos,
y yo te añoro, y yo te amo...
—y sé muy bien que—
yo, te quiero.

Musa.

Musa.jpg
 
De la musa, la música. O el museo. Algunas obras se venden bien. Y otras, no tanto. Porque aún, no les ha llegado el momento. Vincent van Gogh apenas rozó el éxito, en la vida. Conquistó algunas parcelas de su mente, a fuerza de resquebrajarse. Luego, llegaría Sigmund Freud, para establecer una nueva ciencia, del psicoanálisis. Desde entonces, eso se ha puesto de moda, porque vienen tiempos de musas. Tiempos de composición.
 
Escribir asi al amor, a la musa y dejarse llevar
en sus extendidas alas, aunque la demencia
proclame dudas.
el poema es exquisito, diria mas bien incandeste
por ese aporte de sensaciones que dejan quimeras
y la vez fluidos enamrados y bellamente cautivos.
saludos siempre de luzyabsenta.
disfrute al maximo
Pues placer y mucha alegría me abarca como siempre, maestro, que haya sido de su agrado y que haya dejado su magna huella entre mis humildes letras.
Reciba por favor todo mi respeto y un fuerte abrazo desde mi humilde rincón.
 
De la musa, la música. O el museo. Algunas obras se venden bien. Y otras, no tanto. Porque aún, no les ha llegado el momento. Vincent van Gogh apenas rozó el éxito, en la vida. Conquistó algunas parcelas de su mente, a fuerza de resquebrajarse. Luego, llegaría Sigmund Freud, para establecer una nueva ciencia, del psicoanálisis. Desde entonces, eso se ha puesto de moda, porque vienen tiempos de musas. Tiempos de composición.
Muchísimas gracias estimado poeta Nommo, por pasar a leer y dejar tan filosófica huella...
Recibe un fuerte abrazo mi estimado, desde el otro lado del Atlántico!
 
Que grato es encontrar sutiles atisbos de magia en la poesía, además de imágenes que traducen una profunda hermosura.
Excelente.
Saludos :)
 
Que grato es encontrar sutiles atisbos de magia en la poesía, además de imágenes que traducen una profunda hermosura.
Excelente.
Saludos :)
Y que agradable es encontrar, que para la estimada poetisa Cecy B, mis letras han arrancado tan estimable comentario...
Recibe un fuerte abrazo y mucho cariño, desde hemisferio norte hasta la bella Argentina...
 
Si las musas aladas existieran
y yo, fuera una especie de elfo
en pubertad recientemente adquirida,
élitro, sutil, liviano odonato
y musculoso león famélico;

no dudaría ni media oportunidad
para volar a los millones de encuentros
que esperan puerta adentro tus edenes eternos,
junto a los retoños de tu espalda
y de temprana primavera.

Pero yo, sólo soy yo.

Un hombre cualquiera.
Me atengo a ello.

Tengo alas, sí.
Son mi dogma y sólo yo las creo,
cuando abarco y atestiguo con mis brazos,
todas las fronteras posibles e imposibles
de mi musa... y aún así, me quedo corto.

No le llego.

Entonces, recurro al vuelo.
Y de mi espalda emergen sus alas.
Volamos juntos, te aseguro que sí,
entre las letras y el humo,
entre la espuma y el cielo.

Y aunque yo vuelo con ella,
algunas veces deseo evitarlo.
Porque caerse da miedo.

Porque según sentencia un alienista ingrato,
debo de estar delirando hipertemias,
cuando me pierdo entre mis poros,
los inusitados rincones...
y tus desvelos.

Creo que yo, mejor,
voy a discurrir un poco mejor
los casos y las cosas:

Las musas aladas, en efecto existen.
Porque yo te miro y yo te siento.
Y yo te extraño, y yo te llamo,
—y si, no vienes—
yo, me muero.

Y hoy,
continúas volando entre mi hipnosis cuando me tocas desde lejos,
y yo te añoro, y yo te amo...
—y sé muy bien que—
yo, te quiero.

Musa.

Musa.jpg
Muy bello poema, si, las musas aladas existen, yo las he visto y tú escribes un poema pleno de sensibilidad, ingenio e imaginación desbordante. Me ha gustado mucho amigo poeta. Un abrazo. Paco.
 
Última edición:
Muy bello poema, si, las musas aladas existen, yo las he visto y tú escribes un poema pleno de sensibilidad, ingenio e imaginación desbordante. Me ha gustado mucho amigo poeta. Un abrazo. Paco.
Muchísimas gracias amigo poeta, por pasar a leer y dejar tu estimable huella entre mis letras...
Recibe fuerte abrazo desde el otro lado del Atántico, Paco.
 
Pues placer y mucha alegría me abarca como siempre, maestro, que haya sido de su agrado y que haya dejado su magna huella entre mis humildes letras.
Reciba por favor todo mi respeto y un fuerte abrazo desde mi humilde rincón.
Gracias a tus obras y a esa respuesta amable a mi comentario.
seguire visitando tus poemas, realmente es un gozo. saludos
luzyabsenta
 
Si las musas aladas existieran
y yo, fuera una especie de elfo
en pubertad recientemente adquirida,
élitro, sutil, liviano odonato
y musculoso león famélico;

no dudaría ni media oportunidad
para volar a los millones de encuentros
que esperan puerta adentro tus edenes eternos,
junto a los retoños de tu espalda
y de temprana primavera.

Pero yo, sólo soy yo.

Un hombre cualquiera.
Me atengo a ello.

Tengo alas, sí.
Son mi dogma y sólo yo las creo,
cuando abarco y atestiguo con mis brazos,
todas las fronteras posibles e imposibles
de mi musa... y aún así, me quedo corto.

No le llego.

Entonces, recurro al vuelo.
Y de mi espalda emergen sus alas.
Volamos juntos, te aseguro que sí,
entre las letras y el humo,
entre la espuma y el cielo.

Y aunque yo vuelo con ella,
algunas veces deseo evitarlo.
Porque caerse da miedo.

Porque según sentencia un alienista ingrato,
debo de estar delirando hipertemias,
cuando me pierdo entre mis poros,
los inusitados rincones...
y tus desvelos.

Creo que yo, mejor,
voy a discurrir un poco mejor
los casos y las cosas:

Las musas aladas, en efecto existen.
Porque yo te miro y yo te siento.
Y yo te extraño, y yo te llamo,
—y si, no vienes—
yo, me muero.

Y hoy,
continúas volando entre mi hipnosis cuando me tocas desde lejos,
y yo te añoro, y yo te amo...
—y sé muy bien que—
yo, te quiero.

Musa.

Musa.jpg
Musa con el vuelo de tus alas porque no se puede evitar la unión de tu inspiración con las letras que dejan un todo escrito, muy bello lo aquí plasmado πxel, recibe un abrazo de los míos.
 
Musa con el vuelo de tus alas porque no se puede evitar la unión de tu inspiración con las letras que dejan un todo escrito, muy bello lo aquí plasmado πxel, recibe un abrazo de los míos.
Muchísimas gracias querida poetisa por pasar a leer y dejar huella con tan precioso comentario entre mis letras.
Recibe doble abrazo, doble cariño, respeto y admiración.
Enzo
 
Si las musas aladas existieran
y yo, fuera una especie de elfo
en pubertad recientemente adquirida,
élitro, sutil, liviano odonato
y musculoso león famélico;

no dudaría ni media oportunidad
para volar a los millones de encuentros
que esperan puerta adentro tus edenes eternos,
junto a los retoños de tu espalda
y de temprana primavera.

Pero yo, sólo soy yo.

Un hombre cualquiera.
Me atengo a ello.

Tengo alas, sí.
Son mi dogma y sólo yo las creo,
cuando abarco y atestiguo con mis brazos,
todas las fronteras posibles e imposibles
de mi musa... y aún así, me quedo corto.

No le llego.

Entonces, recurro al vuelo.
Y de mi espalda emergen sus alas.
Volamos juntos, te aseguro que sí,
entre las letras y el humo,
entre la espuma y el cielo.

Y aunque yo vuelo con ella,
algunas veces deseo evitarlo.
Porque caerse da miedo.

Porque según sentencia un alienista ingrato,
debo de estar delirando hipertemias,
cuando me pierdo entre mis poros,
los inusitados rincones...
y tus desvelos.

Creo que yo, mejor,
voy a discurrir un poco mejor
los casos y las cosas:

Las musas aladas, en efecto existen.
Porque yo te miro y yo te siento.
Y yo te extraño, y yo te llamo,
—y si, no vienes—
yo, me muero.

Y hoy,
continúas volando entre mi hipnosis cuando me tocas desde lejos,
y yo te añoro, y yo te amo...
—y sé muy bien que—
yo, te quiero.

Musa.

Musa.jpg
Escribir asi al amor, a la musa y dejarse llevar
en sus extendidas alas, aunque la demencia
proclame dudas.
el poema es exquisito, diria mas bien incandeste
por ese aporte de sensaciones que dejan quimeras
y la vez fluidos enamrados y bellamente cautivos.
saludos siempre de luzyabsenta.
disfrute al maximo
 

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