πxel
Enzo Molinari - πxel - Costa Rica
Si las musas aladas existieran
y yo, fuera una especie de elfo
en pubertad recientemente adquirida,
élitro, sutil, liviano odonato
y musculoso león famélico;
no dudaría ni media oportunidad
para volar a los millones de encuentros
que esperan puerta adentro tus edenes eternos,
junto a los retoños de tu espalda
y de temprana primavera.
Pero yo, sólo soy yo.
Un hombre cualquiera.
Me atengo a ello.
Tengo alas, sí.
Son mi dogma y sólo yo las creo,
cuando abarco y atestiguo con mis brazos,
todas las fronteras posibles e imposibles
de mi musa... y aún así, me quedo corto.
No le llego.
Entonces, recurro al vuelo.
Y de mi espalda emergen sus alas.
Volamos juntos, te aseguro que sí,
entre las letras y el humo,
entre la espuma y el cielo.
Y aunque yo vuelo con ella,
algunas veces deseo evitarlo.
Porque caerse da miedo.
Porque según sentencia un alienista ingrato,
debo de estar delirando hipertemias,
cuando me pierdo entre mis poros,
los inusitados rincones...
y tus desvelos.
Creo que yo, mejor,
voy a discurrir un poco mejor
los casos y las cosas:
Las musas aladas, en efecto existen.
Porque yo te miro y yo te siento.
Y yo te extraño, y yo te llamo,
—y si, no vienes—
yo, me muero.
Y hoy,
continúas volando entre mi hipnosis cuando me tocas desde lejos,
y yo te añoro, y yo te amo...
—y sé muy bien que—
yo, te quiero.
Musa.
y yo, fuera una especie de elfo
en pubertad recientemente adquirida,
élitro, sutil, liviano odonato
y musculoso león famélico;
no dudaría ni media oportunidad
para volar a los millones de encuentros
que esperan puerta adentro tus edenes eternos,
junto a los retoños de tu espalda
y de temprana primavera.
Pero yo, sólo soy yo.
Un hombre cualquiera.
Me atengo a ello.
Tengo alas, sí.
Son mi dogma y sólo yo las creo,
cuando abarco y atestiguo con mis brazos,
todas las fronteras posibles e imposibles
de mi musa... y aún así, me quedo corto.
No le llego.
Entonces, recurro al vuelo.
Y de mi espalda emergen sus alas.
Volamos juntos, te aseguro que sí,
entre las letras y el humo,
entre la espuma y el cielo.
Y aunque yo vuelo con ella,
algunas veces deseo evitarlo.
Porque caerse da miedo.
Porque según sentencia un alienista ingrato,
debo de estar delirando hipertemias,
cuando me pierdo entre mis poros,
los inusitados rincones...
y tus desvelos.
Creo que yo, mejor,
voy a discurrir un poco mejor
los casos y las cosas:
Las musas aladas, en efecto existen.
Porque yo te miro y yo te siento.
Y yo te extraño, y yo te llamo,
—y si, no vienes—
yo, me muero.
Y hoy,
continúas volando entre mi hipnosis cuando me tocas desde lejos,
y yo te añoro, y yo te amo...
—y sé muy bien que—
yo, te quiero.
Musa.