Eras acaso esqueleto o semilla de un fruto
innombrable. Me llegan las canciones mudas
y el viento inexacto de una gárgola. Tú
me alimentas, tú el equinoccio sin rosas,
el ambiguo sol de pantanos y noche. Yo
era joven como un músculo rojo, yo columpié
mis metáforas entre la doctrina y los mensajes
ciegos. Más allá de la luz, en la vigilia del cristal
tu rostro es una pregunta que acecha y exhibe
sus diademas de cansancio y ardid. A ti
te gustaban los films sin regreso, el disparo
que puebla las cortinas de vidas sin aurora.
Y tu pelo como un río o un azar(me decías
que los ángeles con sus blandos dedos te elegían
como animal o furia). Admiro tu cuerpo que
abandona su tránsito de cisne, admiro también
los maquillajes de tus horas cuando increíbles
refugios te amparan y no cedes nunca tu llave.
¿Veinte años, tal vez? Me gusta cómo amaneces
en plazas, cómo das vida a un ruiseñor de cemento.
Hay alambradas sin horario que refulgen e imitan
al sol. Lugares sin tránsito como si la lengua
no conociera el baile inmortal de los enigmas.
Han pasado años como carátulas de una piel
sin huella. He amado en ti la luz de no sé qué
vientre, de no sé qué signo, de no sé qué futuro.
Y aún así alumbras. Pero ¿a quién?
innombrable. Me llegan las canciones mudas
y el viento inexacto de una gárgola. Tú
me alimentas, tú el equinoccio sin rosas,
el ambiguo sol de pantanos y noche. Yo
era joven como un músculo rojo, yo columpié
mis metáforas entre la doctrina y los mensajes
ciegos. Más allá de la luz, en la vigilia del cristal
tu rostro es una pregunta que acecha y exhibe
sus diademas de cansancio y ardid. A ti
te gustaban los films sin regreso, el disparo
que puebla las cortinas de vidas sin aurora.
Y tu pelo como un río o un azar(me decías
que los ángeles con sus blandos dedos te elegían
como animal o furia). Admiro tu cuerpo que
abandona su tránsito de cisne, admiro también
los maquillajes de tus horas cuando increíbles
refugios te amparan y no cedes nunca tu llave.
¿Veinte años, tal vez? Me gusta cómo amaneces
en plazas, cómo das vida a un ruiseñor de cemento.
Hay alambradas sin horario que refulgen e imitan
al sol. Lugares sin tránsito como si la lengua
no conociera el baile inmortal de los enigmas.
Han pasado años como carátulas de una piel
sin huella. He amado en ti la luz de no sé qué
vientre, de no sé qué signo, de no sé qué futuro.
Y aún así alumbras. Pero ¿a quién?