sabezC
.
Simplemente estabas triste,
tan solo vulnerable;
eras solo un chico perdido:
un corazón roto que latía débilmente,
unos ojos llorosos,
un alma ausente.
Caíste por completo
y yo, con profundo respeto te di la mano:
te acompañe en tu silencio,
llore contigo en tu tormento.
No entiendo que pasó.
Me hice adicto a tu voz:
a la dulce melodía de una larga conversación;
a esa tierna mirada que rompería todo complot,
a esa honesta necesidad de superación.
No sé qué pasó,
pero pasó.
Encendiste fuego en mi interior,
se nubló mi razón;
esos finos labios tuyos:
se volvieron mi locura y perdición.
No sé qué pasó,
pero agradezco que pasó
pues aprendí a cosechar alegría
en medio del dolor.
Última edición: