Sigilo

esthergranados

Poeta adicto al portal
Salen sigilosamente de las habitaciones de sus hijos. Antes de acostarse, pasan por las alcobas donde los cuerpos agotados de los pequeños descansan. Durante el día los niños juegan y corren por el jardín, despreocupados. Al anochecer los padres se encargan de llevarles a sus dormitorios y de que el descanso sea perfecto. Nunca hablan de los pequeños en presente. Solo de vez en cuando, se permiten recordar alguna anécdota del pasado con los vecinos, pero se cuidan mucho de levantar sospechas con sus palabras, para que no los tomen por locos o les compadezcan.
Ahora la casa es fría y parece mucho más grande. Por eso casi nunca duermen. Entran y salen sigilosamente de las habitaciones de sus hijos, los acarician y se inclinan sobre sus cabezas aspirando su fragancia, que ha vuelto a ser infantil. Con los años, el olor a quemado que desprendían acabó desapareciendo.
 
Ou! Ya casi me asusto del final. Pero que bien Esther, el toque tuyo a las lineas del relato, siempre. Genial.

Espero tengas un lindo final de domingo, y mejor semana venidera.
 
¡Redios, Alonso! Mi ego ha salido disparado con tu comentario, ya casi no lo veo, desaparece en el infinito y más allá jajaja
Muchas gracias, compañero, pensar que has leido mi relato y que encima te ha gustado, me enorgullece, viniendo de uno de los grandes, es un verdadero honor. Un abrazo y feliz día
 
¡Redios, Alonso! Mi ego ha salido disparado con tu comentario, ya casi no lo veo, desaparece en el infinito y más allá jajaja
Muchas gracias, compañero, pensar que has leido mi relato y que encima te ha gustado, me enorgullece, viniendo de uno de los grandes, es un verdadero honor. Un abrazo y feliz día
Ja, ja, ja… Tu ego lo tengo aquí; lo he cogido al vuelo y lo he sentado en mi avatar junto a mí y los míos. Te veo en plena ruta mirando el horizonte en el tuyo. Si quieres recuperarlo tendrás que volver a ponerte en marcha y venir a por él… y no diría yo que no tuvieras que pagar un rescate, je je je.
Me gusta tu nuevo avatar; ya quería decírtelo antes.
Feliz lunes y a seguir escribiendo como lo haces por beneficio de todos.
Un abrazo de este pequeñín de mediana estatura.
 
Jajaja me quedo más tranquila, si has estado agil y lo has podicmdo coger, contigo está a buen recaudo, en muy buena compañia..., ¿donde mejor?
 
¡¡¡Fantástico este micro Esther!!! , a mi como a Vicent también me ha recordado a Amenábar, presentía la ausencia como algo cotidiano pero que en realidad los niños no se han marchado para los protagonistas.Siempre que leo tus micros lo hago en vilo: APLAUSOS
Feliz jueves y abrazos
 
Salen sigilosamente de las habitaciones de sus hijos. Antes de acostarse, pasan por las alcobas donde los cuerpos agotados de los pequeños descansan. Durante el día los niños juegan y corren por el jardín, despreocupados. Al anochecer los padres se encargan de llevarles a sus dormitorios y de que el descanso sea perfecto. Nunca hablan de los pequeños en presente. Solo de vez en cuando, se permiten recordar alguna anécdota del pasado con los vecinos, pero se cuidan mucho de levantar sospechas con sus palabras, para que no los tomen por locos o les compadezcan.
Ahora la casa es fría y parece mucho más grande. Por eso casi nunca duermen. Entran y salen sigilosamente de las habitaciones de sus hijos, los acarician y se inclinan sobre sus cabezas aspirando su fragancia, que ha vuelto a ser infantil. Con los años, el olor a quemado que desprendían acabó desapareciendo.

Impactante relato. En el final, inesperado, la ternura predomina sobre la tragedia.

Feliz verano.
 
Salen sigilosamente de las habitaciones de sus hijos. Antes de acostarse, pasan por las alcobas donde los cuerpos agotados de los pequeños descansan. Durante el día los niños juegan y corren por el jardín, despreocupados. Al anochecer los padres se encargan de llevarles a sus dormitorios y de que el descanso sea perfecto. Nunca hablan de los pequeños en presente. Solo de vez en cuando, se permiten recordar alguna anécdota del pasado con los vecinos, pero se cuidan mucho de levantar sospechas con sus palabras, para que no los tomen por locos o les compadezcan.
Ahora la casa es fría y parece mucho más grande. Por eso casi nunca duermen. Entran y salen sigilosamente de las habitaciones de sus hijos, los acarician y se inclinan sobre sus cabezas aspirando su fragancia, que ha vuelto a ser infantil. Con los años, el olor a quemado que desprendían acabó desapareciendo.
Esa contraposicion de frio a quemado deja espacio para briznar
un enfrentamiento con la candidez de la primera parte del relato.
impactante y casi como un guion unico donde se vierte la imaginacion
maxima. saludos amables de luzyabsenta
 
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