esthergranados
Poeta adicto al portal
Salen sigilosamente de las habitaciones de sus hijos. Antes de acostarse, pasan por las alcobas donde los cuerpos agotados de los pequeños descansan. Durante el día los niños juegan y corren por el jardín, despreocupados. Al anochecer los padres se encargan de llevarles a sus dormitorios y de que el descanso sea perfecto. Nunca hablan de los pequeños en presente. Solo de vez en cuando, se permiten recordar alguna anécdota del pasado con los vecinos, pero se cuidan mucho de levantar sospechas con sus palabras, para que no los tomen por locos o les compadezcan.
Ahora la casa es fría y parece mucho más grande. Por eso casi nunca duermen. Entran y salen sigilosamente de las habitaciones de sus hijos, los acarician y se inclinan sobre sus cabezas aspirando su fragancia, que ha vuelto a ser infantil. Con los años, el olor a quemado que desprendían acabó desapareciendo.
Ahora la casa es fría y parece mucho más grande. Por eso casi nunca duermen. Entran y salen sigilosamente de las habitaciones de sus hijos, los acarician y se inclinan sobre sus cabezas aspirando su fragancia, que ha vuelto a ser infantil. Con los años, el olor a quemado que desprendían acabó desapareciendo.