Vivisección

Nada Vratovic

Poeta recién llegado
Debiste sorprenderte
cuando te di la chistera y,
en lugar de un conejo blanco
lo que sacaste fueron huesos,
coágulos
y trozos de papel medio abrasados
en los que había escrito mis pesadillas sólo para verlas retorcerse en la hoguera.
Imagino tu expresión:
los ojos violados por ese manojo de horrores,
y las manos,
que hasta entonces sólo habían tocado un par de coños anestésicos,
de repente erosionadas con mi impudicia.
Porque te hablo como se le habla a las cosas imaginarias
y no como la carne traduce el diálogo.

El dolor es placer mal nombrado.
A veces creo que sólo sé doler,
y por ende,
que estoy hecha de placeres extintos.
Le escribo a un espejismo que flota a lo lejos entre neblinas harapientas;
son cartas de amor,
letras magulladas que echaron raíces bajo nuestras gargantas.
Deseo escupirlas con tanta urgencia
que acabo vomitándolas.

Esta soy yo, destripada en vivisección.
Y ahora que el telón ha caído y sólo queda la desnudez, dime,
¿he despertado tu asco o tu sexo?​
 
Común es eso de trasladar alguna fantasía henchida de aire a otros ojos, a otra vida, e identificar ésta con aquélla en una parodia o versión rudimentaria de la locura quijotesca.

Aquí te atreves a ser sin que te falte ni la más mínima partícula de realidad en la voz. Enseguida rompes el hechizo, desmontas la farsa inmemorial. Te remecen, tal vez, las sacudidas de algún viejo recuerdo sombrío. Huesos, carne, esquinas despobladas, algún solar irreversible en la piel, en la duda o en el sueño: esto somos.

Me gusta esa pretensión total que atraviesa el poema; es su aroma. Solo cabe en lo imaginario. Es decir, no en lo imaginario como imposible; sí como sincronía de soledades sin órbitas marchitas, que se intuyen.

Un placer leerte.
 
Común es eso de trasladar alguna fantasía henchida de aire a otros ojos, a otra vida, e identificar ésta con aquélla en una parodia o versión rudimentaria de la locura quijotesca.

Aquí te atreves a ser sin que te falte ni la más mínima partícula de realidad en la voz. Enseguida rompes el hechizo, desmontas la farsa inmemorial. Te remecen, tal vez, las sacudidas de algún viejo recuerdo sombrío. Huesos, carne, esquinas despobladas, algún solar irreversible en la piel, en la duda o en el sueño: esto somos.

Me gusta esa pretensión total que atraviesa el poema; es su aroma. Solo cabe en lo imaginario. Es decir, no en lo imaginario como imposible; sí como sincronía de soledades sin órbitas marchitas, que se intuyen.

Un placer leerte.
Gracias por pasarte y comentar :) aprecio mucho el análisis que has hecho.
 

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