Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Debiste sorprenderte
cuando te di la chistera y,
en lugar de un conejo blanco
lo que sacaste fueron huesos,
coágulos
y trozos de papel medio abrasados
en los que había escrito mis pesadillas sólo para verlas retorcerse en la hoguera.
Imagino tu expresión:
los ojos violados por ese manojo de horrores,
y las manos,
que hasta entonces sólo habían tocado un par de coños anestésicos,
de repente erosionadas con mi impudicia.
Porque te hablo como se le habla a las cosas imaginarias
y no como la carne traduce el diálogo.
El dolor es placer mal nombrado.
A veces creo que sólo sé doler,
y por ende,
que estoy hecha de placeres extintos.
Le escribo a un espejismo que flota a lo lejos entre neblinas harapientas;
son cartas de amor,
letras magulladas que echaron raíces bajo nuestras gargantas.
Deseo escupirlas con tanta urgencia
que acabo vomitándolas.
Esta soy yo, destripada en vivisección.
Y ahora que el telón ha caído y sólo queda la desnudez, dime,
¿he despertado tu asco o tu sexo?
cuando te di la chistera y,
en lugar de un conejo blanco
lo que sacaste fueron huesos,
coágulos
y trozos de papel medio abrasados
en los que había escrito mis pesadillas sólo para verlas retorcerse en la hoguera.
Imagino tu expresión:
los ojos violados por ese manojo de horrores,
y las manos,
que hasta entonces sólo habían tocado un par de coños anestésicos,
de repente erosionadas con mi impudicia.
Porque te hablo como se le habla a las cosas imaginarias
y no como la carne traduce el diálogo.
El dolor es placer mal nombrado.
A veces creo que sólo sé doler,
y por ende,
que estoy hecha de placeres extintos.
Le escribo a un espejismo que flota a lo lejos entre neblinas harapientas;
son cartas de amor,
letras magulladas que echaron raíces bajo nuestras gargantas.
Deseo escupirlas con tanta urgencia
que acabo vomitándolas.
Esta soy yo, destripada en vivisección.
Y ahora que el telón ha caído y sólo queda la desnudez, dime,
¿he despertado tu asco o tu sexo?