A la niña del cerro El sombrero- VII
Mirándote en sosiego
como te mira la noche
descubrí los racimos
de tu risa
clavados en mi boca,
serpenteo y ovales
en que te quedas
con el rostro de abril
sobre mi cielo soñado.
Mujer infinita, pedazo ardiente
en mi lira eres una nota que regresa
con un bemol en la boca.
Desde allí me llamas, mujer de mi vida
y voy a tus brazos con signos de poeta
para dejar en tus poros
este jeme azulado
de titilante ambrosía.
EBAN