• MundoPoesía se ha renovado! Nuevo diseño y nuevas funciones. Ver cambios

Hermosa soledad. ( Uqbar & Engel )

Engel

SOÑADOR TOCANDO CON LOS PIES EN TIERRA

Ya casi hace frío mientras cruza los ojos en la empapante claridad que de la calle llega. Su corazón comprende entonces que nunca se encontrará más allá de este silencio. La soledad es una larga estación de silencios. Definirla con íntima precisión es toda la recompensa al oficio del poeta. Sería estúpido ofrecer tanta belleza a la casualidad, tanta delicadeza, tanta ternura.
Se duerme de soledad, se despide saludando con la mano hacia la orilla de los sueños. Soledad y silencio, dando rienda suelta al sueño.
Sueña porque se queda quieto en la memoria de su cuerpo y borra los objetos hasta perder la noción del tiempo. Días y años juntos, apretados en un instante que mitigue la soledad.
Ha notado su sitio vacío, se hace oscuro, rinde poco con el pensamiento, pues pensar, ahora, precisamente ahora. Pesa. No le permite moverse. Sólo le queda para hilvanar la vida el viejo sillón luminoso, atmósfera de luz, que el recuerdo enciende en su memoria. El polvo y el hastío lo cubrieron de una calma opaca y fue olvidando nombres y lugares, climas de tardes frescas, de virutas de serrín que el aire impregnaban y en lluvia oblicua su tacto dejaban en los ojos. Y mira desde su desconocido dominio cómo el aire es traspasado por la clara palpitación de la nostalgia, mientras el gato se arregla con mimo esperando tranquilamente que llegue la soledad. Resulta extraña la vejez de los objetos, el flujo blanquecino de su fragilidad.
Soledad. Palabra que no deja de temblar, palabra que brota despacio para darte cobijo en su agujero, herida invisible por la que caemos en una tumultuosa travesía hacía la nostalgia.

Antaño la soledad se hacía hueco en el vacío, buscaba la humedad de sus dedos, germinaba en su corazón azotado y sucumbía al silencio de una lágrima, envidiosa, persuadida, catequizada en expansión cósmica.¡Enhebrar una lágrima! Buscar en la memoria la soledad se hacía eco en su boca, marginada, exilada.
Se cubría de frío queriendo encontrar el calor en sí misma. Creaba un manto ocre, hermoso, yaciente. Se alimentaba como el otoño alimenta la tierra despojando la unidad por el bien del todo.
La hermosa soledad de antaño, floreció traspasando las capas de su universo, encontró cobijo en el silencio, amansó su fuerza, dejó sin sentido la razón del camino y desde ahí, desde la profundidad del Fénix, la hermosa soledad comprendió…
Aún, el silencio perdura, el vacío perdura, la oquedad perdura.
Pero la vida se abre paso. Lucha con la fuerza de tantas soledades y desde el silencio de su boca, la extenuación de sus dedos anhela el oasis, anhela la vida.
Pedazo de soledad, siendo un trocito, lo ocupas todo, y al mirar por la ventana te vas.
 
Última edición:

Ya casi hace frío mientras cruza los ojos en la empapante claridad que de la calle llega. Su corazón comprende entonces que nunca se encontrará más allá de este silencio. La soledad es una larga estación de silencios. Definirla con íntima precisión es toda la recompensa al oficio del poeta. Sería estúpido ofrecer tanta belleza a la casualidad, tanta delicadeza, tanta ternura.
Se duerme de soledad, se despide saludando con la mano hacia la orilla de los sueños. Soledad y silencio, dando rienda suelta al sueño.
Sueña porque se queda quieto en la memoria de su cuerpo y borra los objetos hasta perder la noción del tiempo. Días y años juntos, apretados en un instante que mitigue la soledad.
Ha notado su sitio vacío, se hace oscuro, rinde poco con el pensamiento, pues pensar, ahora, precisamente ahora. Pesa. No le permite moverse. Sólo le queda para hilvanar la vida el viejo sillón luminoso, atmósfera de luz, que el recuerdo enciende en su memoria. El polvo y el hastío lo cubrieron de una calma opaca y fue olvidando nombres y lugares, climas de tardes frescas, de virutas de serrín que el aire impregnaban y en lluvia oblicua su tacto dejaban en los ojos. Y mira desde su desconocido dominio cómo el aire es traspasado por la clara palpitación de la nostalgia, mientras el gato se arregla con mimo esperando tranquilamente que llegue la soledad. Resulta extraña la vejez de los objetos, el flujo blanquecino de su fragilidad.
Soledad. Palabra que no deja de temblar, palabra que brota despacio para darte cobijo en su agujero, herida invisible por la que caemos en una tumultuosa travesía hacía la nostalgia.

Antaño la soledad se hacía hueco en el vacío, buscaba la humedad de sus dedos, germinaba en su corazón azotado y sucumbía al silencio de una lágrima, envidiosa, persuadida, catequizada en expansión cósmica.¡Enhebrar una lágrima! Buscar en la memoria la soledad se hacía eco en su boca, marginada, exilada.
Se cubría de frío queriendo encontrar el calor en sí misma Creaba un manto ocre, hermoso, yaciente,
Se alimentaba como el otoño alimenta la tierra despojando la unidad por el bien del todo.
La hermosa soledad de antaño, floreció traspasando las capas de su universo, encontró cobijo en el silencio, amansó su fuerza, dejó sin sentido la razón del camino y desde ahí, desde la profundidad del Fénix, la hermosa soledad comprendió…
Aún, el silencio perdura, el vacío perdura, la oquedad perdura.
Pero la vida se abre paso. Lucha con la fuerza de tantas soledades y desde el silencio de su boca, la extenuación de sus dedos anhela el oasis, anhela la vida.
Pedazo de soledad, siendo un trocito, lo ocupas todo, y al mirar por la ventana te vas.


Siempre he creído que eres un mago querido amigo. Desde la sencillez creas emociones con adornos llenos de suavidad y ternura. La soledad y la vejez van muy unidas aunque la soledad esté presente en nuestra vida desde el primer momento en el que vemos la luz al nacer, y nos acompaña siempre, aunque estemos rodeados de seres, pero es cierto que se acentúa en nuestra conciencia cuando las arrugas se nos muestran implacables. La vejez de los objetos tiene una marcada importancia cuando vemos un sofá usado...

Tu magia aumenta considerablemente cuando un texto es completamente ajeno a la imagen, al sonido, cuando sólo una palabra es el vínculo, y en cambio lo haces posible. Unes y creas, conjugas y pausas a ritmo de personaje animado arrastrando emociones vitales...

Siempre he creído que eras un mago...

Abrazos y gracias por rescatarme de esa soledades en las que me refugio.

Palmira
 

Ya casi hace frío mientras cruza los ojos en la empapante claridad que de la calle llega. Su corazón comprende entonces que nunca se encontrará más allá de este silencio. La soledad es una larga estación de silencios. Definirla con íntima precisión es toda la recompensa al oficio del poeta. Sería estúpido ofrecer tanta belleza a la casualidad, tanta delicadeza, tanta ternura.
Se duerme de soledad, se despide saludando con la mano hacia la orilla de los sueños. Soledad y silencio, dando rienda suelta al sueño.
Sueña porque se queda quieto en la memoria de su cuerpo y borra los objetos hasta perder la noción del tiempo. Días y años juntos, apretados en un instante que mitigue la soledad.
Ha notado su sitio vacío, se hace oscuro, rinde poco con el pensamiento, pues pensar, ahora, precisamente ahora. Pesa. No le permite moverse. Sólo le queda para hilvanar la vida el viejo sillón luminoso, atmósfera de luz, que el recuerdo enciende en su memoria. El polvo y el hastío lo cubrieron de una calma opaca y fue olvidando nombres y lugares, climas de tardes frescas, de virutas de serrín que el aire impregnaban y en lluvia oblicua su tacto dejaban en los ojos. Y mira desde su desconocido dominio cómo el aire es traspasado por la clara palpitación de la nostalgia, mientras el gato se arregla con mimo esperando tranquilamente que llegue la soledad. Resulta extraña la vejez de los objetos, el flujo blanquecino de su fragilidad.
Soledad. Palabra que no deja de temblar, palabra que brota despacio para darte cobijo en su agujero, herida invisible por la que caemos en una tumultuosa travesía hacía la nostalgia.

Antaño la soledad se hacía hueco en el vacío, buscaba la humedad de sus dedos, germinaba en su corazón azotado y sucumbía al silencio de una lágrima, envidiosa, persuadida, catequizada en expansión cósmica.¡Enhebrar una lágrima! Buscar en la memoria la soledad se hacía eco en su boca, marginada, exilada.
Se cubría de frío queriendo encontrar el calor en sí misma. Creaba un manto ocre, hermoso, yaciente. Se alimentaba como el otoño alimenta la tierra despojando la unidad por el bien del todo.
La hermosa soledad de antaño, floreció traspasando las capas de su universo, encontró cobijo en el silencio, amansó su fuerza, dejó sin sentido la razón del camino y desde ahí, desde la profundidad del Fénix, la hermosa soledad comprendió…
Aún, el silencio perdura, el vacío perdura, la oquedad perdura.
Pero la vida se abre paso. Lucha con la fuerza de tantas soledades y desde el silencio de su boca, la extenuación de sus dedos anhela el oasis, anhela la vida.
Pedazo de soledad, siendo un trocito, lo ocupas todo, y al mirar por la ventana te vas.

Qué hermoso sonido habéis puesto a la soledad, compañeros,
tengo mucho que decir pero la emoción me deja muda
ya entraré en otro momento...Fantástico todo el conjunto,
mi soledad y yo os damos las gracias.
Un abrazo
 
Qué hermoso sonido habéis puesto a la soledad, compañeros,
tengo mucho que decir pero la emoción me deja muda
ya entraré en otro momento...Fantástico todo el conjunto,
mi soledad y yo os damos las gracias.
Un abrazo

Gracias a ti querida Rosario, como le decía a Engel, me sorprende muchísimo su capacidad para crear a partir de tan pocos vínculos. Tan sólo me propuso la palabra Soledad y en un momento le mandé lo que me sugería, otra cosa fue declamar porque me pilló una mudanza por medio pero a lo que iba, sólo con eso, ya crea historias y adapta la voz a la imagen y en fin...que no deja de sorprenderme su creatividad y su sensibilidad.

Un abrazo y muchas gracias por la visita, espero que estés ya estupendamente!!

Palmira
 
La soledad, en ocasiones, también nos rescata de nosotros mismos y crea sus mundos y visiones junto a los nuestros.
Os adentrasteis en ella con la calma que precisa y mirasteis con sus propios ojos. El temor reside en que lo invada todo.
Un gran trabajo, compañeros, en el buen sentido de la palabra y por amor al arte.
Todo un placer "acompañaros".
Amigo, Alonso; tu compañía siempre será bien recibida. Mil gracias por el amable comentario.
Te dejo un fuerte abrazo.
 
La soledad, en ocasiones, también nos rescata de nosotros mismos y crea sus mundos y visiones junto a los nuestros.
Os adentrasteis en ella con la calma que precisa y mirasteis con sus propios ojos. El temor reside en que lo invada todo.
Un gran trabajo, compañeros, en el buen sentido de la palabra y por amor al arte.
Todo un placer "acompañaros".


Los que amamos la naturaleza sabemos mucho de esas soledades en las que uno se adentra por "motu propio" y disfruta "ad libitum", esa calma de la que hablas es precisamente ese deseo puesto en manifiesto.
Gracias por unirte a esta soledad encantada de ser compartida. Un gran abrazo con cariño, Alonso.
 

Ya casi hace frío mientras cruza los ojos en la empapante claridad que de la calle llega. Su corazón comprende entonces que nunca se encontrará más allá de este silencio. La soledad es una larga estación de silencios. Definirla con íntima precisión es toda la recompensa al oficio del poeta. Sería estúpido ofrecer tanta belleza a la casualidad, tanta delicadeza, tanta ternura.
Se duerme de soledad, se despide saludando con la mano hacia la orilla de los sueños. Soledad y silencio, dando rienda suelta al sueño.
Sueña porque se queda quieto en la memoria de su cuerpo y borra los objetos hasta perder la noción del tiempo. Días y años juntos, apretados en un instante que mitigue la soledad.
Ha notado su sitio vacío, se hace oscuro, rinde poco con el pensamiento, pues pensar, ahora, precisamente ahora. Pesa. No le permite moverse. Sólo le queda para hilvanar la vida el viejo sillón luminoso, atmósfera de luz, que el recuerdo enciende en su memoria. El polvo y el hastío lo cubrieron de una calma opaca y fue olvidando nombres y lugares, climas de tardes frescas, de virutas de serrín que el aire impregnaban y en lluvia oblicua su tacto dejaban en los ojos. Y mira desde su desconocido dominio cómo el aire es traspasado por la clara palpitación de la nostalgia, mientras el gato se arregla con mimo esperando tranquilamente que llegue la soledad. Resulta extraña la vejez de los objetos, el flujo blanquecino de su fragilidad.
Soledad. Palabra que no deja de temblar, palabra que brota despacio para darte cobijo en su agujero, herida invisible por la que caemos en una tumultuosa travesía hacía la nostalgia.

Antaño la soledad se hacía hueco en el vacío, buscaba la humedad de sus dedos, germinaba en su corazón azotado y sucumbía al silencio de una lágrima, envidiosa, persuadida, catequizada en expansión cósmica.¡Enhebrar una lágrima! Buscar en la memoria la soledad se hacía eco en su boca, marginada, exilada.
Se cubría de frío queriendo encontrar el calor en sí misma. Creaba un manto ocre, hermoso, yaciente. Se alimentaba como el otoño alimenta la tierra despojando la unidad por el bien del todo.
La hermosa soledad de antaño, floreció traspasando las capas de su universo, encontró cobijo en el silencio, amansó su fuerza, dejó sin sentido la razón del camino y desde ahí, desde la profundidad del Fénix, la hermosa soledad comprendió…
Aún, el silencio perdura, el vacío perdura, la oquedad perdura.
Pero la vida se abre paso. Lucha con la fuerza de tantas soledades y desde el silencio de su boca, la extenuación de sus dedos anhela el oasis, anhela la vida.
Pedazo de soledad, siendo un trocito, lo ocupas todo, y al mirar por la ventana te vas.

Excepcional trabajo, poetas. Me ha encantado este trabajo conjunto. Gracias por compartir vuestras soledades. Todo un placer disfrutar de esta elegante composición. Estamos ante un ejemplo de lo que significa la expresión estética que caracteriza la auténtica poesía. Bravo!!!
Un fuerte abrazo, a ambos. Por cierto, magnífico final. No sé la razón, pero ese verso final me llevó a Juan Ramón Jiménez. Me quito el sombrero, compañeros.
 
Excepcional trabajo, poetas. Me ha encantado este trabajo conjunto. Gracias por compartir vuestras soledades. Todo un placer disfrutar de esta elegante composición. Estamos ante un ejemplo de lo que significa la expresión estética que caracteriza la auténtica poesía. Bravo!!!
Un fuerte abrazo, a ambos. Por cierto, magnífico final. No sé la razón, pero ese verso final me llevó a Juan Ramón Jiménez. Me quito el sombrero, compañeros.

Gracias por tu incondicionalidad querido Luis. Un gran abrazo.

Palmira
 

Ya casi hace frío mientras cruza los ojos en la empapante claridad que de la calle llega. Su corazón comprende entonces que nunca se encontrará más allá de este silencio. La soledad es una larga estación de silencios. Definirla con íntima precisión es toda la recompensa al oficio del poeta. Sería estúpido ofrecer tanta belleza a la casualidad, tanta delicadeza, tanta ternura.
Se duerme de soledad, se despide saludando con la mano hacia la orilla de los sueños. Soledad y silencio, dando rienda suelta al sueño.
Sueña porque se queda quieto en la memoria de su cuerpo y borra los objetos hasta perder la noción del tiempo. Días y años juntos, apretados en un instante que mitigue la soledad.
Ha notado su sitio vacío, se hace oscuro, rinde poco con el pensamiento, pues pensar, ahora, precisamente ahora. Pesa. No le permite moverse. Sólo le queda para hilvanar la vida el viejo sillón luminoso, atmósfera de luz, que el recuerdo enciende en su memoria. El polvo y el hastío lo cubrieron de una calma opaca y fue olvidando nombres y lugares, climas de tardes frescas, de virutas de serrín que el aire impregnaban y en lluvia oblicua su tacto dejaban en los ojos. Y mira desde su desconocido dominio cómo el aire es traspasado por la clara palpitación de la nostalgia, mientras el gato se arregla con mimo esperando tranquilamente que llegue la soledad. Resulta extraña la vejez de los objetos, el flujo blanquecino de su fragilidad.
Soledad. Palabra que no deja de temblar, palabra que brota despacio para darte cobijo en su agujero, herida invisible por la que caemos en una tumultuosa travesía hacía la nostalgia.

Antaño la soledad se hacía hueco en el vacío, buscaba la humedad de sus dedos, germinaba en su corazón azotado y sucumbía al silencio de una lágrima, envidiosa, persuadida, catequizada en expansión cósmica.¡Enhebrar una lágrima! Buscar en la memoria la soledad se hacía eco en su boca, marginada, exilada.
Se cubría de frío queriendo encontrar el calor en sí misma. Creaba un manto ocre, hermoso, yaciente. Se alimentaba como el otoño alimenta la tierra despojando la unidad por el bien del todo.
La hermosa soledad de antaño, floreció traspasando las capas de su universo, encontró cobijo en el silencio, amansó su fuerza, dejó sin sentido la razón del camino y desde ahí, desde la profundidad del Fénix, la hermosa soledad comprendió…
Aún, el silencio perdura, el vacío perdura, la oquedad perdura.
Pero la vida se abre paso. Lucha con la fuerza de tantas soledades y desde el silencio de su boca, la extenuación de sus dedos anhela el oasis, anhela la vida.
Pedazo de soledad, siendo un trocito, lo ocupas todo, y al mirar por la ventana te vas.

UNa buena conjuncion, un analisis de trabajo aunado que va explorando
la soledad. mirarse los dos al unisono e individualmente y ver como
adentrandose en esos espacios es recrear esa soledad que es temor y
cuadros para rescatar esa presencia personal de la misma, me refiero
a la soledad. excelente, saludos amables de luzyabsenta
 
UNa buena conjuncion, un analisis de trabajo aunado que va explorando
la soledad. mirarse los dos al unisono e individualmente y ver como
adentrandose en esos espacios es recrear esa soledad que es temor y
cuadros para rescatar esa presencia personal de la misma, me refiero
a la soledad. excelente, saludos amables de luzyabsenta

Saludos cordiales, estimado poeta. Muy amable y gentil en tu comentario.
Mil gracias por pasar.
 
Atrás
Arriba