Engel
SOÑADOR TOCANDO CON LOS PIES EN TIERRA
Ya casi hace frío mientras cruza los ojos en la empapante claridad que de la calle llega. Su corazón comprende entonces que nunca se encontrará más allá de este silencio. La soledad es una larga estación de silencios. Definirla con íntima precisión es toda la recompensa al oficio del poeta. Sería estúpido ofrecer tanta belleza a la casualidad, tanta delicadeza, tanta ternura.
Se duerme de soledad, se despide saludando con la mano hacia la orilla de los sueños. Soledad y silencio, dando rienda suelta al sueño.
Sueña porque se queda quieto en la memoria de su cuerpo y borra los objetos hasta perder la noción del tiempo. Días y años juntos, apretados en un instante que mitigue la soledad.
Ha notado su sitio vacío, se hace oscuro, rinde poco con el pensamiento, pues pensar, ahora, precisamente ahora. Pesa. No le permite moverse. Sólo le queda para hilvanar la vida el viejo sillón luminoso, atmósfera de luz, que el recuerdo enciende en su memoria. El polvo y el hastío lo cubrieron de una calma opaca y fue olvidando nombres y lugares, climas de tardes frescas, de virutas de serrín que el aire impregnaban y en lluvia oblicua su tacto dejaban en los ojos. Y mira desde su desconocido dominio cómo el aire es traspasado por la clara palpitación de la nostalgia, mientras el gato se arregla con mimo esperando tranquilamente que llegue la soledad. Resulta extraña la vejez de los objetos, el flujo blanquecino de su fragilidad.
Soledad. Palabra que no deja de temblar, palabra que brota despacio para darte cobijo en su agujero, herida invisible por la que caemos en una tumultuosa travesía hacía la nostalgia.
Antaño la soledad se hacía hueco en el vacío, buscaba la humedad de sus dedos, germinaba en su corazón azotado y sucumbía al silencio de una lágrima, envidiosa, persuadida, catequizada en expansión cósmica.¡Enhebrar una lágrima! Buscar en la memoria la soledad se hacía eco en su boca, marginada, exilada.
Se cubría de frío queriendo encontrar el calor en sí misma. Creaba un manto ocre, hermoso, yaciente. Se alimentaba como el otoño alimenta la tierra despojando la unidad por el bien del todo.
La hermosa soledad de antaño, floreció traspasando las capas de su universo, encontró cobijo en el silencio, amansó su fuerza, dejó sin sentido la razón del camino y desde ahí, desde la profundidad del Fénix, la hermosa soledad comprendió…
Aún, el silencio perdura, el vacío perdura, la oquedad perdura.
Pero la vida se abre paso. Lucha con la fuerza de tantas soledades y desde el silencio de su boca, la extenuación de sus dedos anhela el oasis, anhela la vida.
Pedazo de soledad, siendo un trocito, lo ocupas todo, y al mirar por la ventana te vas.
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