lesmo
Poeta veterano en el portal
Guarda el papel en blanco, no muy lejos,
y escucha los sonidos de la calle
y el aire entre las hojas;
tal vez la voz de un niño con su madre
te llene de ternura
o el cómplice silencio
de unos labios tan rojos como un ascua
te diga lo cercano de un amor.
No te vayas muy lejos
de los pasos ancianos que despacio
te enseñan la verdad de los cansancios
y observa lentamente a las mujeres
que llevan en sus vientres
la esperanza borrando su cintura.
Acércate con calma
al que viene cargado de tristeza
y míralo de frente y reconoce
la faz del sufrimiento.
No tengas ansiedad por las palabras
y observa la constancia del granito,
no tengas impaciencia por las hiedras.
No inventes los crepúsculos,
que sean tus auroras verdaderas
y aduéñate de todos sus colores.
Cuando veas el mar
espera la marea más propicia
o la enorme violencia borrascosa,
destructora y amable
con las profundidades.
No te vayas muy lejos
de los ojos que cuentan tus arrugas,
de aquellos que te llaman por tu nombre
y del hombre que siempre te acompaña.
No te vayas muy lejos
del papel que guardabas con cuidado
y quizá sudoroso, en soledad,
ya tendrás la palabra más hermosa,
más terrible y honesta,
la más justa y sencilla,
y tú desaparece
porque no la escribiste para ti.
y escucha los sonidos de la calle
y el aire entre las hojas;
tal vez la voz de un niño con su madre
te llene de ternura
o el cómplice silencio
de unos labios tan rojos como un ascua
te diga lo cercano de un amor.
No te vayas muy lejos
de los pasos ancianos que despacio
te enseñan la verdad de los cansancios
y observa lentamente a las mujeres
que llevan en sus vientres
la esperanza borrando su cintura.
Acércate con calma
al que viene cargado de tristeza
y míralo de frente y reconoce
la faz del sufrimiento.
No tengas ansiedad por las palabras
y observa la constancia del granito,
no tengas impaciencia por las hiedras.
No inventes los crepúsculos,
que sean tus auroras verdaderas
y aduéñate de todos sus colores.
Cuando veas el mar
espera la marea más propicia
o la enorme violencia borrascosa,
destructora y amable
con las profundidades.
No te vayas muy lejos
de los ojos que cuentan tus arrugas,
de aquellos que te llaman por tu nombre
y del hombre que siempre te acompaña.
No te vayas muy lejos
del papel que guardabas con cuidado
y quizá sudoroso, en soledad,
ya tendrás la palabra más hermosa,
más terrible y honesta,
la más justa y sencilla,
y tú desaparece
porque no la escribiste para ti.
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