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En busca del silencio

libelula

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Salí dando un portazo y me alejé de la ciudad en busca del silencio. Lo encontré bajo uno de los sauces que conviven con los fresnos en la ribera del río. Escuché entonces por primera vez las conversaciones de las hojas; supe por ellas que era allí donde anidaban los pocos silencios que quedaban de esta especie, que los silencios estaban desapareciendo, que de los monacales, solo habían sobrevivido unos pocos y se vendían en paquetes de rutas turísticas. Pero este silencio que encontré era especial, sociable, amante de la naturaleza; se codeaba con el murmullo de las aguas, el silbar del viento, el trinar del chochín, y el ruiseñor. Me enamoré de él, me dije que era bueno para mí y lo invité a casa. Pero sucedió que al llegar, inesperadamente, el ruido, celoso, mordió al silencio; este, palideció, se tambaleó y quedó allí tendido, roto; traté de recuperarlo pero fue inútil. Desde entonces el griterío se instaló definitivamente en mi casa, y de aquél silencio solo me queda el trozo que arranqué de los dientes del ruido...




(editado en otro espacio como El silencio 1 bajo el avatar, Yayel; 30/08/2013 a las 08:36)
 
Última edición:
Que necesario y refrescante puede llegar a ser el silencio.

Saludos.
Asi es, Hannah, el silencio nos ayuda a escucharnos, a escuchar la naturaleza, a sanar...y muchas veces a considerar la importancia de la palabra.
Gracias por tu tiempo y tu huella.
Saludos cordiales.
Isabel
 
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Salí dando un portazo y me alejé de la ciudad en busca del silencio. Lo encontré bajo uno de los sauces que conviven con los fresnos en la ribera del río. Escuché entonces por primera vez las conversaciones de las hojas; supe por ellas que era allí donde anidaban los pocos silencios que quedaban de esta especie, que los silencios estaban desapareciendo, que de los monacales, solo habían sobrevivido unos pocos y se vendían en paquetes de rutas turísticas. Pero este silencio que encontré era especial, sociable, amante de la naturaleza; se codeaba con el murmullo de las aguas, el silbar del viento, el trinar del chochín, y el ruiseñor. Me enamoré de él, me dije que era bueno para mí y lo invité a casa. Pero sucedió que al llegar, inesperadamente, el ruido, celoso, mordió al silencio; este, palideció, se tambaleó y quedó allí tendido, roto; traté de recuperarlo pero fue inútil. Desde entonces el griterío se instaló definitivamente en mi casa, y de aquél silencio solo me queda el trozo que arranqué de los dientes del ruido...




(editado en otro espacio como El silencio 1 bajo el avatar, Yayel; 30/08/2013 a las 08:36)
Bello relato, hablar y amar el silencio, haberlo acariciado y
sentir en propiedad que ahora esta roto en el discursos
de las condiciones de vida. el eje de la vida a lo mejor esta
en estar en ese silencio que permite disfrutar de ese
intimo amor personal. saludos me ha gustado. luzyabsenta
 
Bello relato, hablar y amar el silencio, haberlo acariciado y
sentir en propiedad que ahora esta roto en el discursos
de las condiciones de vida. el eje de la vida a lo mejor esta
en estar en ese silencio que permite disfrutar de ese
intimo amor personal. saludos me ha gustado. luzyabsenta
Gracias estimado Poeta, por tu detallado análisis de mi relato, que muestra que haz hecho una lectura atenta y eso ya es tener suerte. Gracia por tu mirada generosa.
Saludos agradecidos
Isabel
 
Gracias estimado Poeta, por tu detallado análisis de mi relato, que muestra que haz hecho una lectura atenta y eso ya es tener suerte. Gracia por tu mirada generosa.
Saludos agradecidos
Isabel

Siempre son interesantes tus obras, efectos y
lirismo, leo de nuevo para apreciar mas el
sentido de la microposa. gracias maximas por tus
respuestas. saludos de luzyabsenta
 
Y no es fácil encontrar el silencio que nos enganche y disfrutemos mientras nos acaricia.
Lamentablemente el ruido parece ser mayor, más habilidoso y confuso y sin embargo no nos atrapa, proque siempre tendremos ese silencio que alguna vez nos cautivó e iremos siempre a su encuentro...
Excelente micro Libelula!!!
Placer recorrerlo
Camelia
 
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Salí dando un portazo y me alejé de la ciudad en busca del silencio. Lo encontré bajo uno de los sauces que conviven con los fresnos en la ribera del río. Escuché entonces por primera vez las conversaciones de las hojas; supe por ellas que era allí donde anidaban los pocos silencios que quedaban de esta especie, que los silencios estaban desapareciendo, que de los monacales, solo habían sobrevivido unos pocos y se vendían en paquetes de rutas turísticas. Pero este silencio que encontré era especial, sociable, amante de la naturaleza; se codeaba con el murmullo de las aguas, el silbar del viento, el trinar del chochín, y el ruiseñor. Me enamoré de él, me dije que era bueno para mí y lo invité a casa. Pero sucedió que al llegar, inesperadamente, el ruido, celoso, mordió al silencio; este, palideció, se tambaleó y quedó allí tendido, roto; traté de recuperarlo pero fue inútil. Desde entonces el griterío se instaló definitivamente en mi casa, y de aquél silencio solo me queda el trozo que arranqué de los dientes del ruido...




(editado en otro espacio como El silencio 1 bajo el avatar, Yayel; 30/08/2013 a las 08:36)

Podemos reflexionar y escuchar el diálogo de la naturaleza cuando estamos en silencio. El ruido rompe la paz.

Buen relato. Feliz verano,
 
Y no es fácil encontrar el silencio que nos enganche y disfrutemos mientras nos acaricia.
Lamentablemente el ruido parece ser mayor, más habilidoso y confuso y sin embargo no nos atrapa, proque siempre tendremos ese silencio que alguna vez nos cautivó e iremos siempre a su encuentro...
Excelente micro Libelula!!!
Placer recorrerlo
Camelia
Gracias Camy, un placer tus mirada en mis letras, en este lugar donde pueden reposar los relatos largo y tiempo sin encontrar quien loa acoja...es por eso mucho mas valioso encontrar tu amable huella.
Un abrazo,
Isabel
 
Podemos reflexionar y escuchar el diálogo de la naturaleza cuando estamos en silencio. El ruido rompe la paz.

Buen relato. Feliz verano,
¡Hola Antonio! una alegría tu visita, como siempre, el silencio no solo está en lo externo, quizás el ruido de nuestra mente nos llega a hacer mas daño que otro cualquiera.
Siempre me gusta el estilo reposado y sabio y certero que das a tus comentarios.
Gracias, feliz verano.
Isabel
 
Última edición:
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Salí dando un portazo y me alejé de la ciudad en busca del silencio. Lo encontré bajo uno de los sauces que conviven con los fresnos en la ribera del río. Escuché entonces por primera vez las conversaciones de las hojas; supe por ellas que era allí donde anidaban los pocos silencios que quedaban de esta especie, que los silencios estaban desapareciendo, que de los monacales, solo habían sobrevivido unos pocos y se vendían en paquetes de rutas turísticas. Pero este silencio que encontré era especial, sociable, amante de la naturaleza; se codeaba con el murmullo de las aguas, el silbar del viento, el trinar del chochín, y el ruiseñor. Me enamoré de él, me dije que era bueno para mí y lo invité a casa. Pero sucedió que al llegar, inesperadamente, el ruido, celoso, mordió al silencio; este, palideció, se tambaleó y quedó allí tendido, roto; traté de recuperarlo pero fue inútil. Desde entonces el griterío se instaló definitivamente en mi casa, y de aquél silencio solo me queda el trozo que arranqué de los dientes del ruido...




(editado en otro espacio como El silencio 1 bajo el avatar, Yayel; 30/08/2013 a las 08:36)

Bueno compañera Isabel, a mí personalmente me ha parecido una historia preciosa, de bella ejecución y gran inteligencia en la búsqueda de remansos de calma para el alma, que en los días que corren esta saturada sobre todo en la ciudad, la paz del silencio, y la tranquilidad están más valoradas cada día, y claro se debe a la dificultad cada vez mayor para encontrarlas, ya ni te digo retenerlas, misión imposible. Un fuerte abrazo y un placer como de costumbre su lectura.
 
Bueno compañera Isabel, a mí personalmente me ha parecido una historia preciosa, de bella ejecución y gran inteligencia en la búsqueda de remansos de calma para el alma, que en los días que corren esta saturada sobre todo en la ciudad, la paz del silencio, y la tranquilidad están más valoradas cada día, y claro se debe a la dificultad cada vez mayor para encontrarlas, ya ni te digo retenerlas, misión imposible. Un fuerte abrazo y un placer como de costumbre su lectura.
Hola Carlos, ¡qué alegría encontrarte por estos parajes!.., pera ya conozco algo de tu espíritu inquieto, que dice mucho, y bueno, de ti. Una suerte para mi que te detengas a leer y dejes tu huella.
Un abrazo cordial y agradecido.
Isabel
 
¡Qué manera más simpática de encarar el tema! Estaba visitando prosas y me he encontrado este magnífico silencio.
El odioso ruido que se instala por doquier y se adueña de todo, hasta de nuestros sueños. Y hasta en la casa más idílicamente silenciosa en medio del campo,de pronto aparece un nuevo vecino , qué casualidad, y coloca en su fachada (justo enfrente de tu ventana) un maléfico aparato de aire acondicionado que te roba el sueño.
Y juras en hebreo, pero no sirve de nada.
Besicos.
 
rio-de-los-sauces-1.jpg



Salí dando un portazo y me alejé de la ciudad en busca del silencio. Lo encontré bajo uno de los sauces que conviven con los fresnos en la ribera del río. Escuché entonces por primera vez las conversaciones de las hojas; supe por ellas que era allí donde anidaban los pocos silencios que quedaban de esta especie, que los silencios estaban desapareciendo, que de los monacales, solo habían sobrevivido unos pocos y se vendían en paquetes de rutas turísticas. Pero este silencio que encontré era especial, sociable, amante de la naturaleza; se codeaba con el murmullo de las aguas, el silbar del viento, el trinar del chochín, y el ruiseñor. Me enamoré de él, me dije que era bueno para mí y lo invité a casa. Pero sucedió que al llegar, inesperadamente, el ruido, celoso, mordió al silencio; este, palideció, se tambaleó y quedó allí tendido, roto; traté de recuperarlo pero fue inútil. Desde entonces el griterío se instaló definitivamente en mi casa, y de aquél silencio solo me queda el trozo que arranqué de los dientes del ruido...




(editado en otro espacio como El silencio 1 bajo el avatar, Yayel; 30/08/2013 a las 08:36)
Amo ese silencio y con frecuencia lo visito, desde que tenía tres años o menos, me encantaba pasar ratos junto a una fuente escuchando el silencio hablar discretamente, triste realidad la vuelta al ruido, cuando se conoce ese maravilloso silencio.
Encantada siempre de recorrer tus caminos literarios, mi querida Isabel, cariños,

ligiA
 
¡Qué manera más simpática de encarar el tema! Estaba visitando prosas y me he encontrado este magnífico silencio.
El odioso ruido que se instala por doquier y se adueña de todo, hasta de nuestros sueños. Y hasta en la casa más idílicamente silenciosa en medio del campo,de pronto aparece un nuevo vecino , qué casualidad, y coloca en su fachada (justo enfrente de tu ventana) un maléfico aparato de aire acondicionado que te roba el sueño.
Y juras en hebreo, pero no sirve de nada.
Besicos.
Si, Eratalia, a veces, eliges un lugar, por su tranquilidad y de pronto un buen día el vecino te la arruina, se muy bien de lo que hablas, lo he experimentado. Quise humanizar el silencio y el ruido...y así quedó.
Gracia por tu huella querida amiga,
Isabel
 
Amo ese silencio y con frecuencia lo visito, desde que tenía tres años o menos, me encantaba pasar ratos junto a una fuente escuchando el silencio hablar discretamente, triste realidad la vuelta al ruido, cuando se conoce ese maravilloso silencio.
Encantada siempre de recorrer tus caminos literarios, mi querida Isabel, cariños,

ligiA
Querida Ligia, me alegra tanto volver a encontrarte entre mis comentarios, gracias.
Esos son los silencios que siempre recordaremos, los que dejan escuchar a la naturaleza, y que aún seguimos buscando.
Un fuerte abrazo, querida Ligia, me alegra simplemente que estés.
Besos.
Isabel
 
Me gusta esa ladera propuesta por el río, con su frescura, verdes y silencios. Qué buen descanso, a la sombra y oyendo un murmullo que discurre.
Nada escapa a los turoperadores del turismo y los silencios se venden caros. Pero la auténtica paz entre remansos, no tiene precio.
Veo que al final hubo tensiones, lucha y cuantiosas pérdidas... pero nos queda el placer de haber encontrado esos silencios.
Un abrazote, Isabel, que me encantó tu relato.
 
Me gusta esa ladera propuesta por el río, con su frescura, verdes y silencios. Qué buen descanso, a la sombra y oyendo un murmullo que discurre.
Nada escapa a los turoperadores del turismo y los silencios se venden caros. Pero la auténtica paz entre remansos, no tiene precio.
Veo que al final hubo tensiones, lucha y cuantiosas pérdidas... pero nos queda el placer de haber encontrado esos silencios.
Un abrazote, Isabel, que me encantó tu relato.

Querido Alonso, ¡qué gusto encontrate en este espacio!, podemos sentarnos junto al rio y escuchar los sonidos del silencio y su paz,
Graciaa por estar.
Un abrazo
isabel
 

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