Camy
Camelia Miranda
Otorga la mañana su tibieza
que evapora el rocío de la madrugada
y despunta límpida la timidez que yace,
cuando inicia su andar despacio.
No le hace falta nada al norte en la alforja,
acaricia la espalda y al compás descalzo,
mientras va de asombro en asombro
con los lirios prestos al deshojo,
-y es ese aroma-
de los andenes célebres en teoría,
que avivan una pupila para aferrar la imagen
y la otra para divisar el próximo paraje,
tan pronto y tardía por la llanura
que se eriza por la humedad
y se reviste de insalvable lluvia,
arribando justo a la meseta
para divisar el valle encendido
y merecer las caricias del viandante,
-no tarda entonces-
en recorrer el pergamino que se erige
al diapasón del canto que lo estremece,
a la vastedad de beber hasta saciar la melodía,
ser cenit y sucumbir con la algarabía...
(Publicado en Mundo Poesía el 10 de Mayo del 2010)