Marcelo Pavón Suárez
Vasto
Te preguntarás
por qué sigo despierto,
qué hago si no estoy
cerrándote el cierre de alma
con un abrazo a traición,
por la espalda.
Como ya sabés
nunca me acuerdo de las fechas,
pero cada dos de cualquier mes
me hablo a mí mismo
y me felicito,
por cada desacierto
que me llevó a dar en la tecla,
a encontrarte,
a mirarte las distancias
que me acortan los suspiros,
a desabrocharte el sostén
y comerte el corazón
sin culpa.
Hoy me acordé,
somos dos hace diez meses,
somos vos y yo
a todo cielo por la calle
y a completo infierno
entre el colchón y las sábanas,
y la sabana de tu animal comefurias
y mi bestia arrancalágrimas
que se evaporan
al calor de las heridas
bajo mi nuca,
cuando me arañás los terremotos
que me crecen en la espalda.
Vos dormís mientras yo
miro el silencio de la noche
entrándote por la boca
y siento como emanás sueños por la nariz
sobre el acolchado azul que te aferra
que te condena a mi cama,
que te esclaviza
a la almohada que partís en dos
como un libro que escribe tu respiración,
dos,
somos dos,
es dos,
estamos
maravillosamente
amarra… dos.
©Todos los derechos reservados por el autor. 22/01/2018 - Marcelo Pavón Suárez - Argentina
por qué sigo despierto,
qué hago si no estoy
cerrándote el cierre de alma
con un abrazo a traición,
por la espalda.
Como ya sabés
nunca me acuerdo de las fechas,
pero cada dos de cualquier mes
me hablo a mí mismo
y me felicito,
por cada desacierto
que me llevó a dar en la tecla,
a encontrarte,
a mirarte las distancias
que me acortan los suspiros,
a desabrocharte el sostén
y comerte el corazón
sin culpa.
Hoy me acordé,
somos dos hace diez meses,
somos vos y yo
a todo cielo por la calle
y a completo infierno
entre el colchón y las sábanas,
y la sabana de tu animal comefurias
y mi bestia arrancalágrimas
que se evaporan
al calor de las heridas
bajo mi nuca,
cuando me arañás los terremotos
que me crecen en la espalda.
Vos dormís mientras yo
miro el silencio de la noche
entrándote por la boca
y siento como emanás sueños por la nariz
sobre el acolchado azul que te aferra
que te condena a mi cama,
que te esclaviza
a la almohada que partís en dos
como un libro que escribe tu respiración,
dos,
somos dos,
es dos,
estamos
maravillosamente
amarra… dos.
©Todos los derechos reservados por el autor. 22/01/2018 - Marcelo Pavón Suárez - Argentina
Última edición: