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Notas previas al poema «Carta a mi padre»

kalkbadan

Poeta que considera el portal su segunda casa

NOTAS PREVIAS AL POEMA «CARTA A MI PADRE»

«Por mucha juventud que te atribuyas
tu ciprés brotará llegado el día
en que tus huellas casen con las suyas».


Las huellas de mi padre..., ¿quién diría
que tan pronto serían las que piso
aquí en los labios tiernos de mi ría?

Hoy te paseo, padre, y te diviso
en esta mente de edredones grises.
Hoy te muestras al mundo que te quiso.

Y emergen los recuerdos de mi Ulises
con tanta luz que duelen y doy gracias
al piano de la vida por sus bises.

Es con estas presencias con que espacias
las crestas de este mar de interrogantes
y truecas mis cipreses por acacias.

Cómo recuerdo, padre, los instantes
precipitando en tu mirada astral
en un canto de espiras y diamantes.

¡Hechizabas al mundo sin igual!,
hacías primavera del invierno
exhibiendo tus plumas de quetzal.

¡Mi ángel de corazón rocoso y tierno!,
¡¿por qué contigo madrugó la muerte?!,
¿por qué tan pronto te me hiciste eterno?

Los dedos homicidas de la suerte
apagaron la mecha de mi faro
y fui aprendiendo, padre, a no tenerte.

No sufro, ahora, el negro desamparo.
Quizá te piense cada día, sí,
pero ya el gris dejó su paso al claro.

Abrazado a tu luz de carmesí
quiero darte las gracias y brindarte
estos versos que vuelan para ti.

¿Sabes, padre?, ya no eres juez y parte,
el juez se fue contigo aquel diciembre
y seguí tus pisadas hasta hallarte;

¡qué importante es el grano que se siembre
aunque lo cosechado no se escape
de que el tiempo implacable lo desmiembre!

Y es que algo siempre queda en el solape
que rueda en la memoria de la gente,
¡y ya no hay tiempo que la rueda atrape!

Cómo hacías alquimia del presente...
Por ti aprendí el error de quien reclama
el instante perdido en su torrente.

Me enseñaste a cuidar lo que se ama,
me decías: «¡empieza por ti mismo!».
Cuántas veces, al borde de mi cama,

bajo el celaje añil de tu humanismo
calmaste mi consciencia circular
comprendiendo las ondas de mi sismo.

Vuelve, a veces, mi mente a conspirar
y entonces te recuerdo con tu bello
discurso de gaviotas sobre el mar.

Ahora que platea mi cabello
y en tus huellas encajan ya las mías
con estos versos quiero darte aquello

que yo te debo... , ¡y sí!, son letanías,
mas el amor que siento es tan rotundo
como el recuerdo verde de tus días.

Dicen que cuando rozas este mundo
perturbas la existencia de una estrella
en un celeste vínculo fecundo.

De la misma manera que tu huella,
padre, me encaminó la nave alada
fijando mi sextante en tu centella.

Qué bella está la tarde aquí en Granada
paseando entre adelfas y arrayanes,
¡ay! si vieras tu Alhambra así peinada

por este fuego quieto de faisanes.
En la brisa una zambra se estremece
y junto a mí un silencio de sultanes...

La pestaña de plata se endurece
en este cielo rosa que desgrana
el pan del universo que nos mece.

Que te lleven las fuentes con su nana
estos versos de vida que te dejo.
...Y de la alberca emerge tu reflejo
mientras gime a lo lejos la gitana.

Kalkbadan
En Madrid a 28 de enero de 2018
 
Última edición:
CARTA A MI PADRE

«Por mucha juventud que te atribuyas
tu ciprés brotará llegado el día
en que tus huellas casen con las suyas».


Las huellas de mi padre..., ¿quién diría
que tan pronto serían las que piso
aquí en los labios tiernos de mi ría?

Hoy te paseo, padre, y te diviso
en esta mente de edredones grises.
Hoy te muestras al mundo que te quiso.

Y emergen los recuerdos de mi Ulises
con tanta luz que duelen y doy gracias
al piano de la vida por sus bises.

Es con estas presencias con que espacias
las crestas de este mar de interrogantes
y truecas mis cipreses por acacias.

Cómo recuerdo, padre, los instantes
precipitando en tu mirada astral
en un canto de espiras y diamantes.

¡Hechizabas al mundo sin igual!,
hacías primavera del invierno
exhibiendo tus plumas de quetzal.

¡Mi ángel de corazón rocoso y tierno!,
¡¿por qué contigo madrugó la muerte?!,
¿por qué tan pronto te me hiciste eterno?

Los dedos homicidas de la suerte
apagaron la mecha de mi faro
y fui aprendiendo, padre, a no tenerte.

No sufro, ahora, el negro desamparo.
Quizá te piense cada día, sí,
pero ya el gris dejó su paso al claro.

Abrazado a tu luz de carmesí
quiero darte las gracias y brindarte
estos versos que vuelan para ti.

¿Sabes, padre?, ya no eres juez y parte,
el juez se fue contigo aquel diciembre
y seguí tus pisadas hasta hallarte;

¡qué importante es el grano que se siembre
aunque lo cosechado no se escape
de que el tiempo implacable lo desmembre!

Y es que algo siempre queda en el solape
que rueda en la memoria de la gente,
¡y ya no hay tiempo que la rueda atrape!

Cómo hacías alquimia del presente...
Por ti aprendí el error de quien reclama
el instante perdido en su torrente.

Me enseñaste a cuidar lo que se ama,
me decías: «¡empieza por ti mismo!».
Cuántas veces, al borde de mi cama,

bajo el celaje añil de tu humanismo
calmaste mi consciencia circular
comprendiendo las ondas de mi sismo.

Vuelve, a veces, mi mente a conspirar
y entonces te recuerdo con tu bello
discurso de gaviotas sobre el mar.

Ahora que platea mi cabello
y tus huellas encajan con las mías
con estos versos quiero darte aquello

que yo te debo... , ¡y sí!, son letanías,
mas el amor que siento es tan rotundo
como el recuerdo verde de tus días.

Dicen que cuando rozas este mundo
perturbas la existencia de una estrella
en un celeste vínculo fecundo.

De la misma manera que tu huella,
padre, me encaminó la nave alada
fijando mi sextante en tu centella.

Qué bella está la tarde aquí en Granada
paseando entre adelfas y arrayanes,
¡ay! si vieras tu Alhambra así peinada

por este fuego quieto de faisanes...
En la brisa una zambra se estremece
y junto a mí un silencio de sultanes;

la pestaña de plata se endurece
en el cielo escarlata que desgrana
el pan de este universo que nos mece.

Que te lleven las fuentes con su nana
estos versos de vida que te dejo.
...Y de la alberca emerge tu reflejo
mientras gime a lo lejos la gitana.

Kalkbadan
En Madrid a 28 de enero de 2018


Tremendo, poeta, no tengo palabras. Se me hace un nudo en la garganta.
Me recuerda un poema de un buen amigo, al que por desgracia no veo hace tiempo, en este caso a su madre:


La madre

Si te miro menguada y vacilante
bajo el cruento fardo de los años
se me adentra la angustia, sin retorno,
en un mar de recuerdos tan lejanos
como aquella tersura de tu rostro
o el trajinar constante de tus manos.
Si descubro flaqueza en tus palabras
y en las minusvalías que ha sumado
tu cuerpo con el paso de la vida
y que, sin tú quererlo, ha ido minando
esa roca que fuiste en otro tiempo,


caricatura hoy de aquel pasado,
tensan mi corazón los bastidores
de la desolación y el desencanto.

Si te contemplo torpe en movimientos
y comida de reumas, y tratando
de poner disimulos a los ojos
y a la lenta torpeza de tus pasos,
se me convierte en hieles la ternura
y aventa un avispero mi remanso.

Quiero levar el ancla de los sueños
y virar en redondo al mar de antaño
por contemplarte hermosa, como eras
cuando bullía en tus venas el verano
y la carne, de fresca, relucía
libre de afeites, limpia, rezumando
olor a Heno de Pravia y a lavanda
bajo el blancor del lienzo almidonado.

Lo amo todo de ti, esas torpezas
y esos grises cabellos repeinados,
y las sabias arrugas de tu rostro,
y el enrojecimiento de los párpados
cuando sientes y lloras, en silencio,
que no te queda nada, que ya has dado
hasta el último soplo de tu aliento.

Lo dicho, admirado poeta, un texto extraodinario.

Mi abrazo estremecido.
 
Última edición:
CARTA A MI PADRE

«Por mucha juventud que te atribuyas
tu ciprés brotará llegado el día
en que tus huellas casen con las suyas».


Las huellas de mi padre..., ¿quién diría
que tan pronto serían las que piso
aquí en los labios tiernos de mi ría?

Hoy te paseo, padre, y te diviso
en esta mente de edredones grises.
Hoy te muestras al mundo que te quiso.

Y emergen los recuerdos de mi Ulises
con tanta luz que duelen y doy gracias
al piano de la vida por sus bises.

Es con estas presencias con que espacias
las crestas de este mar de interrogantes
y truecas mis cipreses por acacias.

Cómo recuerdo, padre, los instantes
precipitando en tu mirada astral
en un canto de espiras y diamantes.

¡Hechizabas al mundo sin igual!,
hacías primavera del invierno
exhibiendo tus plumas de quetzal.

¡Mi ángel de corazón rocoso y tierno!,
¡¿por qué contigo madrugó la muerte?!,
¿por qué tan pronto te me hiciste eterno?

Los dedos homicidas de la suerte
apagaron la mecha de mi faro
y fui aprendiendo, padre, a no tenerte.

No sufro, ahora, el negro desamparo.
Quizá te piense cada día, sí,
pero ya el gris dejó su paso al claro.

Abrazado a tu luz de carmesí
quiero darte las gracias y brindarte
estos versos que vuelan para ti.

¿Sabes, padre?, ya no eres juez y parte,
el juez se fue contigo aquel diciembre
y seguí tus pisadas hasta hallarte;

¡qué importante es el grano que se siembre
aunque lo cosechado no se escape
de que el tiempo implacable lo desmembre!

Y es que algo siempre queda en el solape
que rueda en la memoria de la gente,
¡y ya no hay tiempo que la rueda atrape!

Cómo hacías alquimia del presente...
Por ti aprendí el error de quien reclama
el instante perdido en su torrente.

Me enseñaste a cuidar lo que se ama,
me decías: «¡empieza por ti mismo!».
Cuántas veces, al borde de mi cama,

bajo el celaje añil de tu humanismo
calmaste mi consciencia circular
comprendiendo las ondas de mi sismo.

Vuelve, a veces, mi mente a conspirar
y entonces te recuerdo con tu bello
discurso de gaviotas sobre el mar.

Ahora que platea mi cabello
y tus huellas encajan con las mías
con estos versos quiero darte aquello

que yo te debo... , ¡y sí!, son letanías,
mas el amor que siento es tan rotundo
como el recuerdo verde de tus días.

Dicen que cuando rozas este mundo
perturbas la existencia de una estrella
en un celeste vínculo fecundo.

De la misma manera que tu huella,
padre, me encaminó la nave alada
fijando mi sextante en tu centella.

Qué bella está la tarde aquí en Granada
paseando entre adelfas y arrayanes,
¡ay! si vieras tu Alhambra así peinada

por este fuego quieto de faisanes...
En la brisa una zambra se estremece
y junto a mí un silencio de sultanes;

la pestaña de plata se endurece
en el cielo escarlata que desgrana
el pan de este universo que nos mece.

Que te lleven las fuentes con su nana
estos versos de vida que te dejo.
...Y de la alberca emerge tu reflejo
mientras gime a lo lejos la gitana.

Kalkbadan
En Madrid a 28 de enero de 2018

Muy bueno, Kalkbadan. De lo mejor que he leído en este foro, un poema lleno de emoción sostenida, extenso y manteniendo la calidad de principio a fin.

Un saludo cordial, Oncina.
 
Tremendo, poeta, no tengo palabras. Se me hace un nudo en la garganta.
Me recuerda un poema de un buen amigo, al que por desgracia no veo hace tiempo, en este caso a su madre:


La madre

Si te miro menguada y vacilante
bajo el cruento fardo de los años
se me adentra la angustia, sin retorno,
en un mar de recuerdos tan lejanos
como aquella tersura de tu rostro
o el trajinar constante de tus manos.
Si descubro flaqueza en tus palabras
y en las minusvalías que ha sumado
tu cuerpo con el paso de la vida
y que, sin tú quererlo, ha ido minando
esa roca que fuiste en otro tiempo,


caricatura hoy de aquel pasado,
tensan mi corazón los bastidores
de la desolación y el desencanto.

Si te contemplo torpe en movimientos
y comida de reumas, y tratando
de poner disimulos a los ojos
y a la lenta torpeza de tus pasos,
se me convierte en hieles la ternura
y aventa un avispero mi remanso.

Quiero levar el ancla de los sueños
y virar en redondo al mar de antaño
por contemplarte hermosa, como eras
cuando bullía en tus venas el verano
y la carne, de fresca, relucía
libre de afeites, limpia, rezumando
olor a Heno de Pravia y a lavanda
bajo el blancor del lienzo almidonado.

Lo amo todo de ti, esas torpezas
y esos grises cabellos repeinados,
y las sabias arrugas de tu rostro,
y el enrojecimiento de los párpados
cuando sientes y lloras, en silencio,
que no te queda nada, que ya has dado
hasta el último soplo de tu aliento.

Lo dicho, admirado poeta, un texto extraodinario.

Mi abrazo estremecido.

Querido Vicente, quedo muy agradecido por tu paso. Bellísimo el poema que me adjuntas y del que me alegro haber contribuido a rescatar de tu memoria poética, compañero.
Llevo muchos poemas dedicados a mi padre, pero todos ellos mantienen un mismo tono luctuoso, en el que me presento cómo víctima de la cara homicida de la vida. Hablo de esa gelatina de tristeza que todo lo abarca cuando uno contempla el inmenso cráter que dejó la partida de aquella persona que lo fue todo para ti. Y ahí te quedas solo y desnudo ante un mundo que no comprendes y ante esa pradera descarnada de interrogantes.
Pero el tiempo hizo su juego y ya el recuerdo no sufre del desencanto de entonces.
Y este poema nace con el propósito de agradecer sin tanto victimismo todo lo que dejó sembrado.
Creo que ha llegado el momento de escribir para él y no tanto para mí.
Gracias por tu comentario, poeta.
Un abrazo.
 
Última edición:
Muy bueno, Kalkbadan. De lo mejor que he leído en este foro, un poema lleno de emoción sostenida, extenso y manteniendo la calidad de principio a fin.

Un saludo cordial, Oncina.

Hola, Oncina:
Me alegra de veras saber que estos versos fueron de tu gusto.
Siempre he pensado que resulta un ejercicio especialmente interesante publicar los poemas intimistas. No son pocas las ocasiones en las que estos versos, hijos de aquella naturaleza sin par de las experiencias vitales de cada uno, se hacen sensitivamente herméticos para quien los lee.
Gracias por tu paso.
Un saludo, poeta.
 
Última edición:
Hola Andreas, ¡qué grandeza nos muestra tu poema! ¡enorme!, debe ser un gran orgullo dejar esa huella en nuestros hijos, afortunado tú, afortunado él.
De que eres un gran poeta, nunca tuve ninguna duda, pues muchos son los poema tuyos que me han dejado deslumbrada y conmovida; te he leído otros a tu padre, pero este convierte el dolor en apacible sendero, en rincones de su recuerdo...si, aquí nos descubres quien era tu padre...
¡Hechizabas al mundo sin igual!,
hacías primavera del invierno
exhibiendo tus plumas de quetzal.
Me ha conmovido enormemente y desde luego el arte de tu pluma ha dejado la constancia de tu excelente poesía, ¡ojala dejásemos esa huella en nuestros hijos!

Dicen que cuando rozas este mundo
perturbas la existencia de una estrella
en un celeste vínculo fecundo.

De la misma manera que tu huella,
padre, me encaminó la nave alada
fijando mi sextante en tu centella.


Gracias por brindarme este momento, por compartir en tan hermosos versos, tu intimo sentir.
Un abrazo con admiración y afecto.
Isabel​
 
Última edición:
Hola Andreas, ¡qué grandeza de poema! ¡enorme!, debe ser un enorme orgullo dejar esa huella en nuestros hijos, afortunado tú, afortunado él.
De que eres un gran poeta, nunca tuve ninguna duda, pues muchos son los poema tuyos que me han dejado deslumbrada y conmovida; te he leído otros a tu padre, pero este convierte el dolor en apacible sendero, en rincones de su recuerdo...si, aquí nos descubres quien era tu padre...
¡Hechizabas al mundo sin igual!,
hacías primavera del invierno
exhibiendo tus plumas de quetzal.
Me ha conmovido enormemente y desde luego tu el arte de tu pluma ha dejado la constancia de tu excelente poesía, ¡ojala dejásemos esa huella en nuestros hijos!

Dicen que cuando rozas este mundo
perturbas la existencia de una estrella
en un celeste vínculo fecundo.

De la misma manera que tu huella,
padre, me encaminó la nave alada
fijando mi sextante en tu centella.


Gracias por brindarme este momento, por compartir en tan hermosos versos, tu intimo sentir.
Un abrazo con admiración y afecto.
Isabel​

Isabel... muchas gracias por la ternura de tu comentario. Es un poema importante para mí por lo que significa. Esa edad en la que recuerdas perfectamente a tus padres, con una nitidez extrema. Y de pronto llegas a esa edad y te encuentras caminando sus pasos, y uno reflexiona sobre lo jóvenes que eran ¡y lo mayores que resultaban para la pupila del joven niño!, jaja. Hablo de esa edad, compañera, en la que tus huellas encajan perfectamente con las que fueron las pisadas de tus padres y, por fin, entiendes tantas cosas...
Un gusto, como siempre, tu paso por este puñado letras.
Un abrazo, poeta.
 
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CARTA A MI PADRE

«Por mucha juventud que te atribuyas
tu ciprés brotará llegado el día
en que tus huellas casen con las suyas».


Las huellas de mi padre..., ¿quién diría
que tan pronto serían las que piso
aquí en los labios tiernos de mi ría?

Hoy te paseo, padre, y te diviso
en esta mente de edredones grises.
Hoy te muestras al mundo que te quiso.

Y emergen los recuerdos de mi Ulises
con tanta luz que duelen y doy gracias
al piano de la vida por sus bises.

Es con estas presencias con que espacias
las crestas de este mar de interrogantes
y truecas mis cipreses por acacias.

Cómo recuerdo, padre, los instantes
precipitando en tu mirada astral
en un canto de espiras y diamantes.

¡Hechizabas al mundo sin igual!,
hacías primavera del invierno
exhibiendo tus plumas de quetzal.

¡Mi ángel de corazón rocoso y tierno!,
¡¿por qué contigo madrugó la muerte?!,
¿por qué tan pronto te me hiciste eterno?

Los dedos homicidas de la suerte
apagaron la mecha de mi faro
y fui aprendiendo, padre, a no tenerte.

No sufro, ahora, el negro desamparo.
Quizá te piense cada día, sí,
pero ya el gris dejó su paso al claro.

Abrazado a tu luz de carmesí
quiero darte las gracias y brindarte
estos versos que vuelan para ti.

¿Sabes, padre?, ya no eres juez y parte,
el juez se fue contigo aquel diciembre
y seguí tus pisadas hasta hallarte;

¡qué importante es el grano que se siembre
aunque lo cosechado no se escape
de que el tiempo implacable lo desmembre!

Y es que algo siempre queda en el solape
que rueda en la memoria de la gente,
¡y ya no hay tiempo que la rueda atrape!

Cómo hacías alquimia del presente...
Por ti aprendí el error de quien reclama
el instante perdido en su torrente.

Me enseñaste a cuidar lo que se ama,
me decías: «¡empieza por ti mismo!».
Cuántas veces, al borde de mi cama,

bajo el celaje añil de tu humanismo
calmaste mi consciencia circular
comprendiendo las ondas de mi sismo.

Vuelve, a veces, mi mente a conspirar
y entonces te recuerdo con tu bello
discurso de gaviotas sobre el mar.

Ahora que platea mi cabello
y tus huellas encajan con las mías
con estos versos quiero darte aquello

que yo te debo... , ¡y sí!, son letanías,
mas el amor que siento es tan rotundo
como el recuerdo verde de tus días.

Dicen que cuando rozas este mundo
perturbas la existencia de una estrella
en un celeste vínculo fecundo.

De la misma manera que tu huella,
padre, me encaminó la nave alada
fijando mi sextante en tu centella.

Qué bella está la tarde aquí en Granada
paseando entre adelfas y arrayanes,
¡ay! si vieras tu Alhambra así peinada

por este fuego quieto de faisanes...
En la brisa una zambra se estremece
y junto a mí un silencio de sultanes;

la pestaña de plata se endurece
en el cielo escarlata que desgrana
el pan de este universo que nos mece.

Que te lleven las fuentes con su nana
estos versos de vida que te dejo.
...Y de la alberca emerge tu reflejo
mientras gime a lo lejos la gitana.

Kalkbadan
En Madrid a 28 de enero de 2018

Estos tercetos encadenados te han quedado magníficos, Andreas, como para guardar entre lo mejor que se edita en este foro.

Mi más sincera felicitación.

Un abrazo, poeta.
 
Me alegro, Juan, de que te gustaran estos versos, escritos de paseo en paseo.
Un abrazo, compañero, y sigue bien.
Tienes razón en eso que me dices, Andreas; paseando se estimula mucho la inspiración sin duda, por eso yo, que en eso soy algo antiguo y no hago uso del móvil sin para llamar o contestar llamadas, pues llevo siempre encima una libretita y un boli por si me viene a visitar la musa por el camino, y más de una vez he tenido que tomar asiento porque me ha salido un poema entero durante el paseo y no quería que se me olvidara nada.

Supongo que a ti este largo poema en magníficos tercetos te llevaría varios paseos que, desde luego, fueron muy fructíferos.

Mi felicitación nuevamente.

Abrazo.
 
Tienes razón en eso que me dices, Andreas; paseando se estimula mucho la inspiración sin duda, por eso yo, que en eso soy algo antiguo y no hago uso del móvil sin para llamar o contestar llamadas, pues llevo siempre encima una libretita y un boli por si me viene a visitar la musa por el camino, y más de una vez he tenido que tomar asiento porque me ha salido un poema entero durante el paseo y no quería que se me olvidara nada.

Supongo que a ti este largo poema en magníficos tercetos te llevaría varios paseos que, desde luego, fueron muy fructíferos.

Mi felicitación nuevamente.

Abrazo.

¡La libreta! Vaya que si es importante para cazar esos momentos de inspiración en los que el verso aparece, así de repente.
Realmente más que paseos (que fueron muchos) te diría que me ha llevado toda una vida escribir el poema. Este tipo de poemas creo están ya muy definidos para cuando uno se sienta frente al folio en blanco, ¿verdad?
Parte de los versos se los debo a Granada. Qué bella ciudad...
Un abrazo, Juan. Un gusto tu paso.
 
Última edición:
CARTA A MI PADRE

«Por mucha juventud que te atribuyas
tu ciprés brotará llegado el día
en que tus huellas casen con las suyas».


Las huellas de mi padre..., ¿quién diría
que tan pronto serían las que piso
aquí en los labios tiernos de mi ría?

Hoy te paseo, padre, y te diviso
en esta mente de edredones grises.
Hoy te muestras al mundo que te quiso.

Y emergen los recuerdos de mi Ulises
con tanta luz que duelen y doy gracias
al piano de la vida por sus bises.

Es con estas presencias con que espacias
las crestas de este mar de interrogantes
y truecas mis cipreses por acacias.

Cómo recuerdo, padre, los instantes
precipitando en tu mirada astral
en un canto de espiras y diamantes.

¡Hechizabas al mundo sin igual!,
hacías primavera del invierno
exhibiendo tus plumas de quetzal.

¡Mi ángel de corazón rocoso y tierno!,
¡¿por qué contigo madrugó la muerte?!,
¿por qué tan pronto te me hiciste eterno?

Los dedos homicidas de la suerte
apagaron la mecha de mi faro
y fui aprendiendo, padre, a no tenerte.

No sufro, ahora, el negro desamparo.
Quizá te piense cada día, sí,
pero ya el gris dejó su paso al claro.

Abrazado a tu luz de carmesí
quiero darte las gracias y brindarte
estos versos que vuelan para ti.

¿Sabes, padre?, ya no eres juez y parte,
el juez se fue contigo aquel diciembre
y seguí tus pisadas hasta hallarte;

¡qué importante es el grano que se siembre
aunque lo cosechado no se escape
de que el tiempo implacable lo desmembre!

Y es que algo siempre queda en el solape
que rueda en la memoria de la gente,
¡y ya no hay tiempo que la rueda atrape!

Cómo hacías alquimia del presente...
Por ti aprendí el error de quien reclama
el instante perdido en su torrente.

Me enseñaste a cuidar lo que se ama,
me decías: «¡empieza por ti mismo!».
Cuántas veces, al borde de mi cama,

bajo el celaje añil de tu humanismo
calmaste mi consciencia circular
comprendiendo las ondas de mi sismo.

Vuelve, a veces, mi mente a conspirar
y entonces te recuerdo con tu bello
discurso de gaviotas sobre el mar.

Ahora que platea mi cabello
y en tus huellas encajan ya las mías
con estos versos quiero darte aquello

que yo te debo... , ¡y sí!, son letanías,
mas el amor que siento es tan rotundo
como el recuerdo verde de tus días.

Dicen que cuando rozas este mundo
perturbas la existencia de una estrella
en un celeste vínculo fecundo.

De la misma manera que tu huella,
padre, me encaminó la nave alada
fijando mi sextante en tu centella.

Qué bella está la tarde aquí en Granada
paseando entre adelfas y arrayanes,
¡ay! si vieras tu Alhambra así peinada

por este fuego quieto de faisanes...
En la brisa una zambra se estremece
y junto a mí un silencio de sultanes.

La pestaña de plata se endurece
en el cielo escarlata que desgrana
el pan de este universo que nos mece.

Que te lleven las fuentes con su nana
estos versos de vida que te dejo.
...Y de la alberca emerge tu reflejo
mientras gime a lo lejos la gitana.

Kalkbadan
En Madrid a 28 de enero de 2018
Es difícil digerirlo, palabras que a veces nos tocan por alguna razón, somos seres humanos, unos más sensibles que otros, te diré que estoy hecha un polvo como decimos en mi pueblo, la gripa no me ayuda y tus palabras me han dejado un nudo en la garganta, que bonito es transcribir un sentimiento tan profundo, pero la vida nos da fuerzas para poder sacar todo lo que sentimos de una u otra manera, te diré algo Andreas a veces tienes una manera de conmoverme muy especial, te lo he dicho muchas veces y me conmueve mucho tu humildad y lo valiosa persona que eres, seguramente llenas de orgullo a los tuyos, sigue así, grato leerte, un beso. Denn.
 
Es difícil digerirlo, palabras que a veces nos tocan por alguna razón, somos seres humanos, unos más sensibles que otros, te diré que estoy hecha un polvo como decimos en mi pueblo, la gripa no me ayuda y tus palabras me han dejado un nudo en la garganta, que bonito es transcribir un sentimiento tan profundo, pero la vida nos da fuerzas para poder sacar todo lo que sentimos de una u otra manera, te diré algo Andreas a veces tienes una manera de conmoverme muy especial, te lo he dicho muchas veces y me conmueve mucho tu humildad y lo valiosa persona que eres, seguramente llenas de orgullo a los tuyos, sigue así, grato leerte, un beso. Denn.

Muchas gracias, Marianne, por estas bellas palabras que me dejas.
Es un verdadero honor saber que estos versos llegaron a tu universo sensible.
Gracias por pasar, compañera, y por la ternura.
Un beso.
 
CARTA A MI PADRE

«Por mucha juventud que te atribuyas
tu ciprés brotará llegado el día
en que tus huellas casen con las suyas».


Las huellas de mi padre..., ¿quién diría
que tan pronto serían las que piso
aquí en los labios tiernos de mi ría?

Hoy te paseo, padre, y te diviso
en esta mente de edredones grises.
Hoy te muestras al mundo que te quiso.

Y emergen los recuerdos de mi Ulises
con tanta luz que duelen y doy gracias
al piano de la vida por sus bises.

Es con estas presencias con que espacias
las crestas de este mar de interrogantes
y truecas mis cipreses por acacias.

Cómo recuerdo, padre, los instantes
precipitando en tu mirada astral
en un canto de espiras y diamantes.

¡Hechizabas al mundo sin igual!,
hacías primavera del invierno
exhibiendo tus plumas de quetzal.

¡Mi ángel de corazón rocoso y tierno!,
¡¿por qué contigo madrugó la muerte?!,
¿por qué tan pronto te me hiciste eterno?

Los dedos homicidas de la suerte
apagaron la mecha de mi faro
y fui aprendiendo, padre, a no tenerte.

No sufro, ahora, el negro desamparo.
Quizá te piense cada día, sí,
pero ya el gris dejó su paso al claro.

Abrazado a tu luz de carmesí
quiero darte las gracias y brindarte
estos versos que vuelan para ti.

¿Sabes, padre?, ya no eres juez y parte,
el juez se fue contigo aquel diciembre
y seguí tus pisadas hasta hallarte;

¡qué importante es el grano que se siembre
aunque lo cosechado no se escape
de que el tiempo implacable lo desmembre!

Y es que algo siempre queda en el solape
que rueda en la memoria de la gente,
¡y ya no hay tiempo que la rueda atrape!

Cómo hacías alquimia del presente...
Por ti aprendí el error de quien reclama
el instante perdido en su torrente.

Me enseñaste a cuidar lo que se ama,
me decías: «¡empieza por ti mismo!».
Cuántas veces, al borde de mi cama,

bajo el celaje añil de tu humanismo
calmaste mi consciencia circular
comprendiendo las ondas de mi sismo.

Vuelve, a veces, mi mente a conspirar
y entonces te recuerdo con tu bello
discurso de gaviotas sobre el mar.

Ahora que platea mi cabello
y en tus huellas encajan ya las mías
con estos versos quiero darte aquello

que yo te debo... , ¡y sí!, son letanías,
mas el amor que siento es tan rotundo
como el recuerdo verde de tus días.

Dicen que cuando rozas este mundo
perturbas la existencia de una estrella
en un celeste vínculo fecundo.

De la misma manera que tu huella,
padre, me encaminó la nave alada
fijando mi sextante en tu centella.

Qué bella está la tarde aquí en Granada
paseando entre adelfas y arrayanes,
¡ay! si vieras tu Alhambra así peinada

por este fuego quieto de faisanes.
En la brisa una zambra se estremece
y junto a mí un silencio de sultanes...

La pestaña de plata se endurece
en este cielo rosa que desgrana
el pan del universo que nos mece.

Que te lleven las fuentes con su nana
estos versos de vida que te dejo.
...Y de la alberca emerge tu reflejo
mientras gime a lo lejos la gitana.

Kalkbadan
En Madrid a 28 de enero de 2018

Me encantó este poema tanto en el fondo como en la forma. Es realmente estremecedor. Encadenas de una manera muy natural la lírica de esos tercetos.

Un Saludo cordial.

Mouse.
 
Me encantó este poema tanto en el fondo como en la forma. Es realmente estremecedor. Encadenas de una manera muy natural la lírica de esos tercetos.

Un Saludo cordial.

Mouse.

¡Hola, Mouse! Me alegra que te llegaran estos versos, compañero.
Un poema que tenía hace tiempo en mente y que germinó hace un par de semanas.
Es un gusto saber que no cayeron en el hermetismo que a veces acompaña al intimismo.
Un saludo, y gracias por pasar.
 
Última edición:
¡Hola, Mouse! Me alegra que te llegaran estos versos, compañero.
Un poema que tenía hace tiempo en mente y que germinó hace un par de semanas.
Es un gusto saber que no cayeron en el hermetismo que a veces acompaña al intimismo.
Un saludo, y gracias por pasar.

Mi padre se murió ya va para 3 años ¡Cómo pasa el tiempo! Todavía se me hace un nudo en la garganta. No soy capaz de escribir nada. Soy una persona que no sabe aceptar la muerte y por esta razón me torturo.

Un Abrazo amigo.

Mouse.
 
Le sacas brillo a la forma tan clásica de la epístola, los tercetos encadenados, en este lúcido poema, querido Andreas. La meridiana claridad de metáforas e imágenes (no siempre tuya) parece dar fe de esa madurez que reconoces al medir tus huellas con las de tu padre; un atardecer en el Generalife parece establecer su calma y su rumor de fuente en el ritmo sosegado de tus versos. La autenticidad del recuerdo te aleja de la elegía, dando a la muerte su crudo lugar a tu lado.

Aún maduro los frutos de mi visita a la Alhambra, tan cercana a la tuya que creí oír tu risa al bajar por la escala del agua.

abrazo
J.
 
Le sacas brillo a la forma tan clásica de la epístola, los tercetos encadenados, en este lúcido poema, querido Andreas. La meridiana claridad de metáforas e imágenes (no siempre tuya) parece dar fe de esa madurez que reconoces al medir tus huellas con las de tu padre; un atardecer en el Generalife parece establecer su calma y su rumor de fuente en el ritmo sosegado de tus versos. La autenticidad del recuerdo te aleja de la elegía, dando a la muerte su crudo lugar a tu lado.

Aún maduro los frutos de mi visita a la Alhambra, tan cercana a la tuya que creí oír tu risa al bajar por la escala del agua.

abrazo
J.

¡Jorge! Qué gusto escuchar estas palabras viniendo de ti. Me las guardo.
Pues sí..., fue en Granada cuando me vino a visitar el cierre de este poema.
Igualmente os imaginé paseando por esa maravillosa ciudad. ¡Encajamos por momentos nuestros pasos seguro, compañero!
Me reafirmo en que la Alhambra es uno de los lugares más bellos que jamás he pisado.
Un abrazo fuerte.
 
Última edición:
CARTA A MI PADRE

«Por mucha juventud que te atribuyas
tu ciprés brotará llegado el día
en que tus huellas casen con las suyas».


Las huellas de mi padre..., ¿quién diría
que tan pronto serían las que piso
aquí en los labios tiernos de mi ría?

Hoy te paseo, padre, y te diviso
en esta mente de edredones grises.
Hoy te muestras al mundo que te quiso.

Y emergen los recuerdos de mi Ulises
con tanta luz que duelen y doy gracias
al piano de la vida por sus bises.

Es con estas presencias con que espacias
las crestas de este mar de interrogantes
y truecas mis cipreses por acacias.

Cómo recuerdo, padre, los instantes
precipitando en tu mirada astral
en un canto de espiras y diamantes.

¡Hechizabas al mundo sin igual!,
hacías primavera del invierno
exhibiendo tus plumas de quetzal.

¡Mi ángel de corazón rocoso y tierno!,
¡¿por qué contigo madrugó la muerte?!,
¿por qué tan pronto te me hiciste eterno?

Los dedos homicidas de la suerte
apagaron la mecha de mi faro
y fui aprendiendo, padre, a no tenerte.

No sufro, ahora, el negro desamparo.
Quizá te piense cada día, sí,
pero ya el gris dejó su paso al claro.

Abrazado a tu luz de carmesí
quiero darte las gracias y brindarte
estos versos que vuelan para ti.

¿Sabes, padre?, ya no eres juez y parte,
el juez se fue contigo aquel diciembre
y seguí tus pisadas hasta hallarte;

¡qué importante es el grano que se siembre
aunque lo cosechado no se escape
de que el tiempo implacable lo desmembre!

Y es que algo siempre queda en el solape
que rueda en la memoria de la gente,
¡y ya no hay tiempo que la rueda atrape!

Cómo hacías alquimia del presente...
Por ti aprendí el error de quien reclama
el instante perdido en su torrente.

Me enseñaste a cuidar lo que se ama,
me decías: «¡empieza por ti mismo!».
Cuántas veces, al borde de mi cama,

bajo el celaje añil de tu humanismo
calmaste mi consciencia circular
comprendiendo las ondas de mi sismo.

Vuelve, a veces, mi mente a conspirar
y entonces te recuerdo con tu bello
discurso de gaviotas sobre el mar.

Ahora que platea mi cabello
y en tus huellas encajan ya las mías
con estos versos quiero darte aquello

que yo te debo... , ¡y sí!, son letanías,
mas el amor que siento es tan rotundo
como el recuerdo verde de tus días.

Dicen que cuando rozas este mundo
perturbas la existencia de una estrella
en un celeste vínculo fecundo.

De la misma manera que tu huella,
padre, me encaminó la nave alada
fijando mi sextante en tu centella.

Qué bella está la tarde aquí en Granada
paseando entre adelfas y arrayanes,
¡ay! si vieras tu Alhambra así peinada

por este fuego quieto de faisanes.
En la brisa una zambra se estremece
y junto a mí un silencio de sultanes...

La pestaña de plata se endurece
en este cielo rosa que desgrana
el pan del universo que nos mece.

Que te lleven las fuentes con su nana
estos versos de vida que te dejo.
...Y de la alberca emerge tu reflejo
mientras gime a lo lejos la gitana.

Kalkbadan
En Madrid a 28 de enero de 2018
Felicidades!!!
Jazmin
 
CARTA A MI PADRE

«Por mucha juventud que te atribuyas
tu ciprés brotará llegado el día
en que tus huellas casen con las suyas».


Las huellas de mi padre..., ¿quién diría
que tan pronto serían las que piso
aquí en los labios tiernos de mi ría?

Hoy te paseo, padre, y te diviso
en esta mente de edredones grises.
Hoy te muestras al mundo que te quiso.

Y emergen los recuerdos de mi Ulises
con tanta luz que duelen y doy gracias
al piano de la vida por sus bises.

Es con estas presencias con que espacias
las crestas de este mar de interrogantes
y truecas mis cipreses por acacias.

Cómo recuerdo, padre, los instantes
precipitando en tu mirada astral
en un canto de espiras y diamantes.

¡Hechizabas al mundo sin igual!,
hacías primavera del invierno
exhibiendo tus plumas de quetzal.

¡Mi ángel de corazón rocoso y tierno!,
¡¿por qué contigo madrugó la muerte?!,
¿por qué tan pronto te me hiciste eterno?

Los dedos homicidas de la suerte
apagaron la mecha de mi faro
y fui aprendiendo, padre, a no tenerte.

No sufro, ahora, el negro desamparo.
Quizá te piense cada día, sí,
pero ya el gris dejó su paso al claro.

Abrazado a tu luz de carmesí
quiero darte las gracias y brindarte
estos versos que vuelan para ti.

¿Sabes, padre?, ya no eres juez y parte,
el juez se fue contigo aquel diciembre
y seguí tus pisadas hasta hallarte;

¡qué importante es el grano que se siembre
aunque lo cosechado no se escape
de que el tiempo implacable lo desmembre!

Y es que algo siempre queda en el solape
que rueda en la memoria de la gente,
¡y ya no hay tiempo que la rueda atrape!

Cómo hacías alquimia del presente...
Por ti aprendí el error de quien reclama
el instante perdido en su torrente.

Me enseñaste a cuidar lo que se ama,
me decías: «¡empieza por ti mismo!».
Cuántas veces, al borde de mi cama,

bajo el celaje añil de tu humanismo
calmaste mi consciencia circular
comprendiendo las ondas de mi sismo.

Vuelve, a veces, mi mente a conspirar
y entonces te recuerdo con tu bello
discurso de gaviotas sobre el mar.

Ahora que platea mi cabello
y en tus huellas encajan ya las mías
con estos versos quiero darte aquello

que yo te debo... , ¡y sí!, son letanías,
mas el amor que siento es tan rotundo
como el recuerdo verde de tus días.

Dicen que cuando rozas este mundo
perturbas la existencia de una estrella
en un celeste vínculo fecundo.

De la misma manera que tu huella,
padre, me encaminó la nave alada
fijando mi sextante en tu centella.

Qué bella está la tarde aquí en Granada
paseando entre adelfas y arrayanes,
¡ay! si vieras tu Alhambra así peinada

por este fuego quieto de faisanes.
En la brisa una zambra se estremece
y junto a mí un silencio de sultanes...

La pestaña de plata se endurece
en este cielo rosa que desgrana
el pan del universo que nos mece.

Que te lleven las fuentes con su nana
estos versos de vida que te dejo.
...Y de la alberca emerge tu reflejo
mientras gime a lo lejos la gitana.

Kalkbadan
En Madrid a 28 de enero de 2018
Enhoabuena y gracias por deleitarnos con este sentido y pulcro poema.
Todo un recorrido de vivencias íntimas, compartidas con él y añoradas, con la serenidad y la paz que dan los años.
Un abrazo.
Jazmin
 
Enhoabuena y gracias por deleitarnos con este sentido y pulcro poema.
Todo un recorrido de vivencias íntimas, compartidas con él y añoradas, con la serenidad y la paz que dan los años.
Un abrazo.
Jazmin

¡Hola, Jazmín! Gracias a ti por pasar. Me alegra saber la impresión que tienes de estos versos.
Un abrazo.
 
Hola, kalkbadan. Me ha encantado este poema que, a pesar de todo, rebosa mucha vida. Se nota toda la pasión que has puesto en estos versos. La forma de tercetos encadenados, casi preceptiva en la epístola tradicional, combina muy bien con el tono de calmado recuerdo y despedida. Al igual que las rimas brotan progresivamente entre las estrofas, van naciendo los recuerdos y las confesiones. Tienes momentos inolvidables:

y entonces te recuerdo con tu bello
discurso de gaviotas sobre el mar.

Enhorabuena y saludos desde (muy cerca) de Granada.
 
Hola, kalkbadan. Me ha encantado este poema que, a pesar de todo, rebosa mucha vida. Se nota toda la pasión que has puesto en estos versos. La forma de tercetos encadenados, casi preceptiva en la epístola tradicional, combina muy bien con el tono de calmado recuerdo y despedida. Al igual que las rimas brotan progresivamente entre las estrofas, van naciendo los recuerdos y las confesiones. Tienes momentos inolvidables:



Enhorabuena y saludos desde (muy cerca) de Granada.

¡Hola, Pablo! Me alegro de que te guste este ramillete de versos.
Era un poema que le debía, y lo cerré caminando por la bellísima Granada.

Encantado de los lúcidos comentarios que vas dejando por mundopoesía. Mucho se aprende de ellos.
¡Sigue bien, compañero!
 
CARTA A MI PADRE

«Por mucha juventud que te atribuyas
tu ciprés brotará llegado el día
en que tus huellas casen con las suyas».


Las huellas de mi padre..., ¿quién diría
que tan pronto serían las que piso
aquí en los labios tiernos de mi ría?

Hoy te paseo, padre, y te diviso
en esta mente de edredones grises.
Hoy te muestras al mundo que te quiso.

Y emergen los recuerdos de mi Ulises
con tanta luz que duelen y doy gracias
al piano de la vida por sus bises.

Es con estas presencias con que espacias
las crestas de este mar de interrogantes
y truecas mis cipreses por acacias.

Cómo recuerdo, padre, los instantes
precipitando en tu mirada astral
en un canto de espiras y diamantes.

¡Hechizabas al mundo sin igual!,
hacías primavera del invierno
exhibiendo tus

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Querido amigo. ¡Cuantas veces he releido tu poema!
Casi me lo sé de memoria. Por no hacerme pesada no te lo digo todos los días. Pero hoy no me he podido resistir. Como no tengo palabras renuncio a describirlo, no te diré más.
Un abrazo.
Jazmin
 
CARTA A MI PADRE

«Por mucha juventud que te atribuyas
tu ciprés brotará llegado el día
en que tus huellas casen con las suyas».


Las huellas de mi padre..., ¿quién diría
que tan pronto serían las que piso
aquí en los labios tiernos de mi ría?

Hoy te paseo, padre, y te diviso
en esta mente de edredones grises.
Hoy te muestras al mundo que te quiso.

Y emergen los recuerdos de mi Ulises
con tanta luz que duelen y doy gracias
al piano de la vida por sus bises.

Es con estas presencias con que espacias
las crestas de este mar de interrogantes
y truecas mis cipreses por acacias.

Cómo recuerdo, padre, los instantes
precipitando en tu mirada astral
en un canto de espiras y diamantes.

¡Hechizabas al mundo sin igual!,
hacías primavera del invierno
exhibiendo tus plumas de quetzal.

¡Mi ángel de corazón rocoso y tierno!,
¡¿por qué contigo madrugó la muerte?!,
¿por qué tan pronto te me hiciste eterno?

Los dedos homicidas de la suerte
apagaron la mecha de mi faro
y fui aprendiendo, padre, a no tenerte.

No sufro, ahora, el negro desamparo.
Quizá te piense cada día, sí,
pero ya el gris dejó su paso al claro.

Abrazado a tu luz de carmesí
quiero darte las gracias y brindarte
estos versos que vuelan para ti.

¿Sabes, padre?, ya no eres juez y parte,
el juez se fue contigo aquel diciembre
y seguí tus pisadas hasta hallarte;

¡qué importante es el grano que se siembre
aunque lo cosechado no se escape
de que el tiempo implacable lo desmembre!

Y es que algo siempre queda en el solape
que rueda en la memoria de la gente,
¡y ya no hay tiempo que la rueda atrape!

Cómo hacías alquimia del presente...
Por ti aprendí el error de quien reclama
el instante perdido en su torrente.

Me enseñaste a cuidar lo que se ama,
me decías: «¡empieza por ti mismo!».
Cuántas veces, al borde de mi cama,

bajo el celaje añil de tu humanismo
calmaste mi consciencia circular
comprendiendo las ondas de mi sismo.

Vuelve, a veces, mi mente a conspirar
y entonces te recuerdo con tu bello
discurso de gaviotas sobre el mar.

Ahora que platea mi cabello
y en tus huellas encajan ya las mías
con estos versos quiero darte aquello

que yo te debo... , ¡y sí!, son letanías,
mas el amor que siento es tan rotundo
como el recuerdo verde de tus días.

Dicen que cuando rozas este mundo
perturbas la existencia de una estrella
en un celeste vínculo fecundo.

De la misma manera que tu huella,
padre, me encaminó la nave alada
fijando mi sextante en tu centella.

Qué bella está la tarde aquí en Granada
paseando entre adelfas y arrayanes,
¡ay! si vieras tu Alhambra así peinada

por este fuego quieto de faisanes.
En la brisa una zambra se estremece
y junto a mí un silencio de sultanes...

La pestaña de plata se endurece
en este cielo rosa que desgrana
el pan del universo que nos mece.

Que te lleven las fuentes con su nana
estos versos de vida que te dejo.
...Y de la alberca emerge tu reflejo
mientras gime a lo lejos la gitana.

Kalkbadan
En Madrid a 28 de enero de 2018
Querido amigo.¡ cuántas veces he releido este poema!.
Casi me lo sé de memoria. Por no hacerme pesada no te lo digo todos los días. Pero hoy no he podido resistirme.
Como me faltan las palabras renuncio a describirlo , no te diré más.
Un abrazo.
Jazmín
 
Última edición por un moderador:
Querido amigo.¡ cuántas veces he releido este poema!.
Casi me lo sé de memoria. Por no hacerme pesada no te lo digo todos los días. Pero hoy no he podido resistirme.
Como me faltan las palabras renuncio a describirlo , no te diré más.
Un abrazo.
Jazmín

¡Jazmín! Encantado quedo, compañera, por tu grata impresión.
Me alegra saber que estos versos no quedaron relegados al intimismo existencial de uno.
Al fin y al cabo habla sobre algo tan universal como es la ausencia de aquellos seres que nos cambiaron la vida.
Gracias por tu paso.
Te mando un abrazo.
 

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