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La última hoja verde

Apreciado José, yo tambien pienso que mereces esa distinción por tus conocimientos en poesía, por tus detallados, certeros, y profundos análisis de nuestras poesías, por emplear tu valioso tiempo en ello, y por esa vitalidad y alegría desbordante con que nos muestras tu opinión.
Por lo que a mi me toca , quiero darte las gracias,porque soy una de esas afortunadas, Hoy me dejas tu huella y aunque tus alabanzas me levantan el rubor, se que eres auténtico y que ese estilo tuyo también es tu sello,
Un amistoso abrazo desde mi orilla.
Isabel
Pues el rubor encendido en tus mejillas acentuará aún más la belleza con la que los Dioses te adornaron (jaja).
Y sí, siempre soy sincero al comentar, y por tanto, mis elogios los tienes merecidos, no lo dudes (de igual forma si he de observar algún error, lo hago y dejo mis sugerencias, siempre sin sentar cátedra y de forma constructiva, animando al poeta y elevando su autoestima, como debe hacerse).
Gracias por eso de la ""distinción", jajajaja, se nota que leíste el comentario a mi poema de nuestro querido y admirado Juán Ramón, jajajajaja, al cual le debo mucho, pues mucho he aprendido sobre poesía leyéndolo, y con sus acertadas observaciones a mis obras cuando eran procedentes y necesarias tales observaciones. Os debo gratitud a ambos por la bondad con la que juzgáis mis comentarios y mi talante.
Besos, primorosa libélula, besos en alas de los vientos.
 
Última edición:
Pues el rubor encendido en tus mejillas acentuará aún más la belleza con la que los Dioses te adornaron (jaja).
Y sí, siempre soy sincero al comentar, y por tanto, mis elogios los tienes merecidos, no lo dudes (de igual forma si he de observar algún error, lo hago y dejo mis sugerencias, siempre sin sentar cátedra y de forma constructiva, animando al poeta y elevando su autoestima, como debe hacerse).
Gracias por eso de la ""distinción", jajajaja, se nota que leíste el comentario a mi poema de nuestro querido y admirado Juán Ramón, jajajajaja, al cual le debo mucho, pues mucho he aprendido sobre poesía leyéndolo, y con sus acertadas observaciones a mis obras cuando eran procedentes y necesarias tales observaciones. Os debo gratitud a ambos por la bondad con la que juzgáis mis comentarios y mi talante.
Besos, primorosa libélula, besos en alas de los vientos.


No sé donde andarás, estimado José, solo puedo decirte que te extraño, como a otros poetas que se nos han ido poco a poco marchando, pero que esperamos su regreso, porque este es nuestro Mundo, con sus altos y bajos, pero siempre entrañable, siempre, siempre...
Un amistoso abrazo, desde mi mar, hasta donde quiera que estés...
Te deseo un año 2,018, con salud y rodeado de los seres que te quieren.
Con todo afecto.
Isabel
 
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Otoño, dulce otoño, cargado de añoranzas,

tristes atardeceres de un cielo gris plomizo,
cuna de mis nostalgias y de mis remembranzas,
convoca un aquelarre tu anochecer rojizo.

Las hojas, lentamente, descienden con sus danzas,
la joven hoja verde con su apego enfermizo,
aferrada a la rama, detesta las mudanzas,
pero el tiempo la empuja a un destino cenizo.

Temblorosa dormita en la rama adherida,
confusa se pregunta si después no habrá nada;

no entiende en sus hermanas ese danzar sin vida.

El alfombrado suelo contempla, atribulada,
y el árbol que sostiene su esperanza perdida
descubre el aire verde en la hoja encantada.




Pues a mí, este brote de esperanza me sugiere todo un compendio de buena poesía, mi querida Isabel. Ignoro si, tras las indicaciones de Elhi, lo has modificado pero tal cual me parece una joya digna del mayor aprecio.

Mi aplauso y mi abrazo.
 
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Otoño, dulce otoño, cargado de añoranzas,

tristes atardeceres de un cielo gris plomizo,
cuna de mis nostalgias y de mis remembranzas,
convoca un aquelarre tu anochecer rojizo.

Las hojas, lentamente, descienden con sus danzas,
la joven hoja verde con su apego enfermizo,
aferrada a la rama, detesta las mudanzas,
pero el tiempo la empuja a un destino cenizo.

Temblorosa dormita en la rama adherida,
confusa se pregunta si después no habrá nada;

no entiende en sus hermanas ese danzar sin vida.

El alfombrado suelo contempla, atribulada,
y el árbol que sostiene su esperanza perdida
descubre el aire verde en la hoja encantada.


Hola, Isabel. Lo que me gusta de tu poema en alejandrinos es la compacidad del simbolismo, que mantiene tensiones discursivas en la lectura, y pareciera cambiar de forma dentro de su tronco. Mis felicitaciones y un gran abrazo.
Gus
 
Pues a mí, este brote de esperanza me sugiere todo un compendio de buena poesía, mi querida Isabel. Ignoro si, tras las indicaciones de Elhi, lo has modificado pero tal cual me parece una joya digna del mayor aprecio.

Mi aplauso y mi abrazo.

Apreciado Vicente, agradezco tu tiempo de lectura y desde luego tu comentario que siempre es un lujo y un estímulo.
Un abrazo
Isabel
 
Hola, Isabel. Lo que me gusta de tu poema en alejandrinos es la compacidad del simbolismo, que mantiene tensiones discursivas en la lectura, y pareciera cambiar de forma dentro de su tronco. Mis felicitaciones y un gran abrazo.
Gus
Qué hermoso comentario Gus, de veras, gracias. Me alegra mucho tu regreso al foro. Un gusto tu presencia en este rincón de de mis letras.Gracias por tu huella.
Un abrazo.
Isabel.
 
No sé donde andarás, estimado José, solo puedo decirte que te extraño, como a otros poetas que se nos han ido poco a poco marchando, pero que esperamos su regreso, porque este es nuestro Mundo, con sus altos y bajos, pero siempre entrañable, siempre, siempre...
Un amistoso abrazo, desde mi mar, hasta donde quiera que estés...
Te deseo un año 2,018, con salud y rodeado de los seres que te quieren.
Con todo afecto.
Isabel
Pues estuve ausente por varias cosas, entre ellas, el que me fui a Barcelona por más de un mes, para estar con mis hijos y nietos, sobre todo, en Navidades y Reyes, y algunos días más. Ya he vuelto, como siempre vuelvo, pues tienes razón en decir que éste es nuestro Mundo, siempre entrañable, al cual siempre regresamos los hijos pródigos, siempre, pues no hay mejor lugar que MP en todo Internet en donde encontrar buena poesía, amistad, cariño, solidaridad, complicidad, reciprocidad, enseñanza, mejora en nuestro caminar poético, y satisfacción en nuestra afición común. Y tú eres una de las gemas que brillan en este Mundo poético llamado MP, a la que se le admira por su emotiva y rica poesía, y se la quiere por su dulce y exquisito trato para con sus compañeros y amigos de viaje, querida amiga.
Besos, preciosa libélula y dulce Isabel, besos en alas de los vientos.
 
Pues estuve ausente por varias cosas, entre ellas, el que me fui a Barcelona por más de un mes, para estar con mis hijos y nietos, sobre todo, en Navidades y Reyes, y algunos días más. Ya he vuelto, como siempre vuelvo, pues tienes razón en decir que éste es nuestro Mundo, siempre entrañable, al cual siempre regresamos los hijos pródigos, siempre, pues no hay mejor lugar que MP en todo Internet en donde encontrar buena poesía, amistad, cariño, solidaridad, complicidad, reciprocidad, enseñanza, mejora en nuestro caminar poético, y satisfacción en nuestra afición común. Y tú eres una de las gemas que brillan en este Mundo poético llamado MP, a la que se le admira por su emotiva y rica poesía, y se la quiere por su dulce y exquisito trato para con sus compañeros y amigos de viaje, querida amiga.
Besos, preciosa libélula y dulce Isabel, besos en alas de los vientos.
Solo me resta decirte, sin ánimo de falsas alabanzas, que tú también llenas los espacios por donde caminamos con tu presencia, con tus palabras, tu generosidad, y que cuando faltas , hay un vacío; me alegra tu regreso, José. Echo de menos a Marga, ya no se asoma y su ausencia se hace notar también. Gracias por todo eso que expresas. Un abrazo desde mi mar. Isabel.
 
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Otoño, dulce otoño, cargado de añoranzas,

tristes atardeceres de un cielo gris plomizo,
cuna de mis nostalgias y de mis remembranzas,
convoca un aquelarre tu anochecer rojizo.

Las hojas, lentamente, descienden con sus danzas,
la joven hoja verde con su apego enfermizo,
aferrada a la rama, detesta las mudanzas,
pero el tiempo la empuja a un destino cenizo.

Temblorosa dormita en la rama adherida,
confusa se pregunta si después no habrá nada;

no entiende en sus hermanas ese danzar sin vida.

El alfombrado suelo contempla, atribulada,
y el árbol que sostiene su esperanza perdida
descubre el aire verde en la hoja encantada.


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Otoño, dulce otoño, cargado de añoranzas,

tristes atardeceres de un cielo gris plomizo,
cuna de mis nostalgias y de mis remembranzas,
convoca un aquelarre tu anochecer rojizo.

Las hojas, lentamente, descienden con sus danzas,
la joven hoja verde con su apego enfermizo,
aferrada a la rama, detesta las mudanzas,
pero el tiempo la empuja a un destino cenizo.

Temblorosa dormita en la rama adherida,
confusa se pregunta si después no habrá nada;

no entiende en sus hermanas ese danzar sin vida.

El alfombrado suelo contempla, atribulada,
y el árbol que sostiene su esperanza perdida
descubre el aire verde en la hoja encantada.


Es simplemente hermosa su composición amiga Libélula, es un placer.

Saludos.

E. Lovera
 
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Otoño, dulce otoño, cargado de añoranzas,

tristes atardeceres de un cielo gris plomizo,
cuna de mis nostalgias y de mis remembranzas,
convoca un aquelarre tu anochecer rojizo.

Las hojas, lentamente, descienden con sus danzas,
la joven hoja verde con su apego enfermizo,
aferrada a la rama, detesta las mudanzas,
pero el tiempo la empuja a un destino cenizo.


Temblorosa dormita en la rama adherida,
confusa se pregunta si después no habrá nada;

no entiende en sus hermanas ese danzar sin vida.

El alfombrado suelo contempla, atribulada,
y el árbol que sostiene su esperanza perdida
descubre el aire verde en la hoja encantada.



Todavía no me había detenido a leer con calma este soneto, lleva días por aquí rondando, si no lo comento hoy al final iba a tener que esperar al próximo otoño.

Me maravilla como los buenos poetas usáis las métricas más complicadas para escribir poesía, el primer cuarteto está muy bien como introducción de la historia, como en un relato explicas el como y el cuando, pero en el momento en que pasas a hablar de esa hoja verde todavía es mejor, quedó perfecto. Da igual todo lo que se domine una estructura si no se tiene tu talento para contar historias con elegancia y armonía.

Un abrazo Isabel, gran soneto.

 
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Otoño, dulce otoño, cargado de añoranzas,

tristes atardeceres de un cielo gris plomizo,
cuna de mis nostalgias y de mis remembranzas,
convoca un aquelarre tu anochecer rojizo.

Las hojas, lentamente, descienden con sus danzas,
la joven hoja verde con su apego enfermizo,
aferrada a la rama, detesta las mudanzas,
pero el tiempo la empuja a un destino cenizo.

Temblorosa dormita en la rama adherida,
confusa se pregunta si después no habrá nada;

no entiende en sus hermanas ese danzar sin vida.

El alfombrado suelo contempla, atribulada,
y el árbol que sostiene su esperanza perdida
descubre el aire verde en la hoja encantada.


Excelente poema libélula. Me encantó.

Un Abrazo.

Mouse
 
Hermoso soneto, querida Isabel. Te felicito por la delicadeza con que has interpretado un pasaje tan encantador de la naturaleza. Tu sensibilidad ha sabido personificar en esa pequeña hoja, el espíritu vital de todas las hojas de la Tierra.
 
Todavía no me había detenido a leer con calma este soneto, lleva días por aquí rondando, si no lo comento hoy al final iba a tener que esperar al próximo otoño.

Me maravilla como los buenos poetas usáis las métricas más complicadas para escribir poesía, el primer cuarteto está muy bien como introducción de la historia, como en un relato explicas el como y el cuando, pero en el momento en que pasas a hablar de esa hoja verde todavía es mejor, quedó perfecto. Da igual todo lo que se domine una estructura si no se tiene tu talento para contar historias con elegancia y armonía.

Un abrazo Isabel, gran soneto



¡Hola!, sabes que, siempre es un buen momento para recibir tu comentario, porque aplicas toda tu atención, y tus conocimientos, sentir que nos leen así, es una bendición, tú lo sabes ¿verdad?
Tu análisis tiene ese sello tan tuyo, de quien sabe decir y preguntar, de quien muestra su curiosidad, su deseo de aprender y sus conocimientos en perfecta armonía. Gracias por tu mirada.
Gracias Poeta.
Un fuerte abrazo.
Isabel
 
Última edición:
Hermoso soneto, querida Isabel. Te felicito por la delicadeza con que has interpretado un pasaje tan encantador de la naturaleza. Tu sensibilidad ha sabido personificar en esa pequeña hoja, el espíritu vital de todas las hojas de la Tierra.

Hola compañero; gracias por la calidez de tu comentario, por tu amabilidad, por dejarme la huella de tus generosas letras.
Un abrazo.
Isabel
 
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Otoño, dulce otoño, cargado de añoranzas,

tristes atardeceres de un cielo gris plomizo,
cuna de mis nostalgias y de mis remembranzas,
convoca un aquelarre tu anochecer rojizo.

Las hojas, lentamente, descienden con sus danzas,
la joven hoja verde con su apego enfermizo,
aferrada a la rama, detesta las mudanzas,
pero el tiempo la empuja a un destino cenizo.

Temblorosa dormita en la rama adherida,
confusa se pregunta si después no habrá nada;

no entiende en sus hermanas ese danzar sin vida.

El alfombrado suelo contempla, atribulada,
y el árbol que sostiene su esperanza perdida
descubre el aire verde en la hoja encantada.



Para arriba, up up
 
Me parece una maravilla de poema, Isabel, una auténtica maravilla, gracias por compartirlo.
Y esa hoja... bien podría ser alguien que se niega a llevar una existencia contemplativa sin ilusiones, expectativas ni curiosidades y que se atreve a pegar un puñetazo en la mesa exclamando..."no, no, esto no me gusta, no tiene sentido, voy a intentar cambiarlo".
Eso, que una gozada. Un abrazo bien grande.
Javi
Querido Javi te echo de menos, estaras sentado a tu piano, sin dejar de tocar? Asi te imagino dejando tus notas en el viento.
Un abrazo.
Isabel
 
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Otoño, dulce otoño, cargado de añoranzas,

tristes atardeceres de un cielo gris plomizo,
cuna de mis nostalgias y de mis remembranzas,
convoca un aquelarre tu anochecer rojizo.

Las hojas, lentamente, descienden con sus danzas,
la joven hoja verde con su apego enfermizo,
aferrada a la rama, detesta las mudanzas,
pero el tiempo la empuja a un destino cenizo.

Temblorosa dormita en la rama adherida,
confusa se pregunta si después no habrá nada;

no entiende en sus hermanas ese danzar sin vida.

El alfombrado suelo contempla, atribulada,
y el árbol que sostiene su esperanza perdida
descubre el aire verde en la hoja encantada.


un gustazo descubrir estos versos, Isabel, magnifico poema.
me a recordado a una historia que me narró mi amigo más querido y que me desizo, la he buscado, recuperado y leido despues de mucho tiempo, todo gracias a ti, gracias por este doble placer.
Te dejo la narración:

La última hoja, de Jorge Bucay.

Esta historia transcurre en la Francia de 1900, en los comienzos de un durísimo invierno.

Marie era una niña de 11 años que vivía en una antigua casa parisina. Desde que el frío se había hecho sentir, ella empezó a quejarse de un intenso dolor en la espalda que se volvía intolerable al toser. Cuando el médico fue a verla, le dio su madre el diagnóstico que más temía: tuberculosis.

En esa época, todavía sin antibióticos, la infección era casi una garantía de muerte. Lo único que los médicos podían hacer era recetar algunos paliativos para el dolor, cuidados generales, reposo… y fe.

-Estos pacientes – como casi todos- les dijo el profesional – tienen más posibilidades de curarse si luchan contra la enfermedad; si Marie dejara de pelear por su vida, moriría en algunas semanas – y luego agregó, sabiendo que era más un deseo que un pronóstico -. Estoy seguro de que si la mantenemos calentita, bien alimentada y con muchos deseos de vivir, cuando el invierno pase, ella estará fuera de peligro y la tuberculosis será sólo un mal recuerdo.

Cuando el doctor se fue, la madre de la niña miró el calendario. Faltaban todavía dos largos meses para que llegara la primavera…

Sabiendo que ninguno de sus compañeros de clase vendría a verla, por el comprensible aunque injustificado temor al contagio, la madre se llegó hasta la escuela de Marie para rogarle a la maestra a que se acercase a casa a darle algunas clases, no tanto por el aprendizaje como por emplear algo de su tiempo de encierro y aburrimiento. La maestra le dijo que no podía hacerlo. Lo sentía, pero había cuatro niños en el curso en la misma situación, ella no podía ocuparse de ellos, debía cuidar de los que todavía asistían a clase.

Al día siguiente, mientras colgaba guirnaldas caseras por la casa tratando de contagiar la alegría que no sentía por las fiestas, la madre vio la pálida cara de su hija y la tristeza reflejada en su expresión. Fue entonces cuando tuvo la idea. Con la ayuda de la casera, se ocupó esa mañana de mover todos los muebles de la casa para poder llevar la cama de Marie junto a la ventana de la sala que daba al pequeño patio central compartido. Desde allí, pensó la madre, por lo menos verá ese pequeño patio interior, el ciprés en el centro del jardín, las enredaderas en las paredes, las ventanas de los otros dos edificios. Seguramente, se dijo, se distraerá aunque sea viendo a la gente pasar de ida y de vuelta de sus ocupaciones o de sus compras de fin de año.

Entrado enero, el invierno se volvió más y más frío, y con ello la niña se agravó. Más de una noche un ataque de tos terminó con vómito de sangre y la consiguiente desesperación de la pobre jovencita y de su madre.

Una mañana al volver de la compra, la madre encontró a Marie con la mirada perdida de cara al ventanal. Nada tenía que ver ya esa niña con la Marie que ella recordaba de a penas unas semanas atrás. La madre la abrazó con fuerza sosteniendo la cabeza de su hija contra su pecho, tratando de que su hija no se diera cuenta de que lloraba. La niña señaló hacia el patio y le dijo:

-Mira, mami, ¿ves esa enredadera en la pared del edificio de enfrente? Hace semanas estaba llena de hojas, algunas más verdes, otras más amarillas. Mírala ahora qué pocas hojas le quedan. Acabo de pensar que cuando la última de las hojas de la enredadera caiga, mi vida también llegará a su fin.

-No tienes que pensar en eso- le dijo su madre, acomodando las almohadas y secándose las lágrimas de espaldas ala niña-. En primavera, de todas las enredaderas surgen nuevas hojas y la vida verde vuelve a nacer.

-Pero son otras hojas…- pensó la jovencita sin decirlo.

La enfermedad seguía su curso con altas y bajas, pero cada vez que el médico venía a visitarla veía cómo el ánimo de la paciente decaía en la misma magnitud que su estado general.

Hasta que una mañana la madre descubrió a Marie muy interesada, mirando hacia arriba por la ventana. Sin querer interrumpir, la madre se acercó con cuidado tratando de ver qué es lo que llamaba la atención de su hija. Se trataba de un joven pintor que, junto a su ventana en el tercer piso del edificio de frente, pintaba con colores vivos imágenes de París: Notre-Dame, Montmartre, el Moulin Rouge…

Por primera vez en muchos días, la madre vio a Marie entusiasmada alegre. La madre compartía esa alegría, algo por fin había captado su interés, quizás ella pudiera convencer al joven pintor para ayudarla.

Esa misma tarde la madre cruzó hacia el edificio y llamó a la puerta del artista. Cuando el joven y estrafalario artista abrió, le contó que era la madre de una niña que vivía en la planta baja, en el edificio de enfrente, le dijo que padecía una grave enfermedad, y lo que el médico había dicho.

-Lo siento mucho, señora- dijo el pintor –pero no entiendo para qué ha venido a contarme todo esto.

-Vine a pedirle que se acerque a darle algunas clases de dibujo, o de pintura a Marie. A ella siempre le interesó el arte, ¿sabe usted? Si usted pudiera bajar a casa de vez en cuando a charlar con Marie… yo, por supuesto, le pagaré lo que pida…- y con un tono de ruego terminó diciendo-. Su vida ¿sabe?, quizá depende de que usted acepte el encargo.

No por el dinero sino por la pena que le daba la imagen de la niña que ya había visto desde la ventana, el joven artista empezó a bajar un día sí y otro también a casa de Marie, llevando consigo algunas telas, carbones y colores para hablar de pintura y para animar a la joven a que utilizase su tiempo en cama para dibujar y pintar.

Durante las siguientes semanas, creció entre ellos una extraña amistad.

Una tarde, cuando el pintor bajó a verla, Marie lloraba en su cama.

-¿Qué sucede, mon cher?- le preguntó.

Marie le contó de su relación con la enredadera y luego le dijo:

-Ayer, después de que te fuiste, hubo mucho viento y muchas hojas cayeron. Cuando la tormenta pasó conté las hojas que quedaban. De las miles que había entre sus ramas sólo quedan veintiocho. Yo sé lo que eso significa: si se cayeran todas hoy, no habría un mañana para mí.

El pintor intentó convencer a Marie de que esa asociación era una tontería:

-La vida seguirá de todas maneras- le dijo -, no debes pensar jamás así. Tienes que practicar las escalas de colores y dibujar las manzanas que te pedí; si no, nunca llegarás a exponer. De hecho, gracias a haber practicado mucho en mi vida me ha llegado una invitación para exponer mis pinturas en América.

-¿Te irás?- preguntó Marie, sin querer escuchar la respuesta.

-Volveré en Mayo como muy tarde- le dijo el pintor-. Allí, si has practicado iremos a pintar en al campiña, recorreremos los museos y te enseñaré a pintar con óleo.

-No sé si estaré cuando regreses, pintor- contestó Marie-. Depende de la enredadera.

El artista, encariñado con la jovencita, la abrazó y prefirió no hablar de esa fantasía. Sólo la besó en la frente y le dejó indicaciones de qué hacer para estar ocupada hasta que él regresase.

Cuando se fue, Marie sintió como si el mundo se le derrumbara y en un negro presagio vio como, mientras el pintor cruzaba hacia su casa, el viento arrancaba de la enredadera tres hojas de golpe y las dejaba caer violentamente en el patio.

Desde ese día, cada mañana la niña controlaba desde su ventana la cantidad de hojas que quedaban en la enredadera… y cada mañana registraba un agudo dolor en el pecho cuando comprobaba que, durante la noche, alguna de sus acompañantes había caído para siempre.

-¿Qué pasa, hija?- le preguntó su madre, después de una agitada y febril noche.

-Mira, mamá- dijo Marie, señalando por la ventana-. Sólo quedan tres hojitas: una abajo junto al cuadro, otra en mitad de la pared y una más solita, arriba de todo, al lado de la ventana del pintor. Tengo miedo, mamá.

-No te asustes- contestó la madre, con una convicción que no tenía-. Esas hojitas van a aguantar; son las más fuertes, ¿entiendes? Sólo faltan dos semanas para que llegue la primavera.

La mirada divertida de Marie se transformó en la oscura expresión de un obsesivo control de las pobres tres hojitas. Y una noche de febrero, en medio de una feroz tormenta de viento y lluvia, la hoja del medio se soltó de su amarra y voló lejos. Marie no dijo nada pero redobló sus rezos para pedirla al buen Dios que protegiera sus hojitas.

-Mamá- gritó una mañana -. Mamá, ven.

-¿Qué pasa, hija?

-Queda sólo una, mami, sólo una. La de debajo de todo se cayó anoche. Me voy a morir, mami, me voy a morir. Por favor abrázame, tengo miedo, mamita. Mucho miedo.

-Hay que tener fe, hijita- dijo la madre tragando saliva y reprimiendo el llanto de su propio miedo-. Además, faltan pocos días para la primavera y todavía queda una hoja. Es la hoja campeona ¿sabes?

-Sí, pero hace un rato la vi temblar… Tápame, mamá, tengo frío.

La madre la arropó con sus mantas y fue a buscar unos paños húmedos. La niña tenía mucha fiebre.

Cada momento que Marie estaba despierta miraba por la ventana a la única hoja que todavía resistía. En la punta de la enredadera, la pequeña hoja marrón verdoso se aferraba solitaria a su base, y la niña, al verla, cruzaba instintivamente los dedos pidiéndole que resistiera para que ella también pudiera salvarse.

Y la hoja resistía.

Nieve, lluvia y viento.

Pasaron los días y la hoja aguantó…

Hasta que una mañana, mientras Marie miraba su esperanza, vio que un rayo de sol iluminaba la hoja, y descubrió que a su lado y más abajo en la enredadera pequeños botones verdes habían empezado a aparecer.

-Mami, mami, la hoja ha resistido, llegó la primavera, mami. ¿No es maravilloso?

La madre corrió junto a su hija y la abrazó con lágrimas en sus ojos. Ella no pensaba en la enredadera sino en su hija, que también se había salvado.

-Sí, hija, es maravilloso.

Pasaron los días y la niña comenzó a recuperar sus fuerzas muy despacio.

En la primera salida a la calle que el médico autorizó, Marie corrió al edificio de enfrente para preguntar por su amigo el pintor.

La casera se sorprendió al verla, quizás porque no era habitual que alguien sobreviviera a la tuberculosis.

-Me alegro de que estés bien- le dijo mientras la besaba con sincera alegría-. Tu amigo todavía no ha vuelto, pero me ha asegurado que en unas semanas lo tendremos por aquí. Mandó esto para ti.

Y remetiendo la mano en su escote, le alargó una carta para ella:

PARA ENTREGAR A MI AMIGA MARIE

“Hola, Marie.

Tal como ves, todo ha pasado.

Para cuando leas esto faltarán días para retomar nuestras clases de pintura.

Yo he comprado nuevos colores y pinceles; así que quiero regalarte los que fueron míos.

Dile a la casera que te abra mi apartamento y llévate mis cosas.

Practica mucho, recuerda las manzanas… y las escalas de colores.”



La niña saltaba de alegría. Después de pedir la llave a la casera, subió a la pequeña buhardilla a por sus pinturas.

Una vez allí, se acercó a recoger el atril que estaba, como siempre, junto a la ventana. Mirando hacia fuera vio, desde arriba, su propia cama en el edificio de enfrente.

Sin pensarlo, Marie abrió la ventana e instintivamente buscó a su amiga la hoja heroica, la que aguantó todo, la más fuerte de todas las hojas…

Y la vio.

Allí estaba en la pared, a un lado, muy cerca del marco de madera de la ventana.

Allí estaba. Pero no era una hoja verdadera, era una hoja que había pintado en el ladrillo su amigo el pintor…
 
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Madre mía,¡que lujo de comentario!, qué belleza de relato, me ha gustado muchísimo Carles y te lo agradezco enormemente.
Por esas casualidades de la vida, haz hecho algo que me apasiona, contarme un relato; creo que siempre desde niña me apasionaban los relatos, los de los viajeros, los de los supervivientes de la guerra, todos esos relatos que contaban los mayores, creo que siempre fui una escuchante de historias. Asi que sin saberlo me has hecho un gran regalo.Gracias.
Si, es cierto, a veces la esperanza la sostiene una simple hojita verde, que en este caso venía de la generosa mano de un pintor.
No se como agradecerte este hermoso detalle, y el trabajo que te has tomado.
Gracias Carles.
Un abrazo.
Isabel.
 
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Otoño, dulce otoño, cargado de añoranzas,

tristes atardeceres de un cielo gris plomizo,
cuna de mis nostalgias y de mis remembranzas,
convoca un aquelarre tu anochecer rojizo.

Las hojas, lentamente, descienden con sus danzas,
la joven hoja verde con su apego enfermizo,
aferrada a la rama, detesta las mudanzas,
pero el tiempo la empuja a un destino cenizo.

Temblorosa dormita en la rama adherida,
confusa se pregunta si después no habrá nada;

no entiende en sus hermanas ese danzar sin vida.

El alfombrado suelo contempla, atribulada,
y el árbol que sostiene su esperanza perdida
descubre el aire verde en la hoja encantada.


Ayyyyyyyyyyy y mil veces ayyyyyyy qué preciosa maravilla de versos, de poema, de elevada y excelsa poesía, ayy cómo nos transmites sensaciones increibles y empáticas sobre formar parte de la esencia de esa hojita verde que perdura a pesar de las horribles circunstancias donde no sobrevive ninguna esperanza , ayyy cómo se capta el devenir del tiempo, su paso inexorable y lo efímero de la vida.
Todo un placer y todo un honor leerte mi entrañable amiga y excelsa poetisa, mi queridísima tocaya, miles de besos para ti colmados de admiración, gratitud y cariño....muááááácksssssss
 
Ayyyyyyyyyyy y mil veces ayyyyyyy qué preciosa maravilla de versos, de poema, de elevada y excelsa poesía, ayy cómo nos transmites sensaciones increibles y empáticas sobre formar parte de la esencia de esa hojita verde que perdura a pesar de las horribles circunstancias donde no sobrevive ninguna esperanza , ayyy cómo se capta el devenir del tiempo, su paso inexorable y lo efímero de la vida.
Todo un placer y todo un honor leerte mi entrañable amiga y excelsa poetisa, mi queridísima tocaya, miles de besos para ti colmados de admiración, gratitud y cariño....muááááácksssssss

Ay, Señor, Isabel, mi querida poeta del romance, del buen amor, de la generosidad y la ternura. Eres tú, la que das esa importancia y haces grande lo pequeño.Gracias por tu mirada.
Esa hojita temblorosa que no quiere morir y se aferra al árbol que la sostiene, a pesar de los años y los malos vientos permanece ahí, aunque lo mismo está muerta y sueña que vive.
Siempre es un lujo tu luminosa presencia. Gracias por devolver la vida a esta hojita o a su espíritu.
La dmiración y gratitud es mía.
Un fuerte y entrañable abrazo
Isabel
 
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Otoño, dulce otoño, cargado de añoranzas,

tristes atardeceres de un cielo gris plomizo,
cuna de mis nostalgias y de mis remembranzas,
convoca un aquelarre tu anochecer rojizo.

Las hojas, lentamente, descienden con sus danzas,
la joven hoja verde con su apego enfermizo,
aferrada a la rama, detesta las mudanzas,
pero el tiempo la empuja a un destino cenizo.

Temblorosa dormita en la rama adherida,
confusa se pregunta si después no habrá nada;

no entiende en sus hermanas ese danzar sin vida.

El alfombrado suelo contempla, atribulada,
y el árbol que sostiene su esperanza perdida
descubre el aire verde en la hoja encantada.


Belleza de soneto en versos alejandrinos. Celebro tu regreso, tus poemas, como siempre dulces y hermosos. el tema me recuerda un chiste que hace referencia a una manzana que cae de un árbol y las que no han caído se burlan de ella, entonces ella muy altiva les responde: "bola de inmaduras". Un gusto leerte.
 
Belleza de soneto en versos alejandrinos. Celebro tu regreso, tus poemas, como siempre dulces y hermosos. el tema me recuerda un chiste que hace referencia a una manzana que cae de un árbol y las que no han caído se burlan de ella, entonces ella muy altiva les responde: "bola de inmaduras". Un gusto leerte.

Jajajaja, muy bueno Luciana.
Ya ves que en este caso es la hoja la que no comprende esa ultima danza de sus hermanas mientras caen sin ser conscientes de que han muerto, ella se aferra a la vida, a la rama de su árbol y él árbol se enternece,la proteje y la sostiene, le aporta el verdor de la vida. Una hojita valiente que se niega a morir.
Besos querida Luciana y gracias por tu toque humorístico, el humor es también la sabia de la vida.
Isabel
 

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