La sombra etérea de tu paso

penabad57

Poeta veterano en el portal
No me has dejado explicarte el por qué de nosotros.

Y era fácil, la calle donde pisamos el silencio,
el mar que se agita bajo tus pies y los míos,
el aire que te abraza-y a mí me hiere-
en cualquier día azul o gris
guarda memoria de nuestra sombra.

Yo miro el reloj de la tarde
y veo tu escenografía de niña-duende
en el perfume blanco de las plazas.

Me gustaría escribir esa canción múltiple
que se esconde en las esquinas,
la voz amarga de los topos,
el llanto del colibrí que sufre.

Hablaremos de los libros inútiles,
de cómo tu hermana cuida de su futuro
de golondrina vieja,
de en qué lugar los párpados se encendieron
para ser luz que naufraga
en una frase de muerte.

Yo sé que solo volverá a mí tu edad,
los gestos que los elefantes aman en la penumbra,
esa armonía de cuadros que te envejece
sin que puedas volar.

Mis ojos para ti son de mármol
y no logran seguirte.

Piensa en los dibujos
que en la alegría de la tarde te buscan
como una argucia que solo quiere un eco
o un subterfugio,
una latitud donde tú y yo
seamos.
 
Última edición:
Muy bien escrito, porque este poema se identifica con el otro, al que ve desnudo, y quiere vestirlo. O lo ve hambriento, y quiere darle de comer. La niña-duende ha encontrado un compañero.
 
No me has dejado explicarte el por qué de nosotros.

Y era fácil, la calle donde pisamos el silencio,
el mar que se abandona bajo tus pies y los míos,
el aire que te abraza-y a mí me hiere-
en cualquier día azul o gris
guarda memoria de nuestra sombra.

Yo miro el reloj de la tarde
y veo tu escenografía de niña-duende
en el perfume blanco de las plazas.

Me gustaría escribir esa canción múltiple
que se esconde en las esquinas,
la voz amarga de los topos,
el llanto del colibrí que sufre.

Hablaremos de los libros inútiles,
de cómo tu hermana cuida de su futuro
de golondrina vieja,
de en qué lugar los párpados se encendieron
para ser luz que naufraga
en una frase de muerte.

Yo sé que solo volverá a mí tu edad,
los gestos que los elefantes aman en la penumbra,
esa armonía de cuadros que te envejece
sin que puedas volar.

Mis ojos para ti son de mármol
y no saben volver.

Piensa en los dibujos
que en la alegría de la tarde te buscan
como una argucia que solo quiere un eco
o un subterfugio,
una latitud donde tú y yo
seamos.


penabad ligera nostalgia acaricia tus versos, un toque de surrealismo encuentro también en ellos.
Grato pasar y detenerme, saludinesss
 
No me has dejado explicarte el por qué de nosotros.

Y era fácil, la calle donde pisamos el silencio,
el mar que se abandona bajo tus pies y los míos,
el aire que te abraza-y a mí me hiere-
en cualquier día azul o gris
guarda memoria de nuestra sombra.

Yo miro el reloj de la tarde
y veo tu escenografía de niña-duende
en el perfume blanco de las plazas.

Me gustaría escribir esa canción múltiple
que se esconde en las esquinas,
la voz amarga de los topos,
el llanto del colibrí que sufre.

Hablaremos de los libros inútiles,
de cómo tu hermana cuida de su futuro
de golondrina vieja,
de en qué lugar los párpados se encendieron
para ser luz que naufraga
en una frase de muerte.

Yo sé que solo volverá a mí tu edad,
los gestos que los elefantes aman en la penumbra,
esa armonía de cuadros que te envejece
sin que puedas volar.

Mis ojos para ti son de mármol
y no saben volver.

Piensa en los dibujos
que en la alegría de la tarde te buscan
como una argucia que solo quiere un eco
o un subterfugio,
una latitud donde tú y yo
seamos.
Me ha encantado este poema amigo penabad, sentimientos a tope y bellas y sugerentes imágenes. Un abrazo. Paco.
 
No me has dejado explicarte el por qué de nosotros.

Y era fácil, la calle donde pisamos el silencio,
el mar que se agita bajo tus pies y los míos,
el aire que te abraza-y a mí me hiere-
en cualquier día azul o gris
guarda memoria de nuestra sombra.

Yo miro el reloj de la tarde
y veo tu escenografía de niña-duende
en el perfume blanco de las plazas.

Me gustaría escribir esa canción múltiple
que se esconde en las esquinas,
la voz amarga de los topos,
el llanto del colibrí que sufre.

Hablaremos de los libros inútiles,
de cómo tu hermana cuida de su futuro
de golondrina vieja,
de en qué lugar los párpados se encendieron
para ser luz que naufraga
en una frase de muerte.

Yo sé que solo volverá a mí tu edad,
los gestos que los elefantes aman en la penumbra,
esa armonía de cuadros que te envejece
sin que puedas volar.

Mis ojos para ti son de mármol
y no logran seguirte.

Piensa en los dibujos
que en la alegría de la tarde te buscan
como una argucia que solo quiere un eco
o un subterfugio,
una latitud donde tú y yo
seamos.
un escrito muy natural y jovial, tiene mucha chispa ese sentir, saludos
 

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