BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hablar no es malo,
lo dices con la voz chiquita
de quién tuvo la certeza
de encontrarse bajo una luz
más amplia. Y es tu pecho
y tu caricia, una inmensidad
que conturba el oído. Lo engrandece
y lo posibilita. Es cierto,
te concedo el turno de palabra, y
procedo ensimismado a desnudarte.
La cintura tan amplia, mi cuerpo
que se insinúa y, en la delgadez
de una sola hoja estival, renace
y se retracta de cada una de sus
inútiles palabras, de todas las palabras.
Todo el silencio se hace de repente.
Masas de nebulosas inciertas, prometen
sonrisas y alegorías de pájaros. Bajo
tus brazos, un ave se agazapa meticulosa,
y yo, no tengo más remedio, acaricio
el leve lóbulo inclinado de tus párpados.
Contengo la respiración, el vago sonido
de esquirlas en la tarde, me conmueve
y seduce, con su sonoridad elegante.
Busco las pestañas, los párpados mojados,
las piernas indecisas, enmarañadas en
jaulas de broza y maleza amarilla.
La lluvia cae, desbrozando la eternidad.
Yo busco, y tú me buscas, como si el tiempo
se hiciera mano acogedora en tu vientre.
Como si la edad de la inocencia, mezclara
aceites e inciensos de tu botella engalanada.
Y te quiero, mientras en la calle se hace
la lluvia, nuevamente-.©
lo dices con la voz chiquita
de quién tuvo la certeza
de encontrarse bajo una luz
más amplia. Y es tu pecho
y tu caricia, una inmensidad
que conturba el oído. Lo engrandece
y lo posibilita. Es cierto,
te concedo el turno de palabra, y
procedo ensimismado a desnudarte.
La cintura tan amplia, mi cuerpo
que se insinúa y, en la delgadez
de una sola hoja estival, renace
y se retracta de cada una de sus
inútiles palabras, de todas las palabras.
Todo el silencio se hace de repente.
Masas de nebulosas inciertas, prometen
sonrisas y alegorías de pájaros. Bajo
tus brazos, un ave se agazapa meticulosa,
y yo, no tengo más remedio, acaricio
el leve lóbulo inclinado de tus párpados.
Contengo la respiración, el vago sonido
de esquirlas en la tarde, me conmueve
y seduce, con su sonoridad elegante.
Busco las pestañas, los párpados mojados,
las piernas indecisas, enmarañadas en
jaulas de broza y maleza amarilla.
La lluvia cae, desbrozando la eternidad.
Yo busco, y tú me buscas, como si el tiempo
se hiciera mano acogedora en tu vientre.
Como si la edad de la inocencia, mezclara
aceites e inciensos de tu botella engalanada.
Y te quiero, mientras en la calle se hace
la lluvia, nuevamente-.©