danie
solo un pensamiento...
Extraña sensación orbital
que me mantiene ondulante, levitando
aún en tu voz.
Un viejo jazz
toca la partitura de un atardecer
a media calle,
el mismo atardecer del 12 de septiembre
—fecha en que partiste—,
y los pájaros;
siempre los pájaros
leen poemas extensos de fuego y cenizas.
¿Cuántas historias
con sabor a café y cigarrillos
nos hemos contado?
Muchas… esperanzas tamizadas por el humo.
No miento si te digo que te sigo oyendo,
después de tanto…
Esas vocales de otoño fresco,
me gustaban particularmente la vibración de tus vocales
como un cosquilleo que raya auroras,
hoy oigo esas nítidas señales en clave
desde el mar.
Sé que todavía me hablas
y cada vez que te descifro al unísono de las mareas
se incendian nuestros aislamientos,
cárceles de letargo, la tuya allá en las olas,
la mía acá en la tierra.
Sin duda, eres la única capaz
de incendiar las campanas del cielo
con solo apoyar tu mano
en el sexo de la añil mañana.
que me mantiene ondulante, levitando
aún en tu voz.
Un viejo jazz
toca la partitura de un atardecer
a media calle,
el mismo atardecer del 12 de septiembre
—fecha en que partiste—,
y los pájaros;
siempre los pájaros
leen poemas extensos de fuego y cenizas.
¿Cuántas historias
con sabor a café y cigarrillos
nos hemos contado?
Muchas… esperanzas tamizadas por el humo.
No miento si te digo que te sigo oyendo,
después de tanto…
Esas vocales de otoño fresco,
me gustaban particularmente la vibración de tus vocales
como un cosquilleo que raya auroras,
hoy oigo esas nítidas señales en clave
desde el mar.
Sé que todavía me hablas
y cada vez que te descifro al unísono de las mareas
se incendian nuestros aislamientos,
cárceles de letargo, la tuya allá en las olas,
la mía acá en la tierra.
Sin duda, eres la única capaz
de incendiar las campanas del cielo
con solo apoyar tu mano
en el sexo de la añil mañana.