Derghos
A la nada regresa la realidad de las palabras
Ojos blancos, desabrido tuétano de manchas cuadradas.
¡Luna!
No has de mirar la luz de Mayo.
No mires murciélagos que posan
desnudos en mi mano.
Hazlos un No
Hazlos un nombre infinito
frágil
salado y borracho.
Haz desaparecer las gotas
del colibrí en cenizas hermosas
la llama negra azarosa y tuya
que nada en mi mano.
Muerte llamas te llamas
Eres guillotina de cuarzo, péndulo
horas y momento:
Infinito momento, momento
del baile y del tormento eres juego,
Bien es aquello que bulle espuma,
es fresco y doliente invierno.
¡Hay belleza en un zurullo!
El día llama a tu puerta
La muerte te abraza y canta
Eres sol eres pasto eres
Manicomio de cacahuetes garrapiñados.
Tormenta y estruendo dieron bajas las horas
haciendo suyas verdades
jamás de este mundo,
de este
jamás sobre palomas fueron descalzos.
Fueron molinos, laberintos
sin descanso
ella te mira y canta, ella
no es noche ni día
es rubor enfermizo
fuerza ingrávida que te pierde
en el infinito vacío de la nada.
Hallas tu sosiego, lo hallas
pronto frio y muerte te sacuden.
Buscas descanso eterno
y en su mirada te ves reflejado.
No te creo -gritas-
tu beso no es cierto.
Eres veneno insidioso deslizándose
de las palabras en el alma.
¡Mentirosa efigie subterránea!
Mentirosa seas en tus lagrimas doradas.
Ofreces consuelo y eres viuda
sin alma que danzas.
Usurpando el llanto, danzas.
Grita conmigo hermano, hazte oír:
Yo quiero -oyes bruja de lo celeste-
Yo quiero mi dolor y mi llanto.
Quiero el desgarro del infierno
marchito
quiero el tormento de tu duda
de La posibilidad
de La incertidumbre
de El escalabro,
¡Quiero La duda quiero!
Quien quiere tu amor
teniendo su momento y la fortuna embelesada
-¿Quien lo quiere?-
si en incoloros disfraces ardiendo está
la noche helada.
El Buen dios ya esculpe el canto,
sobre la niebla el mármol esculpe.
Ella se despide.
Abandona esta tierra.
Las quimeras
-encuentra-
dibujadas con caótico trazo.
¡Luna!
No has de mirar la luz de Mayo.
No mires murciélagos que posan
desnudos en mi mano.
Hazlos un No
Hazlos un nombre infinito
frágil
salado y borracho.
Haz desaparecer las gotas
del colibrí en cenizas hermosas
la llama negra azarosa y tuya
que nada en mi mano.
Muerte llamas te llamas
Eres guillotina de cuarzo, péndulo
horas y momento:
Infinito momento, momento
del baile y del tormento eres juego,
Bien es aquello que bulle espuma,
es fresco y doliente invierno.
¡Hay belleza en un zurullo!
El día llama a tu puerta
La muerte te abraza y canta
Eres sol eres pasto eres
Manicomio de cacahuetes garrapiñados.
Tormenta y estruendo dieron bajas las horas
haciendo suyas verdades
jamás de este mundo,
de este
jamás sobre palomas fueron descalzos.
Fueron molinos, laberintos
sin descanso
ella te mira y canta, ella
no es noche ni día
es rubor enfermizo
fuerza ingrávida que te pierde
en el infinito vacío de la nada.
Hallas tu sosiego, lo hallas
pronto frio y muerte te sacuden.
Buscas descanso eterno
y en su mirada te ves reflejado.
No te creo -gritas-
tu beso no es cierto.
Eres veneno insidioso deslizándose
de las palabras en el alma.
¡Mentirosa efigie subterránea!
Mentirosa seas en tus lagrimas doradas.
Ofreces consuelo y eres viuda
sin alma que danzas.
Usurpando el llanto, danzas.
Grita conmigo hermano, hazte oír:
Yo quiero -oyes bruja de lo celeste-
Yo quiero mi dolor y mi llanto.
Quiero el desgarro del infierno
marchito
quiero el tormento de tu duda
de La posibilidad
de La incertidumbre
de El escalabro,
¡Quiero La duda quiero!
Quien quiere tu amor
teniendo su momento y la fortuna embelesada
-¿Quien lo quiere?-
si en incoloros disfraces ardiendo está
la noche helada.
El Buen dios ya esculpe el canto,
sobre la niebla el mármol esculpe.
Ella se despide.
Abandona esta tierra.
Las quimeras
-encuentra-
dibujadas con caótico trazo.
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