Brisas de amapola.-

Isaías Súvel

Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
BRISAS DE AMAPOLA
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Caen las hojas de los árboles añosos
y casi son suspensas por tus brisas,
amapola;
y caen en la tarde arreboles copiosos,
que casi mueven las manos tantas,
de esas hojas con sus vientos
como el viento en el mar,
a las olas.


Cae el rocío humectando la grama,
y casi es suspenso por tus brisas,
amapola;
y caen esas lágrimas de esas damas,
que casi secan tus brisas tantas,
esas lágrimas tantas
como seca la arena de las playas,
a las olas.


Caen las noches pintando negros los lustros
y casi son suspensas por tus brisas
amapola;
y cae el sueño en los párpados mustios,
de los hombres y los pájaros y los grillos
que casi arrullan tus brisas tantas,
como arrullan las gaviotas en las rocas
a las olas.


Cae de mi alma un rocío de cariño,
que se funde con tus brisas
amapola;
y se transforma en bocanada de ansia y pasión,
Por tus pechos y tus muslos y tus ojos ;
como por un fuerte viento, el impulso bravo,
a las olas.


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Última edición:
MARRÓN
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¡Que vida marrón¡.
No es peyoración,
no es vulgaridad.
Es mi visión,
es mi óptica constante;
son mis horas galopantes,
colmadas de ansiedad.
Ya que el amor se ha vestido,
para mí de piedad;
y me lacera siempre,
me agrede de continuo,
con su pequeña bondad.
Y me apagó toda lumbre
y oscureció mi camino
y me dio turbiedad.
Pues hoy en día,
el ahora piadoso viento,
comparte mi tristeza;
y con lágrimas me deja,
cortar su cuerpo invisible.
Y casi siempre apacible,
me acaricia la cara,
como un fiel compañero;
y con sutil esmero,
con suaves estocadas,
mueve mi pelo cansado;
al que el tiempo lo ha plateado,
durante una larga cascada.
Este tiempo de mi espera,
de mi pena lastimera,
de mi angustia lastimera,
de mi paciencia gastada,
de mi orgullo derrotado
y de mi paz ultrajada.
Y también;
la luna que por las tardes,
se viste con paños lilas;
ella a su vez me mira,
con tristeza taciturna.
Pues sabe de mis nocturnas
y crueles melancolías;
por eso no sale de día,
por eso esconde su rostro.
Porque la he contaminado,
como en amor la he flechado,
con ésta desolación,
con ésta lluvia de agosto;
con el gemir de mi pecho,
con ésta, mi gris canción,
con éste mi amargo mosto.
Además;
también la aurora se ha unido,
al concierto de mi duelo;
y sus nubes se han herido
y sangran aún más que ayer;
y ya no basta un pañuelo,
para enjutarle esa sangre;
ni siquiera el que uso,
éste del cual yo abuso,
por mi espera tan grande,
por mi purgar inconcluso,
por mi lamento tan tarde.
Y la tarde también es parte,
de ésta cruel procesión;
pues cada vez es más lenta,
o así me parece a mí;
y a ese sol ya le cuesta,
hundirse en el horizonte;
pues quiere quedarse donde,
moja mi llanto la arena;
para poder digerir,
ésta continua pena,
que flota en la buena brisa,
en la brisa soñolienta;
y no se quiere dormir,
con esa carga de ausencia,
con esa carga molesta.

Antes mi vista era clara,
distinguía los colores.
Más al faltar tu presencia,
lo veo todo marrón;
sumido en muda aflicción,
pues ya no entiendo de amores,
ya me olvidé esa estación,
no recuerdo sus sabores.
Sino hasta que yo te encuentre,
como la hacía antes;
o hasta que la compasión,
la lástima quizá ciega,
visite tu corazón
y nada te detenga
y te decidas amor
y un día por fin ya tú vengas.


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A veces vemos todo de color marrón que es la antesala de verlo todo de color negro que todavía es peor. Me ha gustado tu poema como siempre amigo Isaías, los colores brillantes nos están esperando. Un abrazo. Paco.
 
A veces vemos todo de color marrón que es la antesala de verlo todo de color negro que todavía es peor. Me ha gustado tu poema como siempre amigo Isaías, los colores brillantes nos están esperando. Un abrazo. Paco.
Algunas veces las apariencias engañan. Puede presentarse un panorama espectacular, pero si esto no está en sintonía con el sentir, recto u ortodoxo de la conciencia cósmica, el panorama toma otros ribetes, distintos a los proyectados.
 
MARRÓN
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¡Que vida marrón¡.
No es peyoración,
no es vulgaridad.
Es mi visión,
es mi óptica constante;
son mis horas galopantes,
colmadas de ansiedad.
Ya que el amor se ha vestido,
para mí de piedad;
y me lacera siempre,
me agrede de continuo,
con su pequeña bondad.
Y me apagó toda lumbre
y oscureció mi camino
y me dio turbiedad.
Pues hoy en día,
el ahora piadoso viento,
comparte mi tristeza;
y con lágrimas me deja,
cortar su cuerpo invisible.
Y casi siempre apacible,
me acaricia la cara,
como un fiel compañero;
y con sutil esmero,
con suaves estocadas,
mueve mi pelo cansado;
al que el tiempo lo ha plateado,
durante una larga cascada.
Este tiempo de mi espera,
de mi pena lastimera,
de mi angustia lastimera,
de mi paciencia gastada,
de mi orgullo derrotado
y de mi paz ultrajada.
Y también;
la luna que por las tardes,
se viste con paños lilas;
ella a su vez me mira,
con tristeza taciturna.
Pues sabe de mis nocturnas
y crueles melancolías;
por eso no sale de día,
por eso esconde su rostro.
Porque la he contaminado,
como en amor la he flechado,
con ésta desolación,
con ésta lluvia de agosto;
con el gemir de mi pecho,
con ésta, mi gris canción,
con éste mi amargo mosto.
Además;
también la aurora se ha unido,
al concierto de mi duelo;
y sus nubes se han herido
y sangran aún más que ayer;
y ya no basta un pañuelo,
para enjutarle esa sangre;
ni siquiera el que uso,
éste del cual yo abuso,
por mi espera tan grande,
por mi purgar inconcluso,
por mi lamento tan tarde.
Y la tarde también es parte,
de ésta cruel procesión;
pues cada vez es más lenta,
o así me parece a mí;
y a ese sol ya le cuesta,
hundirse en el horizonte;
pues quiere quedarse donde,
moja mi llanto la arena;
para poder digerir,
ésta continua pena,
que flota en la buena brisa,
en la brisa soñolienta;
y no se quiere dormir,
con esa carga de ausencia,
con esa carga molesta.

Antes mi vista era clara,
distinguía los colores.
Más al faltar tu presencia,
lo veo todo marrón;
sumido en muda aflicción,
pues ya no entiendo de amores,
ya me olvidé esa estación,
no recuerdo sus sabores.
Sino hasta que yo te encuentre,
como la hacía antes;
o hasta que la compasión,
la lástima quizá ciega,
visite tu corazón
y nada te detenga
y te decidas amor
y un día por fin ya tú vengas.


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Como siempre excelentes versos amigo Isaías. Un placer detenerme y disfrutar con su lectura.
Saludos.
 
MARRÓN
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¡Que vida marrón¡.
No es peyoración,
no es vulgaridad.
Es mi visión,
es mi óptica constante;
son mis horas galopantes,
colmadas de ansiedad.
Ya que el amor se ha vestido,
para mí de piedad;
y me lacera siempre,
me agrede de continuo,
con su pequeña bondad.
Y me apagó toda lumbre
y oscureció mi camino
y me dio turbiedad.
Pues hoy en día,
el ahora piadoso viento,
comparte mi tristeza;
y con lágrimas me deja,
cortar su cuerpo invisible.
Y casi siempre apacible,
me acaricia la cara,
como un fiel compañero;
y con sutil esmero,
con suaves estocadas,
mueve mi pelo cansado;
al que el tiempo lo ha plateado,
durante una larga cascada.
Este tiempo de mi espera,
de mi pena lastimera,
de mi angustia lastimera,
de mi paciencia gastada,
de mi orgullo derrotado
y de mi paz ultrajada.
Y también;
la luna que por las tardes,
se viste con paños lilas;
ella a su vez me mira,
con tristeza taciturna.
Pues sabe de mis nocturnas
y crueles melancolías;
por eso no sale de día,
por eso esconde su rostro.
Porque la he contaminado,
como en amor la he flechado,
con ésta desolación,
con ésta lluvia de agosto;
con el gemir de mi pecho,
con ésta, mi gris canción,
con éste mi amargo mosto.
Además;
también la aurora se ha unido,
al concierto de mi duelo;
y sus nubes se han herido
y sangran aún más que ayer;
y ya no basta un pañuelo,
para enjutarle esa sangre;
ni siquiera el que uso,
éste del cual yo abuso,
por mi espera tan grande,
por mi purgar inconcluso,
por mi lamento tan tarde.
Y la tarde también es parte,
de ésta cruel procesión;
pues cada vez es más lenta,
o así me parece a mí;
y a ese sol ya le cuesta,
hundirse en el horizonte;
pues quiere quedarse donde,
moja mi llanto la arena;
para poder digerir,
ésta continua pena,
que flota en la buena brisa,
en la brisa soñolienta;
y no se quiere dormir,
con esa carga de ausencia,
con esa carga molesta.

Antes mi vista era clara,
distinguía los colores.
Más al faltar tu presencia,
lo veo todo marrón;
sumido en muda aflicción,
pues ya no entiendo de amores,
ya me olvidé esa estación,
no recuerdo sus sabores.
Sino hasta que yo te encuentre,
s expresioncomo la hacía antes;
o hasta que la compasión,
la lástima quizá ciega,
visite tu corazón
y nada te detenga
y te decidas amor
y un día por fin ya tú vengas.


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Excelentes expresiones para esa concordancia donde el cromatismo
oscuro busca esa felicidad para invitar a ese universo de presencia.
el amor por venir en una invitacion maxima. excelente.
saludos de luzyabsenta
 
MARRÓN
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¡Que vida marrón¡.
No es peyoración,
no es vulgaridad.
Es mi visión,
es mi óptica constante;
son mis horas galopantes,
colmadas de ansiedad.
Ya que el amor se ha vestido,
para mí de piedad;
y me lacera siempre,
me agrede de continuo,
con su pequeña bondad.
Y me apagó toda lumbre
y oscureció mi camino
y me dio turbiedad.
Pues hoy en día,
el ahora piadoso viento,
comparte mi tristeza;
y con lágrimas me deja,
cortar su cuerpo invisible.
Y casi siempre apacible,
me acaricia la cara,
como un fiel compañero;
y con sutil esmero,
con suaves estocadas,
mueve mi pelo cansado;
al que el tiempo lo ha plateado,
durante una larga cascada.
Este tiempo de mi espera,
de mi pena lastimera,
de mi angustia lastimera,
de mi paciencia gastada,
de mi orgullo derrotado
y de mi paz ultrajada.
Y también;
la luna que por las tardes,
se viste con paños lilas;
ella a su vez me mira,
con tristeza taciturna.
Pues sabe de mis nocturnas
y crueles melancolías;
por eso no sale de día,
por eso esconde su rostro.
Porque la he contaminado,
como en amor la he flechado,
con ésta desolación,
con ésta lluvia de agosto;
con el gemir de mi pecho,
con ésta, mi gris canción,
con éste mi amargo mosto.
Además;
también la aurora se ha unido,
al concierto de mi duelo;
y sus nubes se han herido
y sangran aún más que ayer;
y ya no basta un pañuelo,
para enjutarle esa sangre;
ni siquiera el que uso,
éste del cual yo abuso,
por mi espera tan grande,
por mi purgar inconcluso,
por mi lamento tan tarde.
Y la tarde también es parte,
de ésta cruel procesión;
pues cada vez es más lenta,
o así me parece a mí;
y a ese sol ya le cuesta,
hundirse en el horizonte;
pues quiere quedarse donde,
moja mi llanto la arena;
para poder digerir,
ésta continua pena,
que flota en la buena brisa,
en la brisa soñolienta;
y no se quiere dormir,
con esa carga de ausencia,
con esa carga molesta.

Antes mi vista era clara,
distinguía los colores.
Más al faltar tu presencia,
lo veo todo marrón;
sumido en muda aflicción,
pues ya no entiendo de amores,
ya me olvidé esa estación,
no recuerdo sus sabores.
Sino hasta que yo te encuentre,
como la hacía antes;
o hasta que la compasión,
la lástima quizá ciega,
visite tu corazón
y nada te detenga
y te decidas amor
y un día por fin ya tú vengas.


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He de halagar los eslabones de tus versos quienes traen las cadenas del desamor amigo Isías, mirando el sentimiento desde la policromía solo puedo decirte que amarse así mismo hace permeable mirar desde otras perspectivas donde el color imperante se mixtura y armoniza con artístico amor y seguramente los versos voltearan a mirarlo.
Gusto pasar por tus letras, mis saludinesss para ti.

 

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