Del amor y sus contornos

penabad57

Poeta veterano en el portal
Sin alas,
llegaste aquí sin alas,
con la gloria del humo bajándote los párpados
y el vientre alerta, ejercitándose, averiguando
cual es la luz que no mata,
qué espejo miente,
qué aire es negro,
qué invierno se enciende entre flores de mostaza.

Yo recuerdo aquella noche,
las alcayatas eran un reverso de hojas indescifrables,
tu garganta iba rozando el alba
con la humedad anónima del deseo
(a qué hora llamaron las aves del desierto,
a qué púrpura entregué esta carne que la luna ignora),
como los desesperados así llega la memoria a su lecho,
allí los ojos se hacen piedra,
y en su océano de hiedras enlutadas
arden las estatuas de un tiempo sin melodías,
yo te quise enseñar mis cenizas,
yo fundí la precisión de los trenes,
solo yo medí las ruinas que apuntaban al verde.
De la juventud nacen dudosas arañas,
macilentos ruiseñores de ahogada servidumbre,
pintorescos museos de axilas poderosas,
la juventud es el sueño perfecto de una máquina
que busca entre cebollas
el alma de un río milenario.

Yo recupero el miedo
que es palabra vaciándose en la palabra,
el tacto de un primate en su primigenia luz diurna
y es también la duda metafísica que tiembla en los calcetines
antes del asalto o del regreso.
Por ti violé las agujas de un reloj
y puse labios entre las curvas del sueño,
no fue fácil dormir entre tus venas
porque el amor cose misterios
y añade números de plata
a los teléfonos ciegos
para así doblar las esquinas en marejada.
 
Sin alas,
llegaste aquí sin alas,
con la gloria del humo bajándote los párpados
y el vientre alerta, ejercitándose, averiguando
cual es la luz que no mata,
qué espejo miente,
qué aire es negro,
qué invierno se enciende entre flores de mostaza.

Yo recuerdo aquella noche,
las alcayatas eran un reverso de hojas indescifrables,
tu garganta iba rozando el alba
con la humedad anónima del deseo
(a qué hora llamaron las aves del desierto,
a qué púrpura entregué esta carne que la luna ignora),
como los desesperados así llega la memoria a su lecho,
allí los ojos se hacen piedra,
y en su océano de hiedras enlutadas
arden las estatuas de un tiempo sin melodías,
yo te quise enseñar mis cenizas,
yo fundí la precisión de los trenes,
solo yo medí las ruinas que apuntaban al verde.
De la juventud nacen dudosas arañas,
macilentos ruiseñores de ahogada servidumbre,
pintorescos museos de axilas poderosas,
la juventud es el sueño perfecto de una máquina
que busca entre cebollas
el alma de un río milenario.

Yo recupero el miedo
que es palabra vaciándose en la palabra,
el tacto de un primate en su primigenia luz diurna
y es también la duda metafísica que tiembla en los calcetines
antes del asalto o del regreso.
Por ti violé las agujas de un reloj
y puse labios entre las curvas del sueño,
no fue fácil dormir entre tus venas
porque el amor cose misterios
y añade números de plata
a los teléfonos ciegos
para así doblar las esquinas en marejada.
Uno transita cualquier camino y deshecha las encrucijadas como una escalera a la luna cuando se está enamorado, magnífico poema, saludos Alex
 
Sin alas,
llegaste aquí sin alas,
con la gloria del humo bajándote los párpados
y el vientre alerta, ejercitándose, averiguando
cual es la luz que no mata,
qué espejo miente,
qué aire es negro,
qué invierno se enciende entre flores de mostaza.

Yo recuerdo aquella noche,
las alcayatas eran un reverso de hojas indescifrables,
tu garganta iba rozando el alba
con la humedad anónima del deseo
(a qué hora llamaron las aves del desierto,
a qué púrpura entregué esta carne que la luna ignora),
como los desesperados así llega la memoria a su lecho,
allí los ojos se hacen piedra,
y en su océano de hiedras enlutadas
arden las estatuas de un tiempo sin melodías,
yo te quise enseñar mis cenizas,
yo fundí la precisión de los trenes,
solo yo medí las ruinas que apuntaban al verde.
De la juventud nacen dudosas arañas,
macilentos ruiseñores de ahogada servidumbre,
pintorescos museos de axilas poderosas,
la juventud es el sueño perfecto de una máquina
que busca entre cebollas
el alma de un río milenario.

Yo recupero el miedo
que es palabra vaciándose en la palabra,
el tacto de un primate en su primigenia luz diurna
y es también la duda metafísica que tiembla en los calcetines
antes del asalto o del regreso.
Por ti violé las agujas de un reloj
y puse labios entre las curvas del sueño,
no fue fácil dormir entre tus venas
porque el amor cose misterios
y añade números de plata
a los teléfonos ciegos
para así doblar las esquinas en marejada.
Estar enamorado y conformar esas esencias que van dejando
como un extendido angulo de suspiros amorosos,. el poema
es bello y pleno de secuencias que viajan entre los sentimientos.
saludos amables de luzyabsenta
 
Sin alas,
llegaste aquí sin alas,
con la gloria del humo bajándote los párpados
y el vientre alerta, ejercitándose, averiguando
cual es la luz que no mata,
qué espejo miente,
qué aire es negro,
qué invierno se enciende entre flores de mostaza.

Yo recuerdo aquella noche,
las alcayatas eran un reverso de hojas indescifrables,
tu garganta iba rozando el alba
con la humedad anónima del deseo
(a qué hora llamaron las aves del desierto,
a qué púrpura entregué esta carne que la luna ignora),
como los desesperados así llega la memoria a su lecho,
allí los ojos se hacen piedra,
y en su océano de hiedras enlutadas
arden las estatuas de un tiempo sin melodías,
yo te quise enseñar mis cenizas,
yo fundí la precisión de los trenes,
solo yo medí las ruinas que apuntaban al verde.
De la juventud nacen dudosas arañas,
macilentos ruiseñores de ahogada servidumbre,
pintorescos museos de axilas poderosas,
la juventud es el sueño perfecto de una máquina
que busca entre cebollas
el alma de un río milenario.

Yo recupero el miedo
que es palabra vaciándose en la palabra,
el tacto de un primate en su primigenia luz diurna
y es también la duda metafísica que tiembla en los calcetines
antes del asalto o del regreso.
Por ti violé las agujas de un reloj
y puse labios entre las curvas del sueño,
no fue fácil dormir entre tus venas
porque el amor cose misterios
y añade números de plata
a los teléfonos ciegos
para así doblar las esquinas en marejada.
Que bello versos enmarcados en sugerentes y genuinas imágenes made in penabad, sinónimo de belleza y talento en poesía, me ha gustado mucho este poema. Abrazote vuela. Paco.
 
Sin alas,
llegaste aquí sin alas,
con la gloria del humo bajándote los párpados
y el vientre alerta, ejercitándose, averiguando
cual es la luz que no mata,
qué espejo miente,
qué aire es negro,
qué invierno se enciende entre flores de mostaza.

Yo recuerdo aquella noche,
las alcayatas eran un reverso de hojas indescifrables,
tu garganta iba rozando el alba
con la humedad anónima del deseo
(a qué hora llamaron las aves del desierto,
a qué púrpura entregué esta carne que la luna ignora),
como los desesperados así llega la memoria a su lecho,
allí los ojos se hacen piedra,
y en su océano de hiedras enlutadas
arden las estatuas de un tiempo sin melodías,
yo te quise enseñar mis cenizas,
yo fundí la precisión de los trenes,
solo yo medí las ruinas que apuntaban al verde.
De la juventud nacen dudosas arañas,
macilentos ruiseñores de ahogada servidumbre,
pintorescos museos de axilas poderosas,
la juventud es el sueño perfecto de una máquina
que busca entre cebollas
el alma de un río milenario.

Yo recupero el miedo
que es palabra vaciándose en la palabra,
el tacto de un primate en su primigenia luz diurna
y es también la duda metafísica que tiembla en los calcetines
antes del asalto o del regreso.
Por ti violé las agujas de un reloj
y puse labios entre las curvas del sueño,
no fue fácil dormir entre tus venas
porque el amor cose misterios
y añade números de plata
a los teléfonos ciegos
para así doblar las esquinas en marejada.
y aún no puedo creer que los tenga, grato leerte
 

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