lesmo
Poeta veterano en el portal
No me empeñe jamás en la pregunta,
que descanse en la brisa y la mañana,
la mañana de pueblo,
de alamedas que ocultan la montaña,
las que tienen prendidos
los recuerdos perennes de mi infancia.
Que descanse en la tarde,
y en la fuente y sus círculos de agua,
y que duerma tranquilo
en la limpia ternura de las sábanas,
las del ajuar antiguo de mi madre,
y con las mismas luces tamizadas,
y en mi cuarto de siempre,
como siempre, entornada la persiana.
Que descanse en el patio
con la calle desierta y solitaria,
en la noche de vientos astifinos
resguardado al abrigo de una manta,
la de siempre y que era de mi padre
con su aroma y sus fibras desgastadas.
Que descanse en el cielo,
ese imán que se lleva la mirada
a otros mundos que son desconocidos
y que nunca sabré como se llaman.
No me empeñe jamás en la pregunta:
tal vez responda el alma descansada.
que descanse en la brisa y la mañana,
la mañana de pueblo,
de alamedas que ocultan la montaña,
las que tienen prendidos
los recuerdos perennes de mi infancia.
Que descanse en la tarde,
y en la fuente y sus círculos de agua,
y que duerma tranquilo
en la limpia ternura de las sábanas,
las del ajuar antiguo de mi madre,
y con las mismas luces tamizadas,
y en mi cuarto de siempre,
como siempre, entornada la persiana.
Que descanse en el patio
con la calle desierta y solitaria,
en la noche de vientos astifinos
resguardado al abrigo de una manta,
la de siempre y que era de mi padre
con su aroma y sus fibras desgastadas.
Que descanse en el cielo,
ese imán que se lleva la mirada
a otros mundos que son desconocidos
y que nunca sabré como se llaman.
No me empeñe jamás en la pregunta:
tal vez responda el alma descansada.