Parpadea el piloto de un automóvil en tu seno.
Eras tú en agosto la luz que se quiebra,
el naranja que corrompe la virtud del cielo,
un cuerpo barnizado por las olas de la huida.
Fue durante un verano de largas carreteras,
el sur combatía en alguna parte
y en tus ojos aún crepitaba el acento de una herida.
Entonces tú no eras más que el verde de cien pupilas
colgantes, la arquitectura de un girasol sonámbulo.
Nos amamos en el vértice, bajo el sudor de los árboles,
en todos los sitios que nadie nombra, con el corazón
ardiendo, ciegos como dos soles moribundos.
Eras tú en agosto la luz que se quiebra,
el naranja que corrompe la virtud del cielo,
un cuerpo barnizado por las olas de la huida.
Fue durante un verano de largas carreteras,
el sur combatía en alguna parte
y en tus ojos aún crepitaba el acento de una herida.
Entonces tú no eras más que el verde de cien pupilas
colgantes, la arquitectura de un girasol sonámbulo.
Nos amamos en el vértice, bajo el sudor de los árboles,
en todos los sitios que nadie nombra, con el corazón
ardiendo, ciegos como dos soles moribundos.