jmacgar
Poeta veterano en el portal
El cansancio de Atlas
No quiero en modo alguno, todavía,
marcharme para siempre; desearía,
bien abiertos los ojos, gesto adusto,
estar aquí en el momento justo
en el que Atlas se canse de su carga
-carga imponente mas también amarga-
y se desplome en un instante el cielo.
Yo habito aquí en el, bendito suelo,
Jardín de las Hespérides; sus hijas
-áureos son sus cabellos en sortijas-
cuidan atentas las doradas pomas.
Desde atalayas, sobre suaves lomas,
quiero observar el fin del universo
y en pareados narrarlo, verso a verso.
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No crean los lectores que estoy inventando nada con esta fórmula en pareados. El poeta argentino Ricardo H. Herrera, en su poemario "Imágenes del silencio cotidiano", tiene más de un precioso poema que alguien (otro argentino) definió como "Sonetos en pareados":
Amanece. Se escucha al benteveo
llamar entre la niebla. Su deseo
se ahonda en la memoria hasta el olvido.
La opacidad desnuda y el sonido
se van mezclando con la luz naciente.
y largamente, apasionadamente,
límpido insiste; inmóvil, sobre un leño.
La casa está callada como un sueño.
Una calle con plátanos regresa
a avivar en la mente una promesa.
El silencio se funde al infinito
y el silbido amarillo, el frágil mito
de improvisada música, arde, mana
en el bosque de oscura sangre humana.
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No me puedo resistir a dejarles este otro:
Sólo esta breve luz, la luz que irisa
tu desnudez, tus ojos, tu sonrisa,
tu deseo cuando entra en el amor.
Sólo esta breve luz, esta hambre, ardor
del sí junto a la muerte, este tormento
invadiendo mi carne, el sentimiento.
Sólo esta breve luz, la del poema
de mi fidelidad, la llama extrema
y límpida, mi angustia, mi quimera.
Sólo esta breve luz, la de la espera
pendiendo en el silencio como un fruto,
con su clamor inmóvil y absoluto.
Sólo esta breve luz, la inadvertida
y vulnerable lumbre de la vida.
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