jmacgar
Poeta veterano en el portal
Versionando “Un sábado”, de J.L.Borges
Un hombre solo en medio del vacío
de su habitáculo se mueve a oscuras;
anda inseguro, roza las paredes
de cada pieza de la casa a tientas:
aquí los libros llenan los estantes,
aquí la mecedora, aquí la mesa,
aquí, entreabierta, está la acristalada
puerta de la cocina; hay un goteo
que le avisa de un grifo mal cerrado;
sin verse pasa ante la limpia luna
del armario en su cuarto; se recuesta
en la yacija y piensa ya en su ocaso
creyendo que la holanda es su mortaja.
Aunque en la casa hay luz no la ha encendido
porque quiere pasar por la experiencia
de la ceguera. Es sábado, hoy no quiere
cumplir con el deseo que le impulsa
cada noche a escribir algún poema.
Hoy solo lo recita varias veces
para guardarlo entero en su memoria.
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Y este es el poema de Borges "Un sábado" que he intentado, torpemente, versionar:Un hombre solo en medio del vacío
de su habitáculo se mueve a oscuras;
anda inseguro, roza las paredes
de cada pieza de la casa a tientas:
aquí los libros llenan los estantes,
aquí la mecedora, aquí la mesa,
aquí, entreabierta, está la acristalada
puerta de la cocina; hay un goteo
que le avisa de un grifo mal cerrado;
sin verse pasa ante la limpia luna
del armario en su cuarto; se recuesta
en la yacija y piensa ya en su ocaso
creyendo que la holanda es su mortaja.
Aunque en la casa hay luz no la ha encendido
porque quiere pasar por la experiencia
de la ceguera. Es sábado, hoy no quiere
cumplir con el deseo que le impulsa
cada noche a escribir algún poema.
Hoy solo lo recita varias veces
para guardarlo entero en su memoria.
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Un sábado
Un hombre ciego en una casa hueca
fatiga ciertos limitados rumbos
y toca las paredes que se alargan
y el cristal de las puertas interiores
y los ásperos lomos de los libros
vedados a su amor y la apagada
platería que fue de los mayores
y los grifos del agua y las molduras
y unas vagas monedas y la llave.
Está solo y no hay nadie en el espejo.
Ir y venir. La mano roza el borde
del primer anaquel. Sin proponérselo,
se ha tendido en la cama solitaria
y siente que los actos que ejecuta
interminablemente en su crepúsculo
obedecen a un juego que no entiende
y que dirige un dios indescifrable.
En voz alta repite y cadenciosa
fragmentos de los clásicos y ensaya
variaciones de verbos y de epítetos
y bien o mal escribe este poema.
(Jorge Luis Borges)