Yo me miro
en las ventanas
para no pertenecer
a otros rostros
esos rostros
de las mujeres que no aman, o que no saben amar.
Aquellas que murmuran
en la delgadez
de los espejos de agua
que la muerte es cosa de Dios.
¿Qué pasaría
si elijo la caída
de hojas amarillas sobre tus manos?
...y sí te dijera que, ¡en mi cuerpo podrías derramar toda tu extensión de hombre animal!.
En consecuencia no soy mía
soy de usted.
De su hombría
que se hace carne
y deseo en mí piel,
soy una alfombra de violetas perfumadas
en la sombra de un rumor
que usted no entiende.
en las ventanas
para no pertenecer
a otros rostros
esos rostros
de las mujeres que no aman, o que no saben amar.
Aquellas que murmuran
en la delgadez
de los espejos de agua
que la muerte es cosa de Dios.
¿Qué pasaría
si elijo la caída
de hojas amarillas sobre tus manos?
...y sí te dijera que, ¡en mi cuerpo podrías derramar toda tu extensión de hombre animal!.
En consecuencia no soy mía
soy de usted.
De su hombría
que se hace carne
y deseo en mí piel,
soy una alfombra de violetas perfumadas
en la sombra de un rumor
que usted no entiende.