Muerte por encomienda

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Muerte por encomienda


Que sabrosa es la muerte en encomienda.

Dulce y amarga. Cruenta y peligrosa.

Cuidas que, del suspiro, en la contienda

quede el resquicio rojo de la rosa.


Penden de un hilo todas las campanas

sordas de las iglesias ya vacías.

Somos las horas tardas o tempranas...

dentro de tus caídas y las mías.


Temen los sacerdotes y rabinos...

Claman por los castigos del infierno

siendo que caminaron mis caminos,

hombro con hombro, desde nuestro invierno.


Autor: Jorge de Córdoba

 
De eso se trata, César: Vine, vi y vencí.
Tu poema lo expresa a la perfección.
Qué grande eres, dentro de la jaula.
Ocupas todo el espacio que hay disponible.
No caben ni siquiera, los alimentos que necesitas para subsistir.
La verdad es que el gigantismo es una ruina.
Te recomiendo que disminuyas de tamaño...
 
De eso se trata, César: Vine, vi y vencí.
Tu poema lo expresa a la perfección.
Qué grande eres, dentro de la jaula.
Ocupas todo el espacio que hay disponible.
No caben ni siquiera, los alimentos que necesitas para subsistir.
La verdad es que el gigantismo es una ruina.
Te recomiendo que disminuyas de tamaño...
"Vanidad de vanidades... todo es vanidad"
Te diría Qoholet... Pero también podría decirnos: "Mía es la venganza y la retribución"... o más todavía... que " por tener enardecido el corazón corro tras el homicida para darle alcance"

Y si... cuando existe una meta... no hay nada más.

Toda acción... lleva una ecuación en el metatarso y espaldilla.
 
Última edición:
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Muerte por encomienda


Que sabrosa es la muerte en encomienda.

Dulce y amarga. Cruenta y peligrosa.

Cuidas que, del suspiro, en la contienda

quede el resquicio rojo de la rosa.


Penden de un hilo todas las campanas

sordas de las iglesias ya vacías.

Somos las horas tardas o tempranas...

dentro de tus caídas y las mías.


Temen los sacerdotes y rabinos...

Claman por los castigos del infierno

siendo que caminaron mis caminos,

hombro con hombro, desde nuestro invierno.


Autor: Jorge de Córdoba

Decía Alberti "ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste, lo desgarrado y muerto que tiene una garganta, cuando desde el abismo de su idioma quisiera gritar lo que no puede, por imposible y calla" Afortunadamente no es éste el caso y la belleza de tus versos se deja recorrer con mucho agrado. Mis saludos.
 
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Muerte por encomienda


Que sabrosa es la muerte en encomienda.

Dulce y amarga. Cruenta y peligrosa.

Cuidas que, del suspiro, en la contienda

quede el resquicio rojo de la rosa.


Penden de un hilo todas las campanas

sordas de las iglesias ya vacías.

Somos las horas tardas o tempranas...

dentro de tus caídas y las mías.


Temen los sacerdotes y rabinos...

Claman por los castigos del infierno

siendo que caminaron mis caminos,

hombro con hombro, desde nuestro invierno.


Autor: Jorge de Córdoba

Buenìsimas metàforas Cèsar.
Me gusta mucho la segunda estrofa porque las
imàgenes son visualizables como persianas
que permiten entrever en algo todo el contenido.
Saludos. Muchas gracias Cèsarfco.
 

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