Muerte por encomienda
Que sabrosa es la muerte en encomienda.
Dulce y amarga. Cruenta y peligrosa.
Cuidas que, del suspiro, en la contienda
quede el resquicio rojo de la rosa.
Penden de un hilo todas las campanas
sordas de las iglesias ya vacías.
Somos las horas tardas o tempranas...
dentro de tus caídas y las mías.
Temen los sacerdotes y rabinos...
Claman por los castigos del infierno
siendo que caminaron mis caminos,
hombro con hombro, desde nuestro invierno.
Autor: Jorge de Córdoba