Bueno, ya hoy es un hecho que Bolsonaro ganó la presidencia del Brasil, con más del 55% de los votos. Más allá de que la discusión derivó, por algunos comentarios, al asunto de la emigración, que es un tema relativamente colateral, ha surgido este tema del «tontibuenismo», que no parece ser ajeno al asunto. Más allá de detalles episódicos, quizás haya en esto del tontibuenismo una explicación de los movimientos pendulares en la política de algunos países de América Latina. Llegados al poder, los populistas progresistas (uso esta denominación que me repugna para ser breve: Lula, Kirchner, Chávez, Correa, Morales, Mujica) cometieron quizás la ingenuidad de creer que podían hacer su política de redistribución de la riqueza mientras toleraban que los persistentes dueños de la economía de sus países hicieran sus negocios de siempre, solo acotándolos. En épocas de vacas gordas, esta política pudo tener cierto éxito: había más para repartir y la redistribución no afectaba grandemente los intereses de los grandes actores de la economía; pero hay movimientos pendulares en los ciclos económicos, y los precios de las materias primas (petróleo, soja, etc.) oscilan; sumado esto a la insaciable voracidad del capital y al permanente accionar del imperio por someter a las naciones a su arbitrio, se crean las situaciones de crisis, caldo de cultivo del fascismo en el caso de Bolsonaro, o de las derechas más edulcoradas en el caso argentino.
No sé si decir novedosos, pero sí diría redimensionados en su rol, han jugado un papel preponderante la justicia y los medios. El carácter corporativo de los medios es archiconocido, pero parecería que su grado de planificación y coordinación internacional ha alcanzado nuevos hitos; la justicia, que en estos países ha sobrevivido impertérrita a los quiebres institucionales de las diversas dictaduras, parece en manos de algunos showmen que se miran en el espejo de los medios para hacer sus monerías, dejando de lado los criterios más elementales del derecho (la destitución de Rouseff y la prisión de Lula son ejemplos más que suficientes).
No es por cierto novedoso el papel de los grupos religiosos al servicio de las derechas, casi siempre.Su mezcla de la moral individual con la política me da, personalmente, mucho asco. Las dotes actorales de Bolsonaro contribuyeron no poco a darle su perfil ganador, bautismo en el Jordán incluido.
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Por supuesto, el saldo pesimista de este panorama parece ser asfixiante, y hay que seguir viviendo. Los militantes seguirán con su militancia, aún perdiendo, pero los demás... Es difícil hacer política sin sembrar esperanzas a corto plazo, pero el balance indica que estas son mentirosas. Las perspectivas a más largo plazo seducen a unos pocos, y así estamos. Veo tontibuenismo en la resistencia por varios años.
saludos y gracias a todos los que han aportado sus opiniones a este tema
Jorge