Yo no pretendo enseñarte
lecciones sobre la vida,
ni a la muerte tan temida,
desde el ruedo he de mostrarte.
No le basta con el arte
al torero ante la muerte,
del toro que toca en suerte
ha de ponerse en la piel,
porque solo siendo él,
duele la sangre que vierte.
Igual le pasa al poeta
el toro es como la vida
y la muerte tan temida,
dos caras y una silueta.
El arte que lo interpreta
con la pluma o el cincel
puede dejarnos la hiel
que le dicte su amargura
o del amor la dulzura
que le ha dejado en su piel.
Nota:
Este décima no pretende hablar de toros, aunque estoy en contra de las esa barbaridad de la muerte del toro y su sufrimiento, y que además le llamen arte.
En mi poema el toro es una metáfora de la vida y de la muerte, las dos partes de una misma silueta. El arte para mí ha de mojarse, bajar a la plaza torear la vida, danzar con la muerte. Hablo de no ver a los toros desde la barrera, sino desde la propia piel, aunque esta piel sea de otro que nos duele, o del humor que nos despierta esos días en que llueve sobre mojado.
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