Ya sabes que el atributo de las navidades blancas se lo debemos a Dickens y a la climatología dominante en el periodo conocido como la Pequeña Edad de Hielo, que abarcó los siglos centrales del milenio pasado y que se dio por terminada en 1850, aproximadamente. Por aquel entonces, ya hacía frío y nevaba por Navidad en muchos lugares de Europa. Hoy en día es raro que en estas fechas nieve. Lo digo por Mr. Scrooge, que viene a cuento porque la explosión del Anak Krakatoa, el bestial corrimiento de tierras submarino y el subsiguiente tsunami, nos recuerda que en 1883 hubo en ese mismo punto una explosión apocalíptica, que acabó con la vida de los isleños y hasta con la propia isla, seguida de unos cuatro inviernos de los de Mr. Scrooge debido a la cantidad de partículas volcánicas en suspensión. Es decir, el volcán Krakatoa y los tsunamis nos recuerdan que ya es Navidad, que el mundo sigue girando y que de las placas tectónicas y los cinturones de fuego siguen saliendo chispas. Que nos visite el fantasma del pasado en estas circunstancias no debería alarmarnos. Estamos a cubierto. Parece que el fantasma del presente ha visitado a los sin-techo húngaros en forma de obligación de dormir en albergues u otros establecimientos, so pena de ser arrestados. Mucha gente lo aplaudirá, porque la pobreza expuesta a la vergüenza de la intemperie hace feo, pero el pesebre nos recuerda que los indigentes tienen animales que les ayudan a mitigar su sentimiento de soledad. Animales que no pueden ir a un albergue y que quedarán, en consecuencia abandonados. Si la aporafobia viene de la mano del fantasma de la Navidad presente, parece que la Navidad futura viene descaradamente de la mano de los nostálgicos de la prensa del Movimiento y de la cacería humana de la isla de Utoya, gente que enseña la axila a la que te descuidas. Están a tu lado, a mi lado; han estado siempre ahí, sin que nos diéramos cuenta, incubando los aparentemente inofensivos huevos de la serpiente ¿Tus décimas? Muy bien, nada forzadas. Y un detalle lo de ahorrarnos la rima noche/coche. No sé si la hubiera podido digerir después de los turrones. Un saludo. Luis
Primero que nada Luis, agradecerte enormemente que hayas dedicado tanto tiempo a este respuesta un día-noche tan señalad@ como hoy.
Trataré de corresponderte aunque intentaré no extenderme mucho pero, como ya sabes lo que me gusta dar explicaciones, no te prometo nada.
Te diré para empezar lo curioso que es que hayas traído el tema del Krakatoa a este comentario ya que mi primera intención fue hacer unas décimas aludiendo irónicamente a ese terrible desastre con esa cantidad tremenda de muertos, y lo iba a hacer desde el punto de vista de mi proverbial escepticismo religioso que seguramente conoces. Iba a decir más o menos en esas décimas (finalmente autocensuradas) que menuda celebración hacía el todopoderoso para conmemorar el 2018 cumpleaños de su hijo hecho hombre, vaya regalito para los humanos ¿eh? Por cierto ¿serán verdaderamente 2018 los años y nacería realmente en diciembre o esas fechas no se ajustan a la verdad? Ya sabemos las componendas que hizo la iglesia para adaptar sus celebraciones a las fiestas paganas; hay quien dice que estos festejos que celebramos, realmente son una cristianización de las fiestas paganas que celebraban los romanos y otros pueblos del norte de Europa con motivo del solsticio de invierno. Lo del 25 de Diciembre creo que se remonta a Siria y a un tal dios de la luz llamado Mitra cuyo nacimiento fue precisamente ese día 25 y que nació, dicen, de una piedra (para que luego digan que menos da una piedra).
Pero bueno, dicho esto en relación al Krakatoa y a mi autocensura en aras de no molestar a los que creen en lo que yo no creo, pues decidí enfocar mis décimas por el tema personal; sabrás que me gusta muy poco hacer confesiones personales en mis poemas; por lo general imposto mucho aunque siempre me pueda dejar unos pelos en la gatera; pero por esta vez sí que he sido bastante autobiográfico, Luis, porque sí que es cierto que hace años que no celebro la Navidad; es una forma de ser consecuente conmigo mismo: ¿por qué celebrar algo en lo que no creo?; y es que, además, estos días me parecen el colmo del derroche y el despilfarro. No se celebra el nacimiento de un dios en condiciones de pobreza en un pesebre, no, se celebra la fiesta del los mercaderes del becerro de oro, contra los que la emprendería a latigazos unos años más tarde en el templo ese recién nacido dios. En eso se ha convertido la Navidad, en la fiesta mercantil por antonomasia.
Berlanga hizo una genialidad con su película
“Plácido” reflejando esta fiesta de manera harto sarcástica con el lavado de conciencia que hacían las gentes de bien en esas fechas pretéritas (años 60 del pasado siglo) invitando a un pobre a comer a su casa en fecha tan señalada. La película tenía un humor corrosivo de crítica social como ya no se ve en el cine. Berlanga en eso era un Maestro, sin duda y esa película es una joya.
En cuanto a tu referencia a las rimas “previsibles”, no me dirás que hacer rimar
derroche con
noche en el contexto en donde lo hago tiene algo de ripioso ¿verdad?; ahí está plenamente justificada esa rima; ya en otra ocasión en la que hice rimar
noche con los faros de un
coche me lo echaste en cara y necesité una larga explicación para decirte el motivo de haber hecho esa rima y creo que te convencí, al menos eso me diste a entender.
En cambio las rimas que me ofrecieron más dificultad en estas décimas son las terminadas en –umbre, ¡uf, ahí sí que tuve que hacer encaje de bolillos para no hacer ripios, te lo juro pana.
Bueno, y a seguir soportando la Navidad, que todavía queda fiesta para rato.
Un abrazo.