A mi socorro

Signo

Poeta recién llegado
El cielo corre: una herida en
carne viva de la que mana sangre
amarillenta que reluce, a estas horas;
y en la córnea me salpica.

Me salpica, y me quema.
Y me quema cuando miro en ese río,
y esa isla (donde antes, nada había).

En ella, pequeñas masas de agua
cogen forma de navíos.
Y la surcan, más no avanzan,
si diviso.

Mientras yo me varo al puente
pavoroso y compungido. Y las
caras de la gente lucen yermas,
si me giro
 
Última edición:
El cielo corre: una herida en
carne viva de la que mana sangre
amarillenta que reluce, a estas horas;
y en la córnea me salpica.

Me salpica, y me quema.
Y me quema cuando miro en ese río,
y esa isla (donde antes, nada había).

En ella, pequeñas masas de agua
cogen forma de navíos.
Y la surcan, más no avanzan,
si diviso.

Mientras yo me varo al puente
pavoroso y compungido. Y las
caras de la gente lucen yermas,
si me giro
Reflexionando … buenas letras, gusto leerte, un abrazo
 
Todo eso que describes, es tan sólo, una parte.
Parece que no quisieras abrir enteramente, los ojos.
 
El cielo corre: una herida en
carne viva de la que mana sangre
amarillenta que reluce, a estas horas;
y en la córnea me salpica.

Me salpica, y me quema.
Y me quema cuando miro en ese río,
y esa isla (donde antes, nada había).

En ella, pequeñas masas de agua
cogen forma de navíos.
Y la surcan, más no avanzan,
si diviso.

Mientras yo me varo al puente
pavoroso y compungido. Y las
caras de la gente lucen yermas,
si me giro
Un precioso poema que me ha encantado recorrer, signo. Felicitciones y aplausos a tu preciada pluma.
Saludos.
Azalea.
 

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