El cielo corre: una herida en
carne viva de la que mana sangre
amarillenta que reluce, a estas horas;
y en la córnea me salpica.
Me salpica, y me quema.
Y me quema cuando miro en ese río,
y esa isla (donde antes, nada había).
En ella, pequeñas masas de agua
cogen forma de navíos.
Y la surcan, más no avanzan,
si diviso.
Mientras yo me varo al puente
pavoroso y compungido. Y las
caras de la gente lucen yermas,
si me giro
carne viva de la que mana sangre
amarillenta que reluce, a estas horas;
y en la córnea me salpica.
Me salpica, y me quema.
Y me quema cuando miro en ese río,
y esa isla (donde antes, nada había).
En ella, pequeñas masas de agua
cogen forma de navíos.
Y la surcan, más no avanzan,
si diviso.
Mientras yo me varo al puente
pavoroso y compungido. Y las
caras de la gente lucen yermas,
si me giro
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