Y tus manos se enraízan en las mías

Pessoa

Moderador Foros Surrealistas.o
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Moderadores
“Estamos solos en este día en que todas las noches son bellas”

Carlos Latorre.



Y tus manos se enraízan en las mías

y nuestros cabellos arden en una común hoguera.


Es esta la noche iniciática.

La noche donde las exequias resuenan con la voz

de luctuosas campanas

aunque la luna, plato de ofrendas,

llene con su ámbito de láctea blancura

los pentagramas que nacen de los ojos moribundos.


Esta es la noche y tú viajas a otros espacios.

Voces roncas como gritos del silencio

me llaman con nombres extraños, nombres que usé algún día

cuando mis máscaras aún no habían caído.


Los viejos ritos se imponen

y he de tener mis manos libres

y mis cabellos en calma.

Has de soltarme, entonces

y dejarme navegar con sólo mi osadía.



He de construir para nosotros ese nuevo universo

con las geometrías inéditas, con las plácidas armonías

que la trigonometría y sus enumeradas proporciones

me exige según las reglas del arte.


Cuando mis bosques renazcan

cuando mis montañas caigan bajo las hachas ciegas de los hielos

cuando caballos de vapor desprovistos de sus máquinas

eleven hasta los dioses mis plegarias,

entonces seré un íngrimo constructor

de catedrales desmesuradas

y en sus altos pináculos podrás descansar conmigo,

alada y previsora como la esfinge que canta.


Cantarás frente a facistoles añosos

cánticos celestiales

que el peso de los siglos han afinado en “la”,

serás el suave cordobán, la más pulida vitela

sobre la que ángeles custodios iluminarán tu imagen con lapislázuli.


Los ecos de las libélulas que flamean sus alas

bajo la luz con la que el día muere

anunciarán caminos expeditos para llegar hasta el centro de las ciudades

y los halos de neón tejerán los inaudibles aullidos

de los poetas asesinados.


Esta es la noche iniciática,

la noche sin final en la que las constelaciones

escribirán con torpes caligrafías

las nóminas de los elegidos

empezando por aquellos a quienes les broten margaritas

de las cuencas de sus ojos

vacíos de tanto ver prodigios

como estos que ahora comienzan

para nosotros.



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“Estamos solos en este día en que todas las noches son bellas”

Carlos Latorre.



Y tus manos se enraízan en las mías

y nuestros cabellos arden en una común hoguera.


Es esta la noche iniciática.

La noche donde las exequias resuenan con la voz

de luctuosas campanas

aunque la luna, plato de ofrendas,

llene con su ámbito de láctea blancura

los pentagramas que nacen de los ojos moribundos.


Esta es la noche y tú viajas a otros espacios.

Voces roncas como gritos del silencio

me llaman con nombres extraños, nombres que usé algún día

cuando mis máscaras aún no habían caído.


Los viejos ritos se imponen

y he de tener mis manos libres

y mis cabellos en calma.

Has de soltarme, entonces

y dejarme navegar con sólo mi osadía.



He de construir para nosotros ese nuevo universo

con las geometrías inéditas, con las plácidas armonías

que la trigonometría y sus enumeradas proporciones

me exige según las reglas del arte.


Cuando mis bosques renazcan

cuando mis montañas caigan bajo las hachas ciegas de los hielos

cuando caballos de vapor desprovistos de sus máquinas

eleven hasta los dioses mis plegarias,

entonces seré un íngrimo constructor

de catedrales desmesuradas

y en sus altos pináculos podrás descansar conmigo,

alada y previsora como la esfinge que canta.


Cantarás frente a facistoles añosos

cánticos celestiales

que el peso de los siglos han afinado en “la”,

serás el suave cordobán, la más pulida vitela

sobre la que ángeles custodios iluminarán tu imagen con lapislázuli.


Los ecos de las libélulas que flamean sus alas

bajo la luz con la que el día muere

anunciarán caminos expeditos para llegar hasta el centro de las ciudades

y los halos de neón tejerán los inaudibles aullidos

de los poetas asesinados.


Esta es la noche iniciática,

la noche sin final en la que las constelaciones

escribirán con torpes caligrafías

las nóminas de los elegidos

empezando por aquellos a quienes les broten margaritas

de las cuencas de sus ojos

vacíos de tanto ver prodigios

como estos que ahora comienzan

para nosotros.



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“Estamos solos en este día en que todas las noches son bellas”

Carlos Latorre.



Y tus manos se enraízan en las mías

y nuestros cabellos arden en una común hoguera.


Es esta la noche iniciática.

La noche donde las exequias resuenan con la voz

de luctuosas campanas

aunque la luna, plato de ofrendas,

llene con su ámbito de láctea blancura

los pentagramas que nacen de los ojos moribundos.


Esta es la noche y tú viajas a otros espacios.

Voces roncas como gritos del silencio

me llaman con nombres extraños, nombres que usé algún día

cuando mis máscaras aún no habían caído.


Los viejos ritos se imponen

y he de tener mis manos libres

y mis cabellos en calma.

Has de soltarme, entonces

y dejarme navegar con sólo mi osadía.



He de construir para nosotros ese nuevo universo

con las geometrías inéditas, con las plácidas armonías

que la trigonometría y sus enumeradas proporciones

me exige según las reglas del arte.


Cuando mis bosques renazcan

cuando mis montañas caigan bajo las hachas ciegas de los hielos

cuando caballos de vapor desprovistos de sus máquinas

eleven hasta los dioses mis plegarias,

entonces seré un íngrimo constructor

de catedrales desmesuradas

y en sus altos pináculos podrás descansar conmigo,

alada y previsora como la esfinge que canta.


Cantarás frente a facistoles añosos

cánticos celestiales

que el peso de los siglos han afinado en “la”,

serás el suave cordobán, la más pulida vitela

sobre la que ángeles custodios iluminarán tu imagen con lapislázuli.


Los ecos de las libélulas que flamean sus alas

bajo la luz con la que el día muere

anunciarán caminos expeditos para llegar hasta el centro de las ciudades

y los halos de neón tejerán los inaudibles aullidos

de los poetas asesinados.


Esta es la noche iniciática,

la noche sin final en la que las constelaciones

escribirán con torpes caligrafías

las nóminas de los elegidos

empezando por aquellos a quienes les broten margaritas

de las cuencas de sus ojos

vacíos de tanto ver prodigios

como estos que ahora comienzan

para nosotros.



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Una noche viajera para cantar entre la frivolidad y esos sentimientos que
emergen desde los brotes de unas direcciones expuestas. el poema es intenso
y deja reunirse en ese germen de esencias que refleja.
felicidades. saludos de luzyabsenta
 
“Estamos solos en este día en que todas las noches son bellas”

Carlos Latorre.



Y tus manos se enraízan en las mías

y nuestros cabellos arden en una común hoguera.


Es esta la noche iniciática.

La noche donde las exequias resuenan con la voz

de luctuosas campanas

aunque la luna, plato de ofrendas,

llene con su ámbito de láctea blancura

los pentagramas que nacen de los ojos moribundos.


Esta es la noche y tú viajas a otros espacios.

Voces roncas como gritos del silencio

me llaman con nombres extraños, nombres que usé algún día

cuando mis máscaras aún no habían caído.


Los viejos ritos se imponen

y he de tener mis manos libres

y mis cabellos en calma.

Has de soltarme, entonces

y dejarme navegar con sólo mi osadía.



He de construir para nosotros ese nuevo universo

con las geometrías inéditas, con las plácidas armonías

que la trigonometría y sus enumeradas proporciones

me exige según las reglas del arte.


Cuando mis bosques renazcan

cuando mis montañas caigan bajo las hachas ciegas de los hielos

cuando caballos de vapor desprovistos de sus máquinas

eleven hasta los dioses mis plegarias,

entonces seré un íngrimo constructor

de catedrales desmesuradas

y en sus altos pináculos podrás descansar conmigo,

alada y previsora como la esfinge que canta.


Cantarás frente a facistoles añosos

cánticos celestiales

que el peso de los siglos han afinado en “la”,

serás el suave cordobán, la más pulida vitela

sobre la que ángeles custodios iluminarán tu imagen con lapislázuli.


Los ecos de las libélulas que flamean sus alas

bajo la luz con la que el día muere

anunciarán caminos expeditos para llegar hasta el centro de las ciudades

y los halos de neón tejerán los inaudibles aullidos

de los poetas asesinados.


Esta es la noche iniciática,

la noche sin final en la que las constelaciones

escribirán con torpes caligrafías

las nóminas de los elegidos

empezando por aquellos a quienes les broten margaritas

de las cuencas de sus ojos

vacíos de tanto ver prodigios

como estos que ahora comienzan

para nosotros.



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Querido amigo Miguel, es una verdadera maravilla tu poema, he disfrutado enormemente de esta lectura... me quito el sombrero ante este poema impecable, amigo, felicidades.Un abrazo y el deseo de que tengas estupendos días.
 

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