Sigifredo Silva Rodríguez
Poeta adicto al portal
Pasados los cincuenta se notan las arrugas,
no vale ungüento chino que impida el deterioro;
del verdor del camino se pierde su tesoro,
la fuerza se fragmenta, se aprecia por sus fugas.
Forzosa y lentamente se secan las pechugas,
pierde hasta el menos fino la potencia del toro.
¡Pero ese es el destino! Renunciar con decoro
a la esencia que muestra el fresco en las lechugas.
No se hable de la parca que ella no entra en razones,
menos en componendas ni en siniestros contratos;
no ponerle misterio a la longevidad.
Que se vaya en la vida con buenas relaciones,
y consiguiendo amigos: actitud de sensatos.
Mientras llega la hora gozar con propiedad.
no vale ungüento chino que impida el deterioro;
del verdor del camino se pierde su tesoro,
la fuerza se fragmenta, se aprecia por sus fugas.
Forzosa y lentamente se secan las pechugas,
pierde hasta el menos fino la potencia del toro.
¡Pero ese es el destino! Renunciar con decoro
a la esencia que muestra el fresco en las lechugas.
No se hable de la parca que ella no entra en razones,
menos en componendas ni en siniestros contratos;
no ponerle misterio a la longevidad.
Que se vaya en la vida con buenas relaciones,
y consiguiendo amigos: actitud de sensatos.
Mientras llega la hora gozar con propiedad.
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