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¡Qué fácil es alcanzar la felicidad...!
Moderador Foros Surrealistas.o
Miembro del equipo
Moderadores
Hoy he salido a buscar ese campo de color sepia
que encontré junto a tu retrato.
Se que tiene piedras que son sueños
habitadas por las ruinas de antiguos palacios
y hasta nubes, en el mejor de los casos,
de los inciensos y aromas de las fiestas que en ellos gozamos.
También -de todo habrá-
encontré los restos de insectos devorados por el tiempo
como lo han sido mis recuerdos de la infancia que pasé
junto a tus árboles frutales.
Seda y paños de satén tejen tus manos marchitas
oh diosa del hogar, mi pequeño y cerúleo bibelot de porcelana
irisado en las noches de vigilia por las luces de resplandores llegados
desde las candelas votivas del cementerio inmediato.
He visto el campo pero ya no es de color sepia
ese antiguo color de los restos que se resisten a morir.
Era el sepia, pues, tan sólo el color de tu retrato.
Siguen las piedras veloces en su devenir del tiempo
tejiendo en su seno hueco las volutas de extrañas cúpulas
como las que inventó Brunelleschi
-tal vez yo participé en el trato-
que recogerán mañanas y atardeceres de amantes demoníacos
los que hicieron del amor rutina hirviente de actos.
Arduas premoniciones asaltan como saetas las viejas heridas del tiempo
son aquellas que forjaron un quehacer hoy ya inválido.
Se disuelven los pétreos cimientos de las edades doradas
en las que fuimos felices.
Sólo barcos oscuros se ofrecen ya en los puertos decadentes
apagando las alegrías obsoletas de nuestra antigua ingenuidad.
Reflexionemos.
Las libélulas diseñan sobre los plácidos sargazos
las gráficas de las nuevas ecuaciones
inspiradoras de las palabras de amor o nocturnos filtros para pasiones eternas.
“Sargassum siliquastrum” se propone como modelo fractálico
sustituyendo las decadentes redes neuronales.
Pero yo…
He de refugiarme en los abruptos roquedales de los que procede mi estirpe
desde allí los desiertos son suntuosos jardines
apenas esbozados sobre horizontes confusos
las agarenas doncellas llegarán con sus cántaros de oro
y me traerán con sus canciones ambrosías y pergaminos antiguos.
Qué fácil es alcanzar la felicidad…
Ilust.: Sargassum siliquastrum
Última edición: 5 de Mayo de 2019
Moder Surrealistas, Microprosas.Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Moderadores
Hoy he salido a buscar ese campo de color sepia
que encontré junto a tu retrato.
Se que tiene piedras que son sueños
habitadas por las ruinas de antiguos palacios
y hasta nubes, en el mejor de los casos,
de los inciensos y aromas de las fiestas que en ellos gozamos.
También -de todo habrá-
encontré los restos de insectos devorados por el tiempo
como lo han sido mis recuerdos de la infancia que pasé
junto a tus árboles frutales.
Seda y paños de satén tejen tus manos marchitas
oh diosa del hogar, mi pequeño y cerúleo bibelot de porcelana
irisado en las noches de vigilia por las luces de resplandores llegados
desde las candelas votivas del cementerio inmediato.
He visto el campo pero ya no es de color sepia
ese antiguo color de los restos que se resisten a morir.
Era el sepia, pues, tan sólo el color de tu retrato.
Siguen las piedras veloces en su devenir del tiempo
tejiendo en su seno hueco las volutas de extrañas cúpulas
como las que inventó Brunelleschi
-tal vez yo participé en el trato-
que recogerán mañanas y atardeceres de amantes demoníacos
los que hicieron del amor rutina hirviente de actos.
Arduas premoniciones asaltan como saetas las viejas heridas del tiempo
son aquellas que forjaron un quehacer hoy ya inválido.
Se disuelven los pétreos cimientos de las edades doradas
en las que fuimos felices.
Sólo barcos oscuros se ofrecen ya en los puertos decadentes
apagando las alegrías obsoletas de nuestra antigua ingenuidad.
Reflexionemos.
Las libélulas diseñan sobre los plácidos sargazos
las gráficas de las nuevas ecuaciones
inspiradoras de las palabras de amor o nocturnos filtros para pasiones eternas.
“Sargassum siliquastrum” se propone como modelo fractálico
sustituyendo las decadentes redes neuronales.
Pero yo…
He de refugiarme en los abruptos roquedales de los que procede mi estirpe
desde allí los desiertos son suntuosos jardines
apenas esbozados sobre horizontes confusos
las agarenas doncellas llegarán con sus cántaros de oro
y me traerán con sus canciones ambrosías y pergaminos antiguos.
Qué fácil es alcanzar la felicidad…
Ilust.: Sargassum siliquastrum
Con esos pequeños destellos de instantes para describir la grafia
de una necesidad degastada por los recuerdos. pueden ser
formas o esbozos pero en la clavidencia esta esa corola que asume
la felicidadez como una tregua de tallos -imagen- , excelente.
saudos de luzyabsenta
Hoy he salido a buscar ese campo de color sepia
que encontré junto a tu retrato.
Se que tiene piedras que son sueños
habitadas por las ruinas de antiguos palacios
y hasta nubes, en el mejor de los casos,
de los inciensos y aromas de las fiestas que en ellos gozamos.
También -de todo habrá-
encontré los restos de insectos devorados por el tiempo
como lo han sido mis recuerdos de la infancia que pasé
junto a tus árboles frutales.
Seda y paños de satén tejen tus manos marchitas
oh diosa del hogar, mi pequeño y cerúleo bibelot de porcelana
irisado en las noches de vigilia por las luces de resplandores llegados
desde las candelas votivas del cementerio inmediato.
He visto el campo pero ya no es de color sepia
ese antiguo color de los restos que se resisten a morir.
Era el sepia, pues, tan sólo el color de tu retrato.
Siguen las piedras veloces en su devenir del tiempo
tejiendo en su seno hueco las volutas de extrañas cúpulas
como las que inventó Brunelleschi
-tal vez yo participé en el trato-
que recogerán mañanas y atardeceres de amantes demoníacos
los que hicieron del amor rutina hirviente de actos.
Arduas premoniciones asaltan como saetas las viejas heridas del tiempo
son aquellas que forjaron un quehacer hoy ya inválido.
Se disuelven los pétreos cimientos de las edades doradas
en las que fuimos felices.
Sólo barcos oscuros se ofrecen ya en los puertos decadentes
apagando las alegrías obsoletas de nuestra antigua ingenuidad.
Reflexionemos.
Las libélulas diseñan sobre los plácidos sargazos
las gráficas de las nuevas ecuaciones
inspiradoras de las palabras de amor o nocturnos filtros para pasiones eternas.
“Sargassum siliquastrum” se propone como modelo fractálico
sustituyendo las decadentes redes neuronales.
Pero yo…
He de refugiarme en los abruptos roquedales de los que procede mi estirpe
desde allí los desiertos son suntuosos jardines
apenas esbozados sobre horizontes confusos
las agarenas doncellas llegarán con sus cántaros de oro
y me traerán con sus canciones ambrosías y pergaminos antiguos.
Qué fácil es alcanzar la felicidad…
Ilust.: Sargassum siliquastrum
Tratar de inmiscuirse en esos senderos de la memoria del escritor es mirar tras un cristal empañado, pero siempre se ve algo que nos pone frente a frente.
Me gusto pasar por acá Pessoa , mi cordial saludo te dejo.
Poeta veterano en el portal
Hoy he salido a buscar ese campo de color sepia
que encontré junto a tu retrato.
Se que tiene piedras que son sueños
habitadas por las ruinas de antiguos palacios
y hasta nubes, en el mejor de los casos,
de los inciensos y aromas de las fiestas que en ellos gozamos.
También -de todo habrá-
encontré los restos de insectos devorados por el tiempo
como lo han sido mis recuerdos de la infancia que pasé
junto a tus árboles frutales.
Seda y paños de satén tejen tus manos marchitas
oh diosa del hogar, mi pequeño y cerúleo bibelot de porcelana
irisado en las noches de vigilia por las luces de resplandores llegados
desde las candelas votivas del cementerio inmediato.
He visto el campo pero ya no es de color sepia
ese antiguo color de los restos que se resisten a morir.
Era el sepia, pues, tan sólo el color de tu retrato.
Siguen las piedras veloces en su devenir del tiempo
tejiendo en su seno hueco las volutas de extrañas cúpulas
como las que inventó Brunelleschi
-tal vez yo participé en el trato-
que recogerán mañanas y atardeceres de amantes demoníacos
los que hicieron del amor rutina hirviente de actos.
Arduas premoniciones asaltan como saetas las viejas heridas del tiempo
son aquellas que forjaron un quehacer hoy ya inválido.
Se disuelven los pétreos cimientos de las edades doradas
en las que fuimos felices.
Sólo barcos oscuros se ofrecen ya en los puertos decadentes
apagando las alegrías obsoletas de nuestra antigua ingenuidad.
Reflexionemos.
Las libélulas diseñan sobre los plácidos sargazos
las gráficas de las nuevas ecuaciones
inspiradoras de las palabras de amor o nocturnos filtros para pasiones eternas.
“Sargassum siliquastrum” se propone como modelo fractálico
sustituyendo las decadentes redes neuronales.
Pero yo…
He de refugiarme en los abruptos roquedales de los que procede mi estirpe
desde allí los desiertos son suntuosos jardines
apenas esbozados sobre horizontes confusos
las agarenas doncellas llegarán con sus cántaros de oro
y me traerán con sus canciones ambrosías y pergaminos antiguos.
Qué fácil es alcanzar la felicidad…
Ilust.: Sargassum siliquastrum
Es un placer detenerse en tu espacio poético, querido amigo Miguel.. a pesar de esos desgarros, de esa cosa lúgubre que asalta nuestras honduras pesimistas, tu escribir es fluido y brillante, admiro tanta cultura, y el impecable estilo. Un abrazo, amigo, que tengas muy buenos días, es un honor.
Poeta que no puede vivir sin el portal
Instantes que traspasan las fotografías del tiempo y desnudan inocentes suspiros, reclamos de luz y silencio...
Un gusto leerte querido amigo...te abrazo con todo mi cariño...
Nancy
Hechicera de palabras
Invitado
Hoy he salido a buscar ese campo de color sepia
que encontré junto a tu retrato.
Se que tiene piedras que son sueños
habitadas por las ruinas de antiguos palacios
y hasta nubes, en el mejor de los casos,
de los inciensos y aromas de las fiestas que en ellos gozamos.
También -de todo habrá-
encontré los restos de insectos devorados por el tiempo
como lo han sido mis recuerdos de la infancia que pasé
junto a tus árboles frutales.
Seda y paños de satén tejen tus manos marchitas
oh diosa del hogar, mi pequeño y cerúleo bibelot de porcelana
irisado en las noches de vigilia por las luces de resplandores llegados
desde las candelas votivas del cementerio inmediato.
He visto el campo pero ya no es de color sepia
ese antiguo color de los restos que se resisten a morir.
Era el sepia, pues, tan sólo el color de tu retrato.
Siguen las piedras veloces en su devenir del tiempo
tejiendo en su seno hueco las volutas de extrañas cúpulas
como las que inventó Brunelleschi
-tal vez yo participé en el trato-
que recogerán mañanas y atardeceres de amantes demoníacos
los que hicieron del amor rutina hirviente de actos.
Arduas premoniciones asaltan como saetas las viejas heridas del tiempo
son aquellas que forjaron un quehacer hoy ya inválido.
Se disuelven los pétreos cimientos de las edades doradas
en las que fuimos felices.
Sólo barcos oscuros se ofrecen ya en los puertos decadentes
apagando las alegrías obsoletas de nuestra antigua ingenuidad.
Reflexionemos.
Las libélulas diseñan sobre los plácidos sargazos
las gráficas de las nuevas ecuaciones
inspiradoras de las palabras de amor o nocturnos filtros para pasiones eternas.
“Sargassum siliquastrum” se propone como modelo fractálico
sustituyendo las decadentes redes neuronales.
Pero yo…
He de refugiarme en los abruptos roquedales de los que procede mi estirpe
desde allí los desiertos son suntuosos jardines
apenas esbozados sobre horizontes confusos
las agarenas doncellas llegarán con sus cántaros de oro
y me traerán con sus canciones ambrosías y pergaminos antiguos.
Qué fácil es alcanzar la felicidad…
Ilust.: Sargassum siliquastrum
Maravilloso.
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