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¡Qué fácil es alcanzar la felicidad...!

Pessoa

Moderador Foros Surrealistas.o
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Hoy he salido a buscar ese campo de color sepia

que encontré junto a tu retrato.

Se que tiene piedras que son sueños

habitadas por las ruinas de antiguos palacios

y hasta nubes, en el mejor de los casos,

de los inciensos y aromas de las fiestas que en ellos gozamos.



También -de todo habrá-

encontré los restos de insectos devorados por el tiempo

como lo han sido mis recuerdos de la infancia que pasé

junto a tus árboles frutales.



Seda y paños de satén tejen tus manos marchitas

oh diosa del hogar, mi pequeño y cerúleo bibelot de porcelana

irisado en las noches de vigilia por las luces de resplandores llegados

desde las candelas votivas del cementerio inmediato.



He visto el campo pero ya no es de color sepia

ese antiguo color de los restos que se resisten a morir.

Era el sepia, pues, tan sólo el color de tu retrato.



Siguen las piedras veloces en su devenir del tiempo

tejiendo en su seno hueco las volutas de extrañas cúpulas

como las que inventó Brunelleschi

-tal vez yo participé en el trato-

que recogerán mañanas y atardeceres de amantes demoníacos

los que hicieron del amor rutina hirviente de actos.



Arduas premoniciones asaltan como saetas las viejas heridas del tiempo

son aquellas que forjaron un quehacer hoy ya inválido.

Se disuelven los pétreos cimientos de las edades doradas

en las que fuimos felices.

Sólo barcos oscuros se ofrecen ya en los puertos decadentes

apagando las alegrías obsoletas de nuestra antigua ingenuidad.



Reflexionemos.



Las libélulas diseñan sobre los plácidos sargazos

las gráficas de las nuevas ecuaciones

inspiradoras de las palabras de amor o nocturnos filtros para pasiones eternas.

“Sargassum siliquastrum” se propone como modelo fractálico

sustituyendo las decadentes redes neuronales.



Pero yo…



He de refugiarme en los abruptos roquedales de los que procede mi estirpe

desde allí los desiertos son suntuosos jardines

apenas esbozados sobre horizontes confusos

las agarenas doncellas llegarán con sus cántaros de oro

y me traerán con sus canciones ambrosías y pergaminos antiguos.



Qué fácil es alcanzar la felicidad…



lyoremok.jpg


Ilust.: Sargassum siliquastrum
 
Última edición:
Hoy he salido a buscar ese campo de color sepia

que encontré junto a tu retrato.

Se que tiene piedras que son sueños

habitadas por las ruinas de antiguos palacios

y hasta nubes, en el mejor de los casos,

de los inciensos y aromas de las fiestas que en ellos gozamos.



También -de todo habrá-

encontré los restos de insectos devorados por el tiempo

como lo han sido mis recuerdos de la infancia que pasé

junto a tus árboles frutales.



Seda y paños de satén tejen tus manos marchitas

oh diosa del hogar, mi pequeño y cerúleo bibelot de porcelana

irisado en las noches de vigilia por las luces de resplandores llegados

desde las candelas votivas del cementerio inmediato.



He visto el campo pero ya no es de color sepia

ese antiguo color de los restos que se resisten a morir.

Era el sepia, pues, tan sólo el color de tu retrato.



Siguen las piedras veloces en su devenir del tiempo

tejiendo en su seno hueco las volutas de extrañas cúpulas

como las que inventó Brunelleschi

-tal vez yo participé en el trato-

que recogerán mañanas y atardeceres de amantes demoníacos

los que hicieron del amor rutina hirviente de actos.



Arduas premoniciones asaltan como saetas las viejas heridas del tiempo

son aquellas que forjaron un quehacer hoy ya inválido.

Se disuelven los pétreos cimientos de las edades doradas

en las que fuimos felices.

Sólo barcos oscuros se ofrecen ya en los puertos decadentes

apagando las alegrías obsoletas de nuestra antigua ingenuidad.



Reflexionemos.



Las libélulas diseñan sobre los plácidos sargazos

las gráficas de las nuevas ecuaciones

inspiradoras de las palabras de amor o nocturnos filtros para pasiones eternas.

“Sargassum siliquastrum” se propone como modelo fractálico

sustituyendo las decadentes redes neuronales.



Pero yo…



He de refugiarme en los abruptos roquedales de los que procede mi estirpe

desde allí los desiertos son suntuosos jardines

apenas esbozados sobre horizontes confusos

las agarenas doncellas llegarán con sus cántaros de oro

y me traerán con sus canciones ambrosías y pergaminos antiguos.



Qué fácil es alcanzar la felicidad…



lyoremok.jpg


Ilust.: Sargassum siliquastrum
Con esos pequeños destellos de instantes para describir la grafia
de una necesidad degastada por los recuerdos. pueden ser
formas o esbozos pero en la clavidencia esta esa corola que asume
la felicidadez como una tregua de tallos -imagen- , excelente.
saudos de luzyabsenta
 
Hoy he salido a buscar ese campo de color sepia

que encontré junto a tu retrato.

Se que tiene piedras que son sueños

habitadas por las ruinas de antiguos palacios

y hasta nubes, en el mejor de los casos,

de los inciensos y aromas de las fiestas que en ellos gozamos.



También -de todo habrá-

encontré los restos de insectos devorados por el tiempo

como lo han sido mis recuerdos de la infancia que pasé

junto a tus árboles frutales.



Seda y paños de satén tejen tus manos marchitas

oh diosa del hogar, mi pequeño y cerúleo bibelot de porcelana

irisado en las noches de vigilia por las luces de resplandores llegados

desde las candelas votivas del cementerio inmediato.



He visto el campo pero ya no es de color sepia

ese antiguo color de los restos que se resisten a morir.

Era el sepia, pues, tan sólo el color de tu retrato.



Siguen las piedras veloces en su devenir del tiempo

tejiendo en su seno hueco las volutas de extrañas cúpulas

como las que inventó Brunelleschi

-tal vez yo participé en el trato-

que recogerán mañanas y atardeceres de amantes demoníacos

los que hicieron del amor rutina hirviente de actos.



Arduas premoniciones asaltan como saetas las viejas heridas del tiempo

son aquellas que forjaron un quehacer hoy ya inválido.

Se disuelven los pétreos cimientos de las edades doradas

en las que fuimos felices.

Sólo barcos oscuros se ofrecen ya en los puertos decadentes

apagando las alegrías obsoletas de nuestra antigua ingenuidad.



Reflexionemos.



Las libélulas diseñan sobre los plácidos sargazos

las gráficas de las nuevas ecuaciones

inspiradoras de las palabras de amor o nocturnos filtros para pasiones eternas.

“Sargassum siliquastrum” se propone como modelo fractálico

sustituyendo las decadentes redes neuronales.



Pero yo…



He de refugiarme en los abruptos roquedales de los que procede mi estirpe

desde allí los desiertos son suntuosos jardines

apenas esbozados sobre horizontes confusos

las agarenas doncellas llegarán con sus cántaros de oro

y me traerán con sus canciones ambrosías y pergaminos antiguos.



Qué fácil es alcanzar la felicidad…



lyoremok.jpg


Ilust.: Sargassum siliquastrum


Tratar de inmiscuirse en esos senderos de la memoria del escritor es mirar tras un cristal empañado, pero siempre se ve algo que nos pone frente a frente.
Me gusto pasar por acá
Pessoa, mi cordial saludo te dejo.
 
Hoy he salido a buscar ese campo de color sepia

que encontré junto a tu retrato.

Se que tiene piedras que son sueños

habitadas por las ruinas de antiguos palacios

y hasta nubes, en el mejor de los casos,

de los inciensos y aromas de las fiestas que en ellos gozamos.



También -de todo habrá-

encontré los restos de insectos devorados por el tiempo

como lo han sido mis recuerdos de la infancia que pasé

junto a tus árboles frutales.



Seda y paños de satén tejen tus manos marchitas

oh diosa del hogar, mi pequeño y cerúleo bibelot de porcelana

irisado en las noches de vigilia por las luces de resplandores llegados

desde las candelas votivas del cementerio inmediato.



He visto el campo pero ya no es de color sepia

ese antiguo color de los restos que se resisten a morir.

Era el sepia, pues, tan sólo el color de tu retrato.



Siguen las piedras veloces en su devenir del tiempo

tejiendo en su seno hueco las volutas de extrañas cúpulas

como las que inventó Brunelleschi

-tal vez yo participé en el trato-

que recogerán mañanas y atardeceres de amantes demoníacos

los que hicieron del amor rutina hirviente de actos.



Arduas premoniciones asaltan como saetas las viejas heridas del tiempo

son aquellas que forjaron un quehacer hoy ya inválido.

Se disuelven los pétreos cimientos de las edades doradas

en las que fuimos felices.

Sólo barcos oscuros se ofrecen ya en los puertos decadentes

apagando las alegrías obsoletas de nuestra antigua ingenuidad.



Reflexionemos.



Las libélulas diseñan sobre los plácidos sargazos

las gráficas de las nuevas ecuaciones

inspiradoras de las palabras de amor o nocturnos filtros para pasiones eternas.

“Sargassum siliquastrum” se propone como modelo fractálico

sustituyendo las decadentes redes neuronales.



Pero yo…



He de refugiarme en los abruptos roquedales de los que procede mi estirpe

desde allí los desiertos son suntuosos jardines

apenas esbozados sobre horizontes confusos

las agarenas doncellas llegarán con sus cántaros de oro

y me traerán con sus canciones ambrosías y pergaminos antiguos.



Qué fácil es alcanzar la felicidad…



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Ilust.: Sargassum siliquastrum

Es un placer detenerse en tu espacio poético, querido amigo Miguel.. a pesar de esos desgarros, de esa cosa lúgubre que asalta nuestras honduras pesimistas, tu escribir es fluido y brillante, admiro tanta cultura, y el impecable estilo. Un abrazo, amigo, que tengas muy buenos días, es un honor.
 
Hoy he salido a buscar ese campo de color sepia

que encontré junto a tu retrato.

Se que tiene piedras que son sueños

habitadas por las ruinas de antiguos palacios

y hasta nubes, en el mejor de los casos,

de los inciensos y aromas de las fiestas que en ellos gozamos.



También -de todo habrá-

encontré los restos de insectos devorados por el tiempo

como lo han sido mis recuerdos de la infancia que pasé

junto a tus árboles frutales.



Seda y paños de satén tejen tus manos marchitas

oh diosa del hogar, mi pequeño y cerúleo bibelot de porcelana

irisado en las noches de vigilia por las luces de resplandores llegados

desde las candelas votivas del cementerio inmediato.



He visto el campo pero ya no es de color sepia

ese antiguo color de los restos que se resisten a morir.

Era el sepia, pues, tan sólo el color de tu retrato.



Siguen las piedras veloces en su devenir del tiempo

tejiendo en su seno hueco las volutas de extrañas cúpulas

como las que inventó Brunelleschi

-tal vez yo participé en el trato-

que recogerán mañanas y atardeceres de amantes demoníacos

los que hicieron del amor rutina hirviente de actos.



Arduas premoniciones asaltan como saetas las viejas heridas del tiempo

son aquellas que forjaron un quehacer hoy ya inválido.

Se disuelven los pétreos cimientos de las edades doradas

en las que fuimos felices.

Sólo barcos oscuros se ofrecen ya en los puertos decadentes

apagando las alegrías obsoletas de nuestra antigua ingenuidad.



Reflexionemos.



Las libélulas diseñan sobre los plácidos sargazos

las gráficas de las nuevas ecuaciones

inspiradoras de las palabras de amor o nocturnos filtros para pasiones eternas.

“Sargassum siliquastrum” se propone como modelo fractálico

sustituyendo las decadentes redes neuronales.



Pero yo…



He de refugiarme en los abruptos roquedales de los que procede mi estirpe

desde allí los desiertos son suntuosos jardines

apenas esbozados sobre horizontes confusos

las agarenas doncellas llegarán con sus cántaros de oro

y me traerán con sus canciones ambrosías y pergaminos antiguos.



Qué fácil es alcanzar la felicidad…



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Ilust.: Sargassum siliquastrum


Maravilloso.
 

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