Si supieras, amigo, que mis pasos
terminan donde empieza tu morada,
que mi alma presiente atribulada
cada espina sangrante en tus ocasos.
Si supieras, amigo, cuan escasos
son los momentos tristes en tu amada
compañía, y el como, emocionada,
me olvido, en tu mirada, de fracasos.
Si supieras, amigo, que te quiero
más allá de la vida y de la muerte,
sabrías al instante que me esmero
por ser vela y candil, tu lumbre y suerte.
Si supieras..., sabrías que te añoro,
que ansío tu versar, y que te adoro.
Plas, plas, plas, plas, mis aplausos. Un sonetazo de altura lírica, perfecto en su forma, metro, ritmos, y rima, de 10.
Desarrollo excelente, con armonioso hilo conductor y con un cierre de antología, soberbio.
El verbo empleado, el adecuado, ajustado, preciso, y precioso, evocando esos luminosos sentimientos en plenitud; una maravilla.
Me uno a ese homenaje que tributas al entrañable Salva, pues es merecedor del mismo y de mucho más.
Dado el carácter del soneto no se presta a ninguna observación, pues ésta, se podría malinterpretar, no obstante, con tu permiso y conel de Salva, voy a dejar una sugerencia que, insisto, no es necesaria, pues tal como está el soneto de principio a fin es de ANTOLOGÍA, pero la dejo, con humildad y pidiendo vuestra indulgencia por el atrevimiento:
""que ansío tu versar, y que te adoro"".
El ""y que te adoro"" está sobradamente implícito en todos los versos anteriores, ya está manifestado con otras palabras a lo largo del todo el soneto, y puesto que Salva posee un versar magnífico, tanto en la palabra empleada al conversar, al exponer, etc etc, como al poetizar, al componer poemas, yo haría mención a esa virtud y cualidad de Salva dejando ese último verso así:
""que ansío tu versar de grana y oro"".
Es una opinión, una sugerencia, un sentimiento, que espero sea acogido con la misma bondad con la que lo expongo.
Besos, preciosa florecilla de las vegas granadinas y sublime poetisa, besos en alas de los vientos. Y para Salva, un inmenso abrazo preñado de cariño.