Alonso Vicent
Poeta veterano en el portal
Es la noche fiel oyente
pero no quiero asustarla
con mi buena o mala suerte.
Me desierta la mañana
y sigo siendo el reflejo
de luz, de sombra y mirada.
El cielo siempre a lo lejos
y entre la arena y las piedras
la amenaza de lo incierto.
Estar o ser no es ausencia;
encontrarse o no encontrarse,
ahí radica el dilema.
La ausencia es desubicarse,
ni hacer ni dejar pasar,
perder de vista la tarde.
Entre la sierra y el mar
a solas sigo soñando
con puertos donde atracar.
Marinero de secano,
pescador de bravas sierras,
sigo a flote caminando.
Caminando las pedreras,
navegando con/sin rumbo,
por inercia a toda vela.
Me acompañan los murmullos,
la presencia de lo ausente,
mi mundo más otros mundos.
La conciencia es confidente
de la soledad y escucha
los reproches entre dientes.
La soledad no me asusta,
siempre estuve un poco solo,
mas soledades las justas.
pero no quiero asustarla
con mi buena o mala suerte.
Me desierta la mañana
y sigo siendo el reflejo
de luz, de sombra y mirada.
El cielo siempre a lo lejos
y entre la arena y las piedras
la amenaza de lo incierto.
Estar o ser no es ausencia;
encontrarse o no encontrarse,
ahí radica el dilema.
La ausencia es desubicarse,
ni hacer ni dejar pasar,
perder de vista la tarde.
Entre la sierra y el mar
a solas sigo soñando
con puertos donde atracar.
Marinero de secano,
pescador de bravas sierras,
sigo a flote caminando.
Caminando las pedreras,
navegando con/sin rumbo,
por inercia a toda vela.
Me acompañan los murmullos,
la presencia de lo ausente,
mi mundo más otros mundos.
La conciencia es confidente
de la soledad y escucha
los reproches entre dientes.
La soledad no me asusta,
siempre estuve un poco solo,
mas soledades las justas.