No sé qué hora será, perdí el señuelo.
Otra cena de empresa con engorro,
y lo único que queda es el socorro
de saber que en las letras me consuelo.
Pasé la juventud, ¿seré un abuelo?
Ya no me agobio; cuando no ando corro
como buen perro viejo, como zorro,
conscientemente, sin armar revuelo.
La gente baila en unas pistas llenas:
tropieza, se disculpa, se respira,
se ahoga, flota (nada) dulcemente.
Y a mí me dio por aparcar las penas,
por sacar un papel, poner la mira
y escribir un soneto diferente.