Y aquel hombre comenzó
a subir colina arriba
llevando un palo por báculo
y una pequeña mochila.
No le acompañó la suerte
a lo largo de su vida
y cuando la tuvo, el sino
le arrebató su alegría.
Cuenta la historia que el hombre
de una amigable sonrisa,
con el tronco ya curtido
por manos encallecidas
y de tez cortada al viento,
entró en ira sin medida
cuando a las pocas semanas
de nacer, cuando tenía
por fin la suerte a su lado,
una afección amarilla
quiso llevarse por siempre
a lo que él más quería.
Con el dolor en su rostro
y sin apenas saliva,
desafiaba al eterno
poniendo la otra mejilla.
Se marchó si dejar rastro,
ni media palabra escrita
dejando sus ilusiones
reducidas a cenizas.
Y aquel hombre comenzó
a subir colina arriba
llevando un palo por báculo
y una pequeña mochila,
sin mirar atrás y sin
lágrimas en sus pupilas
quien fue visto años más tarde
por una voz conocida.
El tiempo sigue contando
que el hombre de la colina,
cayó en profunda locura
cuando dijo ver un día
junto a la luna, los rostros
que en tiempo fueron su vida.
y desde entonces escribe
versos que al cielo recita,
versos de amor y dulzura
con destellantes retinas.
"El cielo luce gallardo
con mi mujer y mi niña.
En el ocaso rosado,
la luna le canta al día."
*
Cuando la tarde se acuesta
y duerme la golondrina,
cuando el silencio pasea
por la clareada cima,
dicen que se oye versar
al loco de la colina.
Luis