El ego, el ego y tú, brutal espejo,
el yo de torso firme y corpulento;
saltando bajo el agua en movimiento,
vas tú que sin ser yo, sí mi reflejo.
El ego y tú, mi tú, mi yo perplejo,
roca que escala al yo del pensamiento,
mástil de piel que encumbra al yo sediento,
con tu vaivén llamándome al cortejo.
De la suma de carne cuando creces,
del cómputo en centímetros del caño
se eleva en gran columna lo que ofreces,
y bajo el agua espídica del baño
mi cuerpo que en placer pierde energías
al menos una vez todos los días.
el yo de torso firme y corpulento;
saltando bajo el agua en movimiento,
vas tú que sin ser yo, sí mi reflejo.
El ego y tú, mi tú, mi yo perplejo,
roca que escala al yo del pensamiento,
mástil de piel que encumbra al yo sediento,
con tu vaivén llamándome al cortejo.
De la suma de carne cuando creces,
del cómputo en centímetros del caño
se eleva en gran columna lo que ofreces,
y bajo el agua espídica del baño
mi cuerpo que en placer pierde energías
al menos una vez todos los días.
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