A veces suelo volar
como una gaviota
sobre el mar
perdida
entre sargazos rompiendo
al viento y su rugido feroz.
Todas las veces
en que en tí posé mis alas
y no las tocaste,
te perdono
la ligereza del sentir.
Te perdono
la delgadez de tu sonrisa
de terciopelo
al amanecer,
entre sábanas
grabadas a fuego.
A veces
vuelvo a volar sobre tu
pecho para que me mires
y el cielo al fín se abra
de una vez
y se entregue
como un beso robado
como una delicada
amapola sobre el campo
y te imprima en la boca el deseo.
Pero existe esa manía
en mí de robarle
un surco a tu frente
y besarla
como se besan
las frentes de los niños,
dulcemente acariciarte
y luego retomar
mi vuelo grávido, contigo
o sin ti.
Agosto/ 2019
como una gaviota
sobre el mar
perdida
entre sargazos rompiendo
al viento y su rugido feroz.
Todas las veces
en que en tí posé mis alas
y no las tocaste,
te perdono
la ligereza del sentir.
Te perdono
la delgadez de tu sonrisa
de terciopelo
al amanecer,
entre sábanas
grabadas a fuego.
A veces
vuelvo a volar sobre tu
pecho para que me mires
y el cielo al fín se abra
de una vez
y se entregue
como un beso robado
como una delicada
amapola sobre el campo
y te imprima en la boca el deseo.
Pero existe esa manía
en mí de robarle
un surco a tu frente
y besarla
como se besan
las frentes de los niños,
dulcemente acariciarte
y luego retomar
mi vuelo grávido, contigo
o sin ti.
Agosto/ 2019
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