Canto del trópico

marquelo

Negrito villero
Ahora que todo el aire bajo a tierra
queda esa resaca etérea dónde tú y yo nos refugiamos en ese trance elemental de las llegadas.
Ahora te veo en toda la extensión del cristalino río, veo el afán movedizo de tus hebras dispuestas como puentes ceremoniales
veo más allá de esa luz incandescente que todo lo ciega menos al pálpito de hierba de tus ojos.
Yo sólo coloreo con mi hombría
un cerco de sombra que te atrapa
como a los rugidos salvajes
de las cautivas mitológicas
y luego canto himnos a tu cuerpo domado
a la caída lenta de la seda de tu carne.
Ahí nos movemos, lentisimos
como dos astros hacia un eclipse
como ese tiritar desnudo que tienen las piedrecillas cuando una ola invade su orilla
y nos dejamos caer en los sexos
nos arropamos en ese calor que exuda el oro
sólo la vida nos comprende porque en ella trajinamos encadenados
como dos labios frenéticos dispuestos a morderle a la muerte
su hora infinita...








 
Última edición:
Ahora que todo el aire bajo a tierra
queda esa resaca etérea dónde tú y yo nos refugiamos en ese trance elemental de las llegadas.
Ahora te veo en toda la extensión del cristalino río, veo el afán movedizo de tus hebras dispuestas como puentes ceremoniales
veo más allá de esa luz incandescente que todo lo ciega menos al pálpito de hierba de tus ojos.
Yo sólo coloreo con mi hombría
un cerco de sombra que te atrapa
como a los rugidos salvajes
de las cautivas mitológicas
y luego canto himnos a tu cuerpo domado
a la caída lenta de la seda de tu carne.
Ahí nos movemos, lentisimos
como dos astros hacia un eclipse
como ese tiritar desnudo que tienen las piedrecillas cuando una ola invade su orilla
y nos dejamos caer en los sexos
nos arropamos en ese calor que exuda el oro
sólo la vida nos comprende porque en ella trajinamos encadenados
como dos labios frenéticos dispuestos a morderle a la muerte
su hora infinita...









Wowww que belleza de poema,
mi amigo Marquelo, un gusto
apreciar tu pluma.

Besitos dulces
Siby
 
Ahora que todo el aire bajo a tierra
queda esa resaca etérea dónde tú y yo nos refugiamos en ese trance elemental de las llegadas.
Ahora te veo en toda la extensión del cristalino río, veo el afán movedizo de tus hebras dispuestas como puentes ceremoniales
veo más allá de esa luz incandescente que todo lo ciega menos al pálpito de hierba de tus ojos.
Yo sólo coloreo con mi hombría
un cerco de sombra que te atrapa
como a los rugidos salvajes
de las cautivas mitológicas
y luego canto himnos a tu cuerpo domado
a la caída lenta de la seda de tu carne.
Ahí nos movemos, lentisimos
como dos astros hacia un eclipse
como ese tiritar desnudo que tienen las piedrecillas cuando una ola invade su orilla
y nos dejamos caer en los sexos
nos arropamos en ese calor que exuda el oro
sólo la vida nos comprende porque en ella trajinamos encadenados
como dos labios frenéticos dispuestos a morderle a la muerte
su hora infinita...
Intenso trabajo, un acontecimiento intenso. Interesante estilo, gracias por compartirla. Saludos. Drümz.
 

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