El final de las palabras

Antonio del Olmo

Poeta que considera el portal su segunda casa
EL FINAL DE LAS PALABRAS


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Las abejas volaron presurosas hacia su cobijo antes de que empezase a caer la última lluvia de la primavera. Tenían sus colmenas bajo los gruesos arcos del único edificio de Madrid que quedaba en pie: la Puerta de Alcalá.

La ciudad se destruyó, igual que todas las construcciones humanas, durante la última guerra mundial. Solo sobrevivieron en la Tierra las plantas y los insectos: los herederos de la vida. Ni siquiera existe el nombre de la ciudad, ni ninguna palabra.

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Pasarán muchísimos años –millones– antes de que otra especie, siguiendo el curso imparable de la evolución, pronuncie las primeras palabras.







 

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Última edición:
LOS HEREDEROS DE LA TIERRA


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Las abejas volaron presurosas hacia su cobijo antes de que empezase a caer la última lluvia de la primavera. Tenían sus colmenas bajo los gruesos arcos del único edificio de Madrid que quedaba en pie: la Puerta de Alcalá.

La ciudad se destruyó, igual que todas las construcciones humanas, durante la última guerra mundial. Solo sobrevivieron en la Tierra las plantas y los insectos: los herederos de la vida. Ni siquiera existe el nombre de la ciudad ni ninguna palabra.



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Pasarán muchísimos años –millones– antes de que otra especie, siguiendo el curso imparable de la evolución, pronuncie las primeras palabras.






Un escenario así es cada vez más probable. Saludos cordiales, Antonio.
 
Me gusta, como relato post-apocalíptico funciona en tanto usas como objeto de descripción la vida, en vez de la muerte, una suerte de oda ecologista. Descripción a tope, ausencia de trama, un escenario acaso profético.
 
Me gusta, como relato post-apocalíptico funciona en tanto usas como objeto de descripción la vida, en vez de la muerte, una suerte de oda ecologista. Descripción a tope, ausencia de trama, un escenario acaso profético.
Espero que el escenario no sea profético. Ja ja ja... Todavía estamos a tiempo de rectificar. De todos modos, la vida no se detiene. La naturaleza es indestructible. He querido dar un mensaje de esperanza en el peor de los casos.

Salud, ventura y esperanza.
 
EL FINAL DE LAS PALABRAS


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Las abejas volaron presurosas hacia su cobijo antes de que empezase a caer la última lluvia de la primavera. Tenían sus colmenas bajo los gruesos arcos del único edificio de Madrid que quedaba en pie: la Puerta de Alcalá.

La ciudad se destruyó, igual que todas las construcciones humanas, durante la última guerra mundial. Solo sobrevivieron en la Tierra las plantas y los insectos: los herederos de la vida. Ni siquiera existe el nombre de la ciudad, ni ninguna palabra.


Pasarán muchísimos años –millones– antes de que otra especie, siguiendo el curso imparable de la evolución, pronuncie las primeras palabras.







Así sea; puesto que no sabemos convivir con las otras especies, que venga lo irremediable. La naturaleza sabe muy bien cómo sobrevivir. Nosotros sobramos.

Algo sobre el tema escribí una vez (no recuerdo por donde anda), pero sí que recuerdo que ponía como sobrevivientes a las ratas y las curianas.

Excelente micro, Antonio. Un abrazo de otro superviviente... de momento.
 
Así sea; puesto que no sabemos convivir con las otras especies, que venga lo irremediable. La naturaleza sabe muy bien cómo sobrevivir. Nosotros sobramos.

Algo sobre el tema escribí una vez (no recuerdo por donde anda), pero sí que recuerdo que ponía como sobrevivientes a las ratas y las curianas.

Excelente micro, Antonio. Un abrazo de otro superviviente... de momento.

Espero que reaccionaremos antes de llegar a la catástrofe que describo. De todos modos, la naturaleza seguirá evolucionando siempre, aunque nos sustituya otra especie más inteligente.

Las ratas también tienen muchas posibilidades de sobrevivir, igual que los insectos, puesto que resisten en los ambientes más tóxicos, como las alcantarillas. Ja ja ja...

Salud, ventura y esperanza.
 
EL FINAL DE LAS PALABRAS


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Las abejas volaron presurosas hacia su cobijo antes de que empezase a caer la última lluvia de la primavera. Tenían sus colmenas bajo los gruesos arcos del único edificio de Madrid que quedaba en pie: la Puerta de Alcalá.

La ciudad se destruyó, igual que todas las construcciones humanas, durante la última guerra mundial. Solo sobrevivieron en la Tierra las plantas y los insectos: los herederos de la vida. Ni siquiera existe el nombre de la ciudad, ni ninguna palabra.


Pasarán muchísimos años –millones– antes de que otra especie, siguiendo el curso imparable de la evolución, pronuncie las primeras palabras.







Un elogio a la vida aunque de manera constante la destruyamos. me gusto mucho
saludos de luzyabsenta
 
Antonio encontrarme de nuevo releyendo esta microprosa y sentir asi esos elementos
que son ciertos en la realidad depredadorada del hombre. agradecido por la respuesta.
saludos de luzyabsenta
Gracias por sacar del olvido este sencillo microrrelato. Espero que rectifiquemos antes de llegar a esta situación. Todavía estamos a tiempo.

Salud y ventura.
 

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